Josefina Vázquez Mota y el feminismo ruinoso.

En su día, quiero dedicar una expresión bellísima a las mujeres: “El alma de la mujer es la obra maestra de la creación.”
Creo que no necesito decirle que la máxima citada no es mía, es de Confucio. Harto conocida, de sobra.
¿Y qué piensa usted de esta máxima? ¿Le parece exagerada? ¿Cree usted que es una simple zalema para ellas?
En lo personal, no me gusta la zalema. Prefiero la verdad por sobre todas las cosas, por más cruel y dolorosa que ésta sea. Así que, si cité eso, es porque creo que tiene mucho sentido. Y fíjese por qué digo esto.


La más ligera revisión a la historia de la humanidad le llevará inevitablemente a la conclusión de que el reformador político más exitoso de todos los tiempos es Confucio. En efecto, este hombre, con su filosofía moral, en cuyo vasto cuerpo se incluye la máxima citada, determinó el destino del mundo del lejano oriente desde los primeros tiempos. Y lo hizo muy bien, a grado tal que su pensamiento sigue vigente como fundamento cultural de China y Japón. Política y sociedad se siguen rigiendo ahí bajo la influencia de las máximas de Confucio. 
Creo que solamente con citar a estos dos países ya le di razones suficientes para creer de una buena vez que Confucio era un sabio entre los sabios, y eficaz, además. Donde Confucio ponía los ojos de su pensamiento, la verdad afloraba suave y dócil para entregarse en su significación real a las palabras y las letras de este sabio universal. Así que, aunque yo acuda a la falacia de la autoridad por un momento, puedo decirle que no se debe echar en saco roto la máxima con la que abrí este apunte. Le aseguro que, si nos atenemos a la brillante hoja de servicios del autor, encontraremos que existe una alta probabilidad de que sea una verdad completa; tan completa como que dos más dos son cuatro.
Grande economía de discurso la de los grandes sabios de la historia porque ellos son hijos predilectos del dios Prestigio y de la diosa Veracidad; prestigio público que luego da veracidad a los ojos de los demás, del pueblo y de los gobernantes en turno. Y es gracias a esa ascendencia divina que ellos, los grandes sabios, se pueden dar el lujo de economizar su discurso para decir grandes verdades en breves palabras, como es el caso de la máxima confuciana citada. Sin embargo, a los simples mortales nos ha sido reservada la tarea de ir por la larga ruta del discurso demostrativo o persuasivo cuando significamos cosas; una ruta que, a veces, puede ser tortuosa, sinuosa, borrascosa.
En algunos de mis apuntes en este diario he abordado las cuestiones de la mujer y el feminismo. Haciendo referencia a esos apuntes, y de manera sintética, puedo decir que nuestro machismo global, universal, que lleva al brutal desconocimiento de la personalidad moral de la mujer, nos ha reportado grandes costos económicos y sociales toda vez que, por lo menos, se ha tirado por la borda el potencial de la mitad de la especie humana. En política, se trata de un sacrificio irracional en términos de cantidad, no de calidad, ya que hemos demostrado también que los valores humanos primordiales para el ejercicio de este oficio se dan por igual en hombre y mujer, al menos en potencia.
A veces he llegado a creer –con reservas, claro - que las mujeres pueden aportar un extra especialísimo en la política tal como se ha venido practicando, y cuya divisa principal es la violencia. Y esta creencia está fundada en la experiencia de nuestras sociedades machistas donde la mujer ha solido verse como un eje de gravedad conciliador en el ámbito de los asuntos familiares. Pareciera que la mujer tiene un algo especial que la mueve a poner en acto con más efectividad al corazón a la hora de abordar los problemas humanos. Y tal vez me esté dejando llevar por las apariencias porque esto puede ser resultado de conductas adquiridas en virtud de los roles sociales especializados que han sido impuestos a la mujer desde tiempos inmemoriales. Aclaro de nuevo que en este párrafo he hablado solamente de creencias. Pero de ser cierta esta creencia, es claro que los costos que ha reportado nuestro machismo son infinitamente superiores a los que permiten suponer las condiciones de igualdad de espíritu entre hombre y mujer.
Bien, pero como usted ya debe saber, lo que dice Confucio en su máxima no es una ley universal. Esa máxima es parte de un gran cuerpo de filosofía moral donde las cosas humanas son tratadas como tendencias que no hacen ley general, que no son válidas para todos los casos y todos los tiempos. En otras palabras, la frase de Confucio no implica que el alma de cada mujer viva sea la obra maestra de la creación. Cierto que para este sabio cada mujer posee en potencia las cualidades que, bien trabajadas, le permiten cosechar, ahora sí, un espíritu que puede aspirar a ser una obra maestra de la creación. Y en este último caso estamos en el misma situación de aquella legendaria declaración de Aristóteles en torno a que el hombre es un ser racional. Cierto que el hombre es un ser racional porque posee la cualidad de la razón, pero no siempre y no en todos los casos la razón se pone en acto.
Llevando a palabras más llanas lo antes dicho, debemos decir que Confucio admitía implícitamente que hay muchas mujeres que, lejos de ser una obra maestra de la virtud, eran unas verdaderas hijas del caos y la malicia. Y lo cierto es que la experiencia corriente del día a día nos indica que no son raros los casos que podrían ajustar a la perfección en este cuadro desolador de extravío espiritual.
Creo que uno de los grandes ejemplos coetáneos de la gran distancia que puede existir entre una mujer concreta y la máxima de Confucio no lo ha dado Hillary Clinton al cierre del dramático episodio de Libia. Imagino que el lector recordará las palabras que esta mujer espetó al público norteamericano - y la forma en que lo hizo, sobre todo - cuando una reportera de la CBS News le preguntó su opinión sobre la vergonzosa ejecución de Gaddafi. Hillary, para mi sorpresa, se carcajeó y dijo: “We came. We saw. He died.” Le doy enlace al video por si no presenció esta noticia.


Sin palabras. 

Confieso que, cuando vi esta declaración en su momento oportuno, me invadió un completo sentimiento de repugnancia por el estado actual de cosas que han dado lugar a este tipo de manifestaciones desquiciantes. Se trata de un acto manifiesto e inexcusable que declara toda ausencia de sentimientos de humanidad; algo muy propio del verdugo cuyas abundantes citas con el cadalso le han inyectado el corazón con los venenos de la indiferencia y el cruel humor negro frente a la muerte. Pero es, ante todo, la más burda confesión de una voluntad política plegada al sueño por el despotismo de los viejos emperadores romanos, y que se complace sin ambages, además, en poner en vías de hechos la máxima con que éstos sellaban sus deliberaciones y actos brutales desde tiempos de Julio César: “Veni. Vidi. Vici”.
Y para valorar lo anterior en su justa dimensión tome en cuenta que ya es claro hasta para el más zafio que la resolución de la ONU y sus banderas falsas de libertad y democracia eran solamente el pretexto que encubría la verdaderas razones de la invasión de EUA y sus vasallos europeos a Libia: petróleo y dólar bajo amenaza. Esto lo muestra de manera clara la oposición de China, Rusia, India y otros países, a otra nueva resolución de la ONU contra Siria, y donde el argumento central de estos países ha sido abierta y explícitamente su renuencia a que se aplique el engañoso libreto Libia en Siria. Digo, debe aceptarse esto a menos que usted sea tan ingenuo como para tragarse el cuento de que, de pronto, y por un golpe de magia, todos los habitantes de China, Rusia e India, entre otros países – que cifran la mitad de la población planetaria -, se han vuelto bestias inmisericordes e insensibles ante un drama sirio que, por lo demás, tiene ostensibles matices prefabricados en occidente.
¿Todavía cree usted la promesa de Biden respecto a que no tratarán de intervenir en el proceso electoral mexicano en ciernes?...¡Por favor, hombre!...No sé usted, pero a mí no me queda duda de que lo han de intentar;  de que lo logren depende del espíritu de los mexicanos. Y créame que en ello se juega el futuro del petróleo en México, como en Libia, y con ello el futuro de todos nosotros. El amo está en crisis económica y energética…y está hambriento…y está tirando de varapalos con el báculo.
Bueno, el caso es que nos queda claro que Hillary Clinton no aguantaría ni un día en la escuela de Confucio. No porque le falten ganas a ella, sino porque el sabio la remitiría a otro lado a recibir educación. Tal vez, creo, a la corte de los señores de la guerra.
Aunque Josefina Vázquez Mota no tiene propiamente un programa explicito de corte feminista, si que se colma de usar de un discurso que pretende exaltar supuestas cualidades mágicas y exclusivas de la mujer que supuestamente le dan mayor eficacia en el ejercicio de la política. Y esto es una suerte de feminismo, se quiera o no. Pero por supuesto que nos queda claro que este discurso tiene una enorme carga irracional, toda vez que busca el favor de las mujeres a través de sentimientos sexistas. Ya hemos explicado en otro artículo cómo es que este discurso está colmado de creencias indemostrables; creencias que convierten a su discurso en un feminismo ruinoso, fundado en prejuicios. 
Y resulta que una mujer que usa de un feminismo ruinoso para darse a la práctica utilitarista vulgar de la política no puede estar ni a mediana distancia de la máxima de Confucio, porque estamos hablando de una persona que observa a las mujeres como medios, no como fines en sí mismos. Y siendo así, debe concluirse que Josefina, al igual que Hillary, sería un verdadero dolor de cabeza para el sabio Confucio. Ni idea tengo de a qué lugar mandaría el sabio moralista a Josefina a recibir educación en virtud de que, en el ámbito de las tareas del Estado – política, guerra, administración -, no encuentro en esta mujer cualidad destacable que deba ser cultivada con la esperanza de, algún día, obtener una cosecha, por magra que sea ésta. Sin embargo, sé que algunas cualidades deberá tener Josefina, aunque no en el campo de las tareas del Estado. No sé, tal vez en la venta, en la mercadotecnia…Qué se yo.
Pero lo peor ha venido cuando se supo que Josefina admira y tiene en la más alta estima a la gestión económica del régimen fascista del Carnicero del Sur, del Klaus Barbie chileno: Augusto Pinochet. Un hombre que podría hacer ver como niño de pecho al más enérgico y audaz de los señores de la guerra del viejo imperio chino que haya sido educado por Confucio o Mencio. Le puedo asegurar que si el sabio moralista se enterara de este ángulo lúgubre en los dogmas políticos de Josefina, no solamente no la aceptaría en su escuela, sino que llamaría a cuentas a sus tutores políticos para reprenderles con severidad por tan hondos y lastimosos daños en el sistema de creencias y principios ideológicos de la postulante.
Créame que en la moral y en la política de Confucio no encuentran cabida alguna las justificaciones – y menos de utilitarismo vulgar - a la represión y a la muerte, por más beneficios económicos y sociales que estas acciones puedan reportar a un país. La de Confucio es una filosofía moral íntegra, con espíritu humanista, no un cálculo de negocios.  
Antes de cerrar haga un ejercicio mental. Imagine que Obama gana en las elecciones de este año. Imagine que Hillary sigue ahí. Imagine ahora que el oráculo de Biden, según interpretación de Josefina, se hace realidad, y ésta gana las elecciones en México. Tome en cuenta que EUA está en una crisis energética y económica colosal que lo apremia a devorar todo cuanto se atraviese a su paso con tal de no fallecer. Considere ahora la actuación sumisa de Josefina ante Biden. Traiga a cuentas la disposición de Josefina para privatizar PEMEX. Y recuerde, finalmente, la muy alta estima de Josefina por el estilo de gestión económica de Augusto Pinochet… ¿Ya tiene idea de lo que puede suceder en México con Josefina en la presidencia?
Le aseguro que no media diferencia alguna en los resultados de este ejercicio mental si usted pone a Peña Nieto en el lugar de Josefina. En lo esencial, la única diferencia entre estos dos es que Josefina ha tomado el turno en eso de exhibir su verdadera naturaleza con una simpleza lamentable. Y no se preocupen los panistas, que ya pronto le dará un respiro Peña Nieto en esta competencia de absurdos en que se han enfrascado ambos.
Pero recuerde algo muy importante: AMLO fue quien subrayó ante Biden la necesidad de que EUA mantenga sus manos lejos de la soberanía de nuestro país.  
A lo dicho. Hay mujeres que no solo no encuadran en la máxima de Confucio, sino que están dispuestas a gobernar usando el bigote del Carnicero chileno, y con mucho orgullo. 

Buen día.

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