Jorge Castañeda, Kim Jong y Elba Esther Gordillo.

Este apunte cierra un ciclo de dos con el inmediatamente anterior. Le anexo enseguida enlace al mismo por si gusta leerlo; si no desea perder tiempo, presento síntesis en el siguiente párrafo. 


En ese artículo vimos cómo es que Jorge Castañeda, Jesús Silva Herzog y Guillermo Sheridan, usaban de algunos sofismas para tratar de implantar en la mente de sus lectores la falsa relación de ideas ente AMLO y Kim Jong. 

En el caso de Silva Herzog avanzamos hasta el grado de ver cómo éste entra en clarísimas contradicciones en lo que toca a sus paradigmas éticos en política: condena a Corea del Norte por ciertos problemas de bienestar humano para lanzar semillas de dudas sobre AMLO, pero sabemos que muy frecuentemente suspende la aplicación de sus paradigmas éticos cuando ha tenido que someter a juicio los mismos problemas de bienestar humano en México. Aunque no sabemos, podemos suponer que la suspensión ética de Silva Herzog en el caso de México deriva de la necesidad de no afectar la imagen del PRIAN. Sin embargo, una suspensión ética en los juicios solamente puede hacerse en casos de fuerza mayor, como sucedió a Abraham ante su dios a la hora de tener que sacrificar a su hijo.
El rey de corazones y el Sombrerero:
Mire usted que el truco sofístico usado por los tres sabios en este intento por estigmatizar artificialmente a una persona – AMLO - con la figura de un pecado o mal - Kim Jong -, lo vemos también en muchos pasajes del caótico e imaginativo mundo de “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. Entre muchos sofismas de este tipo, hay uno en el capítulo de “¿Quién se robó las tartas?”:
- Quítate tu sombrero – le ordenó el Rey de corazones al Sombrerero, el testigo en turno en el juicio.
- No es mío, majestad – dijo el Sombrerero lleno de terror.
- ¡Ah! ¡Un sombrero robado! – exclamó el rey, volviéndose hacia los miembros del jurado, que inmediatamente tomaron nota del hecho.
- Los tengo para vender, majestad – respondió el Sombrerero.
De igual forma, los tres sabios toman las condolencias del PT para Kim Jong y prestos vuelan raudos y veloces a crear sus supuestos a modo y sus malabares verbales para tratar de estigmatizar a AMLO con el fantasma de Kim. El escrito más emotivo de los tres sabios es el de Silva Herzog, ya lo dije en el artículo anterior. Pero el de Castañeda es el de mayor poder dramático, pues cierra con una pregunta tremebunda: “Para AMLO ¿Corea del Norte es el camino?”
- Solamente tengo una Corea del Norte para vender, marchante – respondió AMLO en la trama de Castañeda.
Jejejejejejejejeje…
No, claro que no. Por supuesto que los tres sabios daban por descontado que AMLO no los iba a pelar con sus sofismas. De ello da constancia clara el mismo Castañeda cuando nos dice que no espera que AMLO responda a su sesuda interrogante. Pero, y si sabían que AMLO no los iba a pelar, ¿por qué se pusieron a escribir estas cosas? 
Es claro que el objetivo era el mismo que se propuso el Rey de corazones en el juicio de las tartas en Wonderland. Si bien es cierto que la acusación de robo no procedió por estar fundada en supuestos a modo, como quiera el robo siguió asentado en el acta del jurado y pesando en la reputación del Sombrerero para quien quisiera darle crédito a dicha acta falsa.  
Este tipo de argumentos falaces son muy característicos del mundo de Alicia de Lewis Carroll y de la falsimedia: el absurdo; lo imposible; lo contradictorio; un robo que no existió, pero que sí existió; un AMLO que ni en el mundo hace a Kim Jong, pero tres sabios que nos mandan mensajes muy sugestivos en contrario. En fin, le recomiendo leer este legendario libro si desea entender a los sabios. 
¿Hay un daño sobre AMLO? Sí, creo que sí. No daño serio, pero creo que sí lo hay. Y el daño está en aquellos que se atrevan a creer en los juicios absurdos de Wonderland. Creo, por esto, que este episodio de los tres sabios y las tartas debe servir a los partidos de izquierda para cuidar con esmero sus posicionamientos porque todo elemento, por más absurdo que sea, será utilizado por los sabios y la falsimedia para dañar la reputación de AMLO, el líder social, en su lucha contra la clase política oficialista.   
Jorge Castañeda: entre el discurso de Kim Jong y la realidad. 
Lo que ha dicho Castañeda sobre Corea del Norte hasta ahora no deja lugar a dudas respecto a que su postura resuelta es que una Corea del Norte desarrollada es un sueño imposible bajo el estilo de gobierno de Kim Jong. Y creo que en esto todo mundo estaríamos perfectamente de acuerdo con él para afirmar que el gobierno de Kim Jong es un obstáculo para el futuro de Corea del Norte. En otras palabras, bajo el régimen de Kim Jong es imposible que Corea del Norte acceda a un desarrollo humano integral y pleno. 
Ahora bien, la gran mayoría de mexicanos – por no decir todos – está de acuerdo en que la educación en México está por los suelos según nivel de calidad. Castañeda también está de acuerdo en esto, lo ha declarado varias veces. Y esos mexicanos están de acuerdo en que hay una determinada cantidad de variables que conforman la ecuación que da razón de esa mala calidad educativa. Pero, además, también están en el consenso de que una de las variables más importantes en esa ecuación se llama: Elba Esther Gordillo. Así, pues, para esa gran mayoría de mexicanos Elba Esther es una barrera, un obstáculo para el desarrollo educativo de México. 
De esta forma, y con la debida proporción guardada, el gobierno de Kim Jong y Elba Esther Gordillo son obstáculos para sus respectivos países. El uno para el desarrollo integral de Corea del Norte, y la otra para el desarrollo educativo de México. 
Pero vea ahora lo que nos dice Castañeda sobre Elba Esther Gordillo en una entrevista concedida a Esquire:
- Castañeda: Ella – Elba Esther Gordillo - es el único punto de apoyo de la palanca en el que un Arquímedes educativo podría apoyarse para transformar la espantosa mediocridad de la educación en México.
- Esquire: ¿Elba Esther es uno de los factores de la mala educación en México?
- Castañeda: Es tu derecho decirlo, nada más dime cómo transformar la educación sin ella. En mi opinión, no puedes transformar nada sin el apoyo del poder fáctico. Explícame: ¿cómo transformar la educación sin los maestros, y a los maestros sin el sindicato y a éste sin Elba Esther? Ahora, ¿cómo la transformas a ella? No tengo idea, te aseguro que llevo 15 años tratando, sin éxito.
De entrada, nótese la ambivalencia de Castañeda. En este caso, en el de la educación en México, se muestra tolerante con el poder fáctico, pero en el caso de Corea del Norte se muestra intolerante con el poder fáctico. Es decir, en México es tolerable depender de poderes fácticos, pero en Corea del Norte no debe ser tolerable esto. 
¿Cómo está esto? ¿No estamos otra vez frente a los paradigmas éticos laxos de Silva Herzog? 
La rendición de Castañeda en este caso – la educación – al poder factico llega a tal grado que está dispuesto a persuadirse de un absurdo: que ese poder fáctico dé a luz en su espíritu a la idea de la importancia del saber, y a una verdadera convicción socrática en esa idea. Y esto, porque solamente así podría darse el sueño de que ese poder factico apoye una revolución educativa en México para transformarse en lo que Castañeda llama: la palanca de un Arquímedes educativo. El tamaño del absurdo es monumental. Para ver esto, el lector solamente debe hacerse la siguiente pregunta:
¿Cómo se enseñará a la niñez y a la juventud mexicanas la verdadera historia de México, política, valores y civismo, si los paradigmas éticos en ese ámbito están bajo el primado de un poder factico que se ha valido de la manipulación de esos paradigmas para existir como un poder dentro del poder del Estado? ¿Enseñarán los maestros una historia que incluya la descomposición política en México que ha dado lugar a los poderes facticos? ¿Qué enseñará ese poder factico en materia de civismo y ética?  
Estoy cierto de que si Sócrates reviviera y se le trajera a México a conocer la realidad integral de nuestro país, y luego escuchara estas declaraciones de Castañeda, el sabio moría de un infarto al instante. Sería tan fulminante la muerte del sabio, que no tendría tiempo ni para insistir en la deuda del gallo. Y es que el amor al saber y el amor al poder son simplemente como agua y aceite.
Al final, Castañeda cae en el contrasentido de creer que el desarrollo educativo de México sí es posible con la pervivencia del poder fáctico en la educación. Es más, él mismo dice que sin ese poder factico de Elba Esther no es posible el desarrollo educativo del país. Así, de un plumazo Castañeda condena al país a depender de la voluntad de una sola persona en un ámbito fundamentalísimo, como es la educación y la cultura. Y esto equivale a creer que, para hacer fluir la corriente de un río, se necesita atravesar un obstáculo al flujo del mismo. 
Y lo menos coherente en Castañeda es que se muestra tolerante con un poder fáctico – Elba Esther - que es infinitamente menor cuando comparado contra el monstruo de poder fáctico de Kim Jong. Bueno, al menos el SNTE no posee armas atómicas que tenga en vilo a sus enemigos, y ni posee un ejército de millones de combatientes armados hasta los dientes. 
Lejos de lo que piensa Castañeda, no hay personas o entidades con poderes invencibles. Ni la vieja armada del imperio colonial español fue invencible, pese a que se ufanaba de serlo; y los ingleses bien que se encargaron de demostrar eso a punta de cañonazos. 
El aparente carácter invencible de un oponente reside en las debilidades y vicios del otro oponente. Así, si en México se ha dado lugar a la creación y consolidación de poderes fácticos aparentemente invencibles que obliteran el desarrollo nacional, no es sino porque la misma clase política oficialista está imposibilitada para combatirlos por su mismo estado de corrupción, por su misma inconsecuencia ética. Ahí está el problema de fondo. 
En efecto, para que los asuntos públicos en México retomen el rumbo correcto, si alguna vez lo tuvieron, solamente se necesita de un Estado verdaderamente democrático. Un Estado donde el futuro de todos dependa del consenso de todos. Sin embargo, en las paupérrimas condiciones políticas de México, donde el Estado ha sido asaltado por una clase política oficialista que se resiste a abandonarlo, ese Estado democrático se empieza a construir poniendo la gestión del mismo en manos de políticos éticos, valientes y, sobre todo, comprometidos con el bienestar del pueblo. Y es que solamente hombres así, sin las largas colas del señor ratón que puedan mediatizarlos, callarlos o arredrarlos en el desempeño de sus tareas, pueden ser capaces de hablar a la nación con la verdad para encontrar el consenso necesario a fin de proceder a implementar las acciones correctoras de vicios y resistencias en la gestión del Estado, caiga quien caiga y hasta las últimas consecuencias.
Así las cosas, si Castañeda no ha podido convencer a Elba Esther, es porque él no tiene las razones, ni las habilidades ni la sabiduría suficientes para dicha empresa política. Es incapaz para eso. Eso está más que demostrado porque él mismo manifiesta haber pasado 15 años en esa tarea sin lograr nada en absoluto. ¡Casi tres sexenios! Sin embargo, el hecho de que él no pueda con semejante empresa, no implica que nadie más pueda lograr enderezar las cosas en México, y no solamente en el ámbito educativo, sino en todos.
Mi opinión muy personal es que AMLO es quien mejor se acerca a esas virtudes necesarias para encabezar ese abordaje al Estado para liberarlo de su condición de rehén y empezar a poner las cosas en orden en casa. El hombre ha caminado un largo trayecto en el valle de las sombras de los egoístas e injustos sin arredrarse y sin daño alguno en su integridad ética. Con ello, AMLO nos ha demostrado que no es la endeble e hipócrita Hadleyburg de Mark Twain. También nos ha demostrado que no le tiembla la mano a la hora de hablar de sus diagnósticos sobre los problemas nacionales y sus soluciones. Y lo que es más, respecto de Elba Esther Gordillo él ya se mostró muy consecuente con la razón dejando en claro que con ella no es posible una verdadera reforma educativa en México.
Ahí está la respuesta al dilema que se plantea Castañeda en el ámbito de la educación: el proyecto político de AMLO.    
Pero lo que sí no se puede aceptar es lo que dice Castañeda: que el futuro de una nación en la educación, o en cualquier ámbito de sus asuntos públicos, dependa de la voluntad unilateral de una sola persona que encabeza un poder factico. No estamos en el viejo imperio persa para tolerar estas cosas, y menos en la Corea del Norte de Kim Jong que tanto molesta a Castañeda.

Buen día.

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