Josefina Vázquez Mota y el mostacho de Michelle Bachelet.

Josefina Vázquez Mota, la de las encuestas Picot – por aquello de las chispeantes burbujas que lanzan para enredar al respetable en fantasías -, nos acaba de decir que Bachelet, la ex presidenta de Chile, le comentó en corto algo. El comentario, a decir de la Josefina, fue el siguiente: "Si eres la candidata de tu partido a la presidencia…Nunca caigas en la tentación de ponerte bigote para gobernar, gobierna como una mujer.”

Si esto fue cierto, ¿por qué la Bachelet le aconsejó esto a la Josefina? Y lo que es más: ¿qué sentido tienen estas palabras? ¿Tiene usted idea? Voy a tratar de responder estas preguntas. 

Antes que nada, quiero decirle que no puedo ocultar que ayer por la noche me fui a la cama absolutamente desconcertado con estas declaraciones de Josefina. No estoy ironizando, créame. Eso fue cierto. Y mi odisea de perplejidades fue resultado de lo siguiente.
A primera vista las respuestas parecen obvias. Sé que algunos lectores, si no es que todos, pensarán lo mismo. Le confieso que yo también me fui por esa ruta en el primer arranque de pensamientos. Pero luego me di cuenta de que las respuestas más intuitivas tienen consecuencias ruinosas para Josefina en su supuesta condición de política. Y me resultaba muy difícil dar crédito a ese camino toda vez que no puedo creer que una mujer que pretende ser presidenta de México pueda hablar de manera tal que las consecuencias de sus palabras sean catastróficas para ella desde el punto de vista de la razón. Fue así como, después de insistentes rascadas de nuca, pasé a examinar el terreno de lo menos evidente. Sin embargo, este nuevo camino me pareció más ruinoso todavía para Josefina, y fue así como, tratando de hacerle un favor a esta mujer, una concesión, regresé al principio y me quedé en la ruta de lo obvio, el camino menos desastroso  para Josefina. Pero déjeme explicarle todo esto, empezando desde las aristas más borrascosas para la razón, para concluir con las respuestas que nos pueden resultar más claras, las de sentido común.        
Bien, si empezamos por lo menos obvio, tendremos que pensar que la Bachelet tal vez pretendió lanzar una fea indirecta a Josefina; una indirecta que echó raíces en las famosas palabras de Tiziano Ferro respecto a que las mexicanas son feas y bigotonas. ¿Es esto posible? 
La verdad, no me cabe en la cabeza, ni con certificado de verosímil, la idea de que la ex presidenta de Chile haya utilizado un lenguaje de doble sentido para decirle a Josefina que es fea y bigotona . Y me resisto a creer esto por varios motivos. De entrada, no creo que la ex presidenta de Chile tenga un sentido del humor tan picaresco y ruin. Y digo esto pese a que la Bachelet es política y, por ello, no está inmune a las mordacidades tan propias del lenguaje de este oficio. Luego, aunque Josefina no entra en la categoría de lo que yo llamo mujer bonita de acuerdo a mi sentido del buen gusto, tampoco encuentro que sea fea al grado de la burla. Y finalmente, y a saber, Josefina no tiene mostacho. Y esta última es la razón más poderosa. 
¡Y por Dios!...¡Podría jurar a que Bachelet tiene razón!...Simplemente es ridículo el imaginar que una mujer pretenda gobernar usando mostacho, por más postizo que éste sea. Y de esa ridiculez me di cuenta mientras trataba de encontrarle sentido a todo esto. En efecto, mientras pensaba en este asunto, jamás pude dispar de mi mente las persistentes imágenes de Josefina con variados estilos de bigote. Los estilos iban y venían pisándose los talones, uno tras otro: mosquetero, revolucionario, Dalí, pencil, Sparrow, húngaro, imperial, inglés, natural, Mario Bros, walrus, Guillermo II, Suvorov, brocha, americano, capitán Hook, Asterix, Stalin, Groucho, Chaplin, Hulk Hogan, Fu Manchu, Genghis Khan, Poirot y hasta Frank Zappa. 
Y vuelvo a decir que lo anterior no es ironía. Forzoso es que todo mexicano que supo de estas declaraciones haya tenido inmediatamente un jocoso reflejo mental en el mismo sentido: el rostro de Josefina con mostacho. Y no puede ser de otra manera, se trata de un reflejo normal porque así trabaja el entendimiento con la imaginación cada vez que trata de objetivar sus conceptos. De ahí que se nos dificulte tremendamente aquella tarea de concebir con claridad conceptos completamente abstractos que no tienen contrapartida en el mundo concreto. Y bueno, vaya, eso de imaginar a Josefina con mostacho no es nada complicado para la mente.
Pero lo importante es lo que pensamos y no tanto cómo lo pensamos. Y ya descartada la broma de mal gusto de parte de la Bachelet, la ruta menos obvia, pasemos ahora a la senda más obvia. Ya verá el lector que las palabras de Josefina tienen implicaciones desastrosas y mucho más allá de lo que ella misma puede suponer. 
Cuando nos dice que piensa gobernar como mujer, sin atreverse a usar bigotes, nos está diciendo que la mujer, para ser eficaz en la política, debe gobernar fundada en su natural de mujer y no tratando de actuar como un hombre. A primera vista esta declaración parece una absurdidad completa toda vez que, en el fondo, es imposible que una mujer sea hombre. Pero lo importante es que estas palabras implican necesariamente la existencia de un principio primero en el orden del razonamiento de Josefina; un principio que postula como verdad la existencia de diferencias esenciales entre hombre y mujer. En otras palabras, las palabras de Josefina nos indican que, en su estructura de creencias, sí existen diferencias esenciales entre hombre y mujer. Pero además, como Josefina dice esto públicamente a favor de sí misma, dada su condición de mujer, debemos pensar que las diferencias esenciales que postula Josefina están a favor de la mujer y en contra del hombre.
No hay escape. Para Josefina hay diferencias esenciales entre hombre y mujer. Y si Josefina negara lo anterior, si nos dijera que no cree que existan diferencias esenciales entre hombre y mujer, entonces tendríamos que concluir una de dos cosas. Primera, que Josefina cantinflea, que habla desparpajadamente, sin ton ni son. O segunda, que su discurso sobre las mujeres en política y la negación de los mostachos carece de contenido alguno y es un lenguaje retórico y falaz dirigido a capturar a las mujeres electoras a través de sentimentalismos sexistas sin fundamento alguno. 
Ahora bien, un problema que enfrentamos es que Josefina no nos aclara cuáles son las diferencias esenciales entre hombre y mujer en las que cree. Y podría parecer que no es fácil resolver este vacío de datos porque son variadas las diferencias entre hombre y mujer según el ámbito que abordemos. Sin embargo, hay una manera de resolver esto. Se resuelve delimitando el terreno en el que estamos: la política.
Y ya ubicados en el terreno de la política, pregúntese ahora el lector qué es lo que necesita una persona para aplicarse en la política de manera eficaz y justa en bien de su pueblo. 
¿Necesita senos y nalgas de mujer? ¿Pene y testículos? ¿Acaso vagina? ¿Necesita saber cocinar y amamantar críos? ¿Necesita ser lampiña o tener abundante mostacho? ¿Necesita llevar faldas de mujer o pantalón de varón?...
Evitemos más preguntas tontas y digamos la verdad; digamos que una persona solamente necesita de una cosa para ejercer la política con eficacia y con sentido de justicia: una voluntad regida por la razón y por los sentimientos humanistas.
¿Y hay diferencias esenciales entre hombre y mujer en lo que atañe a razón y sentimientos? 
La misma razón indica, sin objeción, que no hay diferencias esenciales entre hombre y mujer en esos ámbitos. Así que, mientras no se demuestre lo contrario, debemos asumir que los dos, hombre y mujer, y al menos en potencia, participan exactamente de las mismas cualidades de razón y sentimientos. 
Usted, como Josefina, bien puede postular que sí existen diferencias esenciales entre hombre y mujer en esos dos terrenos. Sin embargo, su posición siempre estará circunscrita al terreno de los prejuicios porque nunca podrá demostrar nada a su favor. Y ya en el terreno de los prejuicios, usted tendrá que definirse por dos rutas que llevan a consecuencias absurdas y nefastas por igual: la dictadura bestial del macho –una realidad de hecho - o la dictadura bestial de la mujer – el Edén de las feministas irracionales -.   
En otros artículos en este diario he hablado de cómo es que la historia de la humanidad es una historia de machos. Se trata de una historia definida por el primado de un patriarcado universal que construye culturas que, sustentadas en prejuicios idiotas, postulan la existencia de diferencias esenciales entre hombre y mujer sin poder demostrar nada objetivo a este respecto. Y se trata de un juego de prejuicios cuyo resultado ha sido siempre desfavorable a la mujer, donde se ha condenado a ésta a la condición de inferioridad con respecto al hombre tanto en el terreno de la razón como en el de los sentimientos.
He dicho también en esos apuntes que nada más natural y justo que, en los tiempos modernos, hayan surgido los movimientos feministas como reacción a esa milenaria y bestial dictadura del hombre sobre la mujer. Pero el espíritu racional de ese feminismo está en aquellas personas que abogan por la emancipación de la mujer a través del derrumbe de los prejuicios machistas para alcanzar por fin la igualdad de sexos a la que obliga una verdad de razón y de hecho: entre mujer y hombre no hay diferencias esenciales en lo que toca a razón y sentimientos. 
Así, cualquier persona que sobrepase los límites de la razón en el ámbito del feminismo para pretender revertir la historia y postular la existencia de diferencias esenciales entre el hombre y la mujer, y a favor de ésta, la segunda, para de ahí intentar justificar los sueños del matriarcado o de una dictadura de la mujer sobre el hombre, es tan irracional como el peor de los machistas.
Ahora bien, para llevar a nuestra sociedad machista a la reforma cultural de amplio espectro que permita por fin el reconocimiento pleno de la personalidad moral de la mujer en la conciencia de los varones, no a través de leyes positivas que obliguen externamente, solamente se necesita ser un político racional y de sentimientos humanistas. Y para este efecto es indiferente si la persona en cuestión tiene pene o vagina, si usa tacones altos o pantalones de varón, si es gay o heterosexual, si porta bigotes o no. Es más, para efectos de esta odisea educativa digna de titanes, carece de importancia si la encargada es mujer y decide implantarse un mostacho amplio y abundante o una barba hasta las rodillas.
Ahora bien, pese a que el feminismo de Josefina es irracional, como ya ha quedado demostrado, preguntémonos algo muy importante: ¿tiene méritos esta mujer como para que se pueda creer en su discurso feminista sin caer en la insensatez? 
No abundaré mucho en esto y solamente citaré un dato que ya he tratado en otros apuntes donde he abordado el asunto de la bestialidad combinada de neoliberalismo y machismo: 
Entre los más de cincuenta millones de pobres en este país que son producto del neoliberalismo, hay millones de mujeres talentosas que han sido hundidas en la miseria más vergonzosa y bestial por el simple pecado de ser mujer. Pecado cuyo castigo se concreta en la triste condición de existir como un ser inferior al hombre. Si los sempiternos valores de nuestra sociedad machista ya habían condenado al infierno de la inferioridad a la mujer mexicana, el criminal neoliberalismo prianista vino a darle el golpe de gracia toda vez que la categoriza como un “objeto” con mayores costos de administración que la vuelven menos rentable en el proceso de expoliación del recurso humano.  
Pero resulta que Josefina, en su deficitaria y corta carrera burocrática, ha servido consciente y deliberadamente a ese sistema opresor contra las mujeres. ¿Alguien ha visto a esta burócrata de lujo romper su cheque de pago quincenal y sus nutridos bonos en público y denunciar a ese infierno de injusticias prianista contra la mujer? Y si Josefina quiere que hoy se le crea en ese su discurso feminista absurdo e irracional, y pese a su gris pasado, ¿qué espera para renunciar a sus privilegios y denunciar ferozmente a ese sistema opresor prianista contra las mujeres?
¡Y la protesta es hoy, no mañana! Porque precisamente en este mismo instante hay millones de mujeres mutiladas en su personalidad moral y en sus derechos básicos de ser humano por ese sistema prianista opresor…
¡Es hoy, Josefina, no mañana! Porque en este instante hay millones de madres que lloran con sangre el dolor del hijo bajo el martillo prianista del hambre…
¡Es hoy, candidata, no mañana! Porque en este momento hay muchas mujeres que, empujadas por la necesidad, prostituyen su vida espiritual bajo el imperio de los deseos obscenos de machos viles que nunca debieron ver la luz del día…
¡Es hoy, Josefina, no mañana!...
Pero ¿sabe algo? De nada sirve gritar porque sabemos que Josefina es hija legítima, predilecta y bien amada, de ese sistema opresor, y que a él se debe en sus aspiraciones y posibilidades. Ella sabe que, de ganar, su destino inevitable es gobernar con el mostacho redoblado y rutilante de don Porfirio Díaz.
La razón nos indica que una mujer que usa de los eslóganes del feminismo para afirmar de manera velada diferencias esenciales entre sexos, y a favor de la mujer, diferencias que manan de prejuicios o intereses de coyuntura, es una persona que miente para reforzar su condición natural de mujer, que solamente está comerciando con los dolores acumulados en el hermoso y cristalino corazón de muchas mujeres. Una persona así, es alguien que comercia palabras bellas al oído de las mujeres a cambio de votos; un negocio muy redituable electoralmente en las sociedades machistas como la nuestra.
Como puede ver, las palabras de Josefina no aguantan ni el más mínimo análisis. Entre lo obvio y lo menos evidente, en cualquiera de los dos casos, las palabras de Josefina solamente le reportan a ella misma desastre, ruina. Y así, y pese a su asesor, Toño Burbujas, Josefina sigue sin pasar la prueba de la verdadera política. Como dijimos en el anterior apunte: No pasa ni de panzazo.   
¡Pero qué tremenda pobreza intelectual y espiritual existe en los candidatos del PRI y el PAN a la presidencia de la república!...¿Cómo imaginan estas gentes que pueden gobernar a los demás fundados en la más completa y lastimosa ignorancia?...¿Qué los mueve a pretender semejante insensatez?
¡Dios proteja a nuestro país en la senda de oscuridad que está por atravesar de nueva cuenta!

Buen día.

Comentarios