Javier Sicilia y el nihilismo poético.

En un artículo anterior en este diario, titulado “Sí es posible una República amorosa. Sobre el escrito de Sicilia”, dejé claro cómo es que el poeta Sicilia usa de un concepto de Amor petrificado en lo metafísico-teológico-medieval para criticar de manera nada objetiva el proyecto de nación de AMLO, que se orienta, a mi parecer, por la ruta de una ética más empirista y moderna. Le dejo enlace al artículo por si desea leerlo.



Pero ahora he leído el más reciente escrito de Javier Sicilia titulado “Las grietas del Estado”, y me ha quedado la impresión de que el poeta ha construido un panegírico al nihilismo en política. Además, me queda claro que en su panegírico el poeta incurre en serias confusiones. Pero antes de explicarle los motivos que me hacen llegar a estas conclusiones, le comparto el enlace al apunte de Sicilia. Como sea, a continuación le ofrezco una síntesis del mismo si desea ahorrar tiempo.  


Síntesis:

La civilización está en un quiebre semejante al ocurrido en la fase de transición del imperio romano a la edad media, y donde Estado hobbesiano y la economía moderna están en crisis final de muerte o de transición. El Estado hobbesiano – como define Sicilia al pervertido Estado mexicano - arropa a una economía devastada que sólo beneficia a unos cuantos por sobre una población sufriente y explotada. 
La clase política, autora principal de la perversión del Estado, continúa creyendo que se puede seguir administrando ese estado de crisis y, por ello, va a la contienda electoral. En realidad, con esto solamente ahondará la crisis del Estado y del modelo económico que explota y que destruye la vida. La única opción para ella es sumarse a los movimientos sociales que surgen de entre las grietas de la crisis.
Esos movimientos sociales emergentes son el zapatista -el más profundo de todos, según Sicilia-, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), la Primavera Árabe, los Indignados y los Ocupas. Ellos son los que delinean el nuevo mundo que nos espera. Y ese nuevo mundo exige la necesidad de un gobierno de unidad nacional para reformular al Estado y a la economía. En breve, dicha reformulación implica ofrecer al país diversas formas de democracia que pongan un límite al poder del Estado y a una economía dirigida a la producción y el consumo infinitos.
Bien. Es claro que Sicilia considera que los movimientos sociales emergentes habrán de cumplir con la tarea del inevitable derrumbamiento del Estado hobbesiano y del modelo económico para la construcción de un nuevo mundo. Y desde esta perspectiva siciliana, partidos y políticos deben ser superados por completo en la medida en que continúan colaborando con el viejo orden.   
Es evidente que Sicilia trabaja en su escrito postulando la identidad entre el pervertido Estado mexicano de facto y el Estado al estilo de Hobbes, el Estado hobbesiano, como él lo llama, y donde concibe a este último como realización del mal, el dolor, el crimen y la injusticia. Sin embargo, esto me hace ver que Sicilia, en lo que toca al mundo político de Thomas Hobbes, o está muy confundido, o está muy desinformado.
Voy a ofrecerle una visión muy sintética de la filosofía política de Thomas Hobbes a fin de visualizar con claridad el problema de Sicilia en este apartado. Si usted ya conoce esta historia, puede saltar al siguiente apartado titulado “La deformación Siciliana del mundo político de Thomas Hobbes”

El mundo político de Thomas Hobbes:

Thomas Hobbes estaba muy influido por Galileo en su concepción del mundo. Para él, para Hobbes, el universo era un conjunto enorme de cuerpos en movimiento, y fue así que elaboró su gran filosofía como doctrina de los cuerpos y las causas y efectos de sus movimientos. Luego divide su filosofía en tres grandes campos de doctrina: la de los cuerpos naturales – o de los Corpore -, la doctrina de los cuerpos humanos – o del Homme - y la doctrina de los cuerpos sociales – o de Cive -. Y la filosofía civil de Hobbes es Ética cuando se enfoca en los elementos constituyentes de los cuerpos sociales, es decir, en los hombres, y es Política cuando se enfoca en los cuerpos sociales, en el comportamiento agregado.   
Hobbes concibe al hombre como una especie más de la clase general de los cuerpos animales. De esta forma, en la ética de Hobbes el hombre posee movimientos vitales y movimientos voluntarios. En sus movimientos voluntarios el hombre tiende a moverse hacia algo “bueno” – placer - por apetito, o bien tiende a apartarse de algo “malo” – dolor - por aversión. 
Sobre el aparato anterior, Hobbes construye luego su filosofía política descansando en una concepción del hombre muy especial: el hombre es un ser antisocial. Y el pensador asume esto porque, para él, en la naturaleza de los hombres hay una dualidad explosiva: todos los hombres tienen las mismas capacidades, pero también tienen los mismos deseos de lograr los fines que apetecen. Pero como en un mundo de cosas limitadas los hombres buscarán con frecuencia gozar de las mismas cosas, habrán de terminar convertidos en enemigos para escenificar una constante guerra de todos contra todos. Y de esta concepción del hombre es de donde viene luego la máxima famosa de Hobbes que hace referencia al hombre en su estado natural: “El hombre es un lobo para el hombre".
Según Hobbes, existen tres principales arenas para esa guerra total: la competencia – la disputa por las ganancias -, la desconfianza – la disputa por la seguridad -, y el deseo de fama – la disputa por la reputación o por el buen nombre -. Pero Hobbes estima que, permitir esta guerra universal por las ganancias, la reputación y la seguridad en un ambiente de ambición y temor mutuo, solamente ha de llevar a la imposibilidad de toda sociedad y a la destrucción de todos los hombres. Y es así que propone evitar esto construyendo una sociedad fundada en el principio de que cada hombre ceda parte de sus apetitos y sus libertades para dañar a los demás, con la sola pretensión de lograr la paz perpetua y, con ello, la autopreservación gozando al menos de libertades y placeres limitados por los derechos de los demás. 
En opinión de Hobbes, ese estado de paz se logra con tres pasos fundamentales. El primer paso es la renuncia voluntaria por parte de cada hombre. El segundo paso es el contrato, entendido éste como transferencia mutua de derechos y cuya finalidad última es el consenso general de no aniquilación mutua. El tercer paso es la transferencia de esas cesiones de derechos a un poder soberano al cual se le otorgan poderes plenos para gobernar y asegurar y garantizar el contrato social. 

La deformación Siciliana del mundo político de Thomas Hobbes:

Thomas Hobbes, como buen empirista, trabaja sobre la base de una noción muy realista del hombre, sin buscar fundamentos metafísicos. Y por más cruel que nos parezca su visión, y por mucho que nos pese, Hobbes no hace sino delinear con mucho realismo la naturaleza apetitiva y egoísta del hombre que se ha desplegado a lo largo de la historia. De esta forma, la Política de Hobbes, más que abogar por un Estado inhumano y vicioso, apunta hacia el propósito de afrontar el problema político capital para la humanidad frente a la realidad ineludible de un hombre egoísta y apetitivo: la obliteración de toda vía a la guerra civil por medio del Estado y sus leyes para hacer posible una sociedad en paz perpetua. 
Con todo, Sicilia identifica erróneamente al pervertido Estado mexicano con un Estado hobbesiano, cuando lo cierto es que nuestro Estado está completamente apartado de ese ideal. Si el lector repasa mentalmente lo que apuntamos antes en torno a este pensador, se dará cuenta que nuestra sociedad estaría en condiciones óptimas de bienestar y de justicia si tuviéramos un Estado cercano al ideal político de Hobbes. 
Creo que queda demostrado que Sicilia incurre en una paradoja increíble toda vez que anuncia el derrumbamiento de un Estado mexicano pervertido que él cree es hobbesiano – creencia errónea – y la edificación de un nuevo Estado que, en realidad, y aunque Sicilia lo ignora, es realmente hobbesiano.

El nihilismo y el autoritarismo de Sicilia:

El nihilismo es una inclinación del entendimiento y la voluntad a la negación completa de todo y a la devastadora aniquilación de todo lo establecido. Esta disposición tiene básicamente dos aspectos: el teorético y el práctico. 
En su aspecto teorético, el nihilismo es la exacerbación del viejo escepticismo griego; es decir, es la negación de toda posibilidad al conocimiento. En su ámbito práctico, el nihilismo es eminentemente moral e implica una postura que pretende la desvalorización de todos los valores vigentes. En su extremo, el nihilismo viene a ser el pináculo del pesimismo total hasta convertirse en una actitud de negacionismo y de destrucción total de todo lo establecido. Y cuando esto es llevado al plano teológico, el nihilismo adquiere tintes de escatología aniquilacionista.
El Mefistófeles del Fausto de Goethe nos ha regalado el ejemplo más elaborado del nihilismo total en la literatura universal, desde Teognis:
 “Soy el espíritu que siempre niega – dice Mefis -. Y ello con razón, pues todo lo que nace no vale más que para perecer. Por eso sería mejor que nada surgiera”. 
Bien, pues creo que Javier Sicilia se nos muestra como un Mefistófeles a medio camino por aquello de su notorio pesimismo en lo que toca a la política y a la economía en México. Y digo que Sicilia es un nihilista a medio camino porque no deja de ofrecer alternativas, aunque se tratan de alternativas difusas y muy abstractas que casi equivalen a nada, como veremos más abajo
De entrada, en un acto supremo de pesimismo, Sicilia declara inoperante a toda la clase política nacional en las tareas de derrumbar el Estado actual y construir, en su lugar, un nuevo Estado de corte zapatista-oriental-ocupador-indignado. Y Sicilia funda su opinión en el hecho de que esta clase política está pervertida en la medida en que está sumada al error de administrar a un Estado que él, erróneamente, llama “hobbesiano”. 
Pero además de ese tremendo pesimismo, Sicilia ejecuta un acto supremo de autoritarismo en la medida que declara inoperante a toda la clase política por decreto de su voluntad soberana y pasando por alto muchos episodios de la realidad política nacional que, pese a su deseo, hablan de solidez ética en los hechos – AMLO –. 
Déjeme le digo algo más sobre Thomas Hobbes para clarificar una contradicción más en Sicilia en todo este punto.
Cierto que Thomas Hobbes aprovechó el asunto de la necesidad de un poder soberano para deslizar sus inclinaciones ideológicas con aires platónicos y afirmar que solamente la monarquía absoluta puede garantizar la viabilidad del contrato social. Y para fundamentar su posición, Hobbes argumenta diciendo que la asamblea democrática, en tanto es arena para la disputa de apetitos individuales, perturba la paz en lugar de garantizarla. Sin embargo, debe aclararse que el poder soberano del que habla Hobbes no tiene conexión alguna con nociones de poderes arbitrarios o fundados en fuerzas supraterrenales. Para Hobbes, el conductor del Estado, el líder, el gobernante máximo, no lo es en virtud de una gracia divina o por la fuerza bruta. El dirigente y gestor del Estado lo es porque goza de una legitimidad por la cual se le han transferido los derechos cedidos por cada uno de los hombres del pueblo. Y la función esencial de ese gobernante es, pues, no imponer su voluntad unilateral, sino simple y llanamente la de fungir como personificación ejecutiva del derecho natural de los hombres a su autopreservación, y hacer valer los términos estipulados en el consenso general para ese efecto. Usted puede adaptar fácilmente la visión de Hobbes a la política moderna.
Y vistas las cosas así, como dice Thomas Hobbes, es claro que los actos de autoritarismo, tanto en gobernados como en gobernantes, cierran el camino a la posibilidad de un Estado con paz perpetua. Así que mal se ve Sicilia proclamando a favor de un Estado democrático – Hobbesiano, aunque no lo vea Sicilia - pero actuando con autoritarismo para desplegar su pesimismo abrumador y su descalificación a todos los integrantes de la clase política.  
Es mi opinión, además, que en las descalificaciones pesimistas de Sicilia se respira también el palpitar de eso que Hobbes llama la lucha por el prestigio en el liderazgo social. ¿Y puede un político construir un Estado con paz perpetua cuando él mismo no puede abandonar la competencia por el prestigio? 

El difuso proyecto de nación de Sicilia:

Creo que el proyecto político de Sicilia es muy difuso y abstracto. Lo único que sabemos de él es que se pretende derrumbar todo el orden establecido sin ofrecer nada concreto a cambio más allá de lo que proclaman los movimientos sociales a que él hace referencia. Pero resulta que esos movimientos son confusos, vacíos o hasta contradictorios con lo que proclama Sicilia.
De entrada, Indignados y Ocupas representan una reacción pesimista y crítica hacia el neoliberalismo y que aboga por una vuelta al Estado de bienestar. En suma, se trata de los desheredados del actual sistema económico y cuya pretensión de mejora en sus condiciones de bienestar nada tienen que ver con un cambio de paradigma económico hacia la ruta de la sustentabilidad. Y lo más importante a resaltar en lo que toca a estos movimientos es el hecho de que sus demandas ya están contempladas con mucha anticipación en el proyecto de nación de AMLO, que busca también una restitución del Estado de bienestar. Así que no me explico por qué Sicilia asume este punto como una novedad en sus discursos.
Cierto que la “Primavera árabe” tuvo en sus inicios algunos aires de lances populares espontáneos. Sin embargo, todo análisis realista en este tema debiera considerar con seriedad que ese fenómeno terminó por adquirir los tintes de una operación deliberada de desestabilización del imperio occidental sobre el medio oriente, con disfraz de “movimientos populares espontáneos”, y con centro operacional en París por urgencias electorales del monarca absoluto. Desde luego que se trata ya de una “Primavera árabe” artificial aplicada selectivamente y de acuerdo a intereses geoestratégicos del imperio. El ejemplo más logrado de este artificio fue el libreto Libia; libreto que se quiere aplicar en Irán y Siria, pero no en las monarquías petroleras y despóticas del Golfo Pérsico. 
Así que, desde la anterior perspectiva, más valdría guardar cautela en eso de invocar a la “Primavera árabe” como ejemplo a seguir en México. Harto riesgoso es despertar ideas en el imperio sobre la posibilidad de inventarse una “Primavera mexicana” encabezada por líderes de nylon ambiciosos – que los hay muchos - comandando ejércitos libertadores de mercenarios. No queremos en México una Siria entre el fuego cruzado de dos ejes ambiciosos de poder mundial. 
¿Y Marcos y su movimiento zapatista? – y aclaro que me refiero a ese movimiento político específico y no al mundo indígena -. Bueno, de ellos solamente se sabe que viven felices en su Nirvana político desde hace muchos años. Pareciera que, para ellos, lo mejor es permanecer en ese universo místico particular. Pero además de que su categoría ética está en duda en eso de aportar para la construcción de un Estado con paz perpetua puesto que han apelado por principio a la violencia, creo que sus alcances positivos están circunscritos al mundo indígena de la sierra de Chiapas, que no es el mundo indígena completo, ni el México integral.  
Vamos, para acabar pronto, en las proclamas de Sicilia por un nuevo mundo ni siquiera se respira algún esbozo estructurado de utopía revolucionaria al estilo de Platón, Tomás Moro o Tomás Campanella, y que pueda servir de modelo inspiracional con alguna viabilidad práctica. Ahí, en las proclamas de Sicilia, solo hay pesimismo a ultranza, escatología aniquilacionista, y el sueño por el retorno a una época dorada que no ha sido identificada y que solo se intuye a golpes de puras corazonadas poéticas.   

La economía de Sicilia:

En materia de economía Sicilia llama al abandono de los valores vigentes por unos nuevos; valores nuevos que, por cierto, no identifica con precisión. En otras palabras, llama a grandes rasgos a cesar en el consumismo y en la producción apuntada a la maximización de ganancias, para construir en su lugar un sistema económico sustentable. 
Debo decir que, en esta parte, estoy completamente de acuerdo con Sicilia. Pero lo estoy solamente por sentimientos y por ideales. Pero esto no implica que yo vea esta opción de cambio como algo viable en nuestras circunstancias actuales.  
Cierto que Sicilia habla con verdad en este capítulo. Nuestra ciencia económica y nuestras prácticas económicas son absolutamente irracionales y derrochadoras porque se fundan en un paradigma contradictorio de crecimiento ilimitado en un entorno de recursos limitados. Pero debemos decir a Sicilia que este asunto no es fácil de cambiar por decreto y revolución política porque es un problema del hombre en general, presente desde los primeros tiempos, y que permanecerá con todo y el supuesto quiebre civilizatorio que él profetiza. Y aquí, pese a los mejores deseos de Sicilia, volvemos a Hobbes.
En efecto, mantenemos ese paradigma económico contradictorio porque es reflejo de nuestra naturaleza como cuerpos animales. Estamos inclinados a satisfacer nuestros apetitos sin medida y de ahí nuestro ideal por el crecimiento infinito. En el fondo, el hombre ha demostrado que, en el plano económico, se comporta igual que las termitas: consume su entorno y lo arrasa sin remedio. Y contra eso no hay defensa mientras el hombre no cambie sus inclinaciones naturales.
Muchos sabios en la historia ya han pretendido advertir al hombre sobre las consecuencias fatales que se esconden tras este juego económico demente y suicida. Lo hizo Malthus, luego el club de Roma. Y sin embrago, la realidad desoladora es que al hombre común estas cosas no le interesan a grado tal que, hasta el momento, en una fase de agotamiento generalizado de recursos, no se muestra dispuesto a abandonar sus apetitos. Y la señal más concreta en torno a esta situación desoladora la tiene Sicilia en los países BRICS, el modelo actual a seguir por el resto del mundo: crecimiento acelerado, ilimitado y hasta las últimas consecuencias cueste lo que cueste. 
En realidad, este asunto cala hondo en los estados de conciencia del hombre y, como decía Kant, supera con mucho las posibilidades de la política práctica tal como la conocemos en el mundo moderno. Quizás la política pudiera lograr algo en este sentido, pero eso sería a condición de contar con ciudadanos racionales al estilo Kant, gobernantes verdaderamente sabios al estilo de Platón, y luego de una revolución educativa de dimensiones colosales y de largo aliento. 
Ahora bien, suponga por un momento el lector que ese sueño de conversión espiritual en el hombre se ha hecho realidad. Bien, pero aun después de ese milagro cabe preguntarse algo: ¿es posible financieramente ese giro voluntario de paradigma económico al que invita Sicilia?
El primer reto en este cambio hacia lo sustentable es sustituir a los hidrocarburos como fuente primaria de energía. Sicilia no es economista y creo que por ello ignora lo tremendamente difícil y costoso que puede resultar el cambiar, no ya el paradigma económico completo, sino tan solo nuestra fuente primaria de energía. Tenga por cierto el lector que, un cambio particular así, implicaría por sí solo un vuelco total a la civilización y a su tecnología completa, y cuyos costos económicos alcanzarían montos tan estratosféricos que serían suficientes para financiar la historia de la humanidad varias veces de inicio a fin.
Ahora suponga el lector que, gracias a Sicilia, México es el único país que logró dar este salto hacia lo sustentable. ¿Cree usted que el imperio yanqui permitiría esto mientras él mismo se dedica a fomentar su paradigma económico derrochador de consumismo y ganancias? Bueno, contra el sentido común, suponga el lector que el imperio lo permite. Pero aun así, siguen surgiendo más preguntas. 
¿Cómo se insertaría el México sustentable de manera competitiva en un mercado mundial regido por el paradigma económico derrochador? ¿Aguantarían los mexicanos el suplicio de vivir en una economía sustentable con niveles de bienestar modestos tipo Cuba, mientras observa al resto del mundo nadando en el derroche? En verdad, dudo mucho que los mexicanos con residencia cercana a la frontera con los EUA resistan a la tentación de ir de compras a San Antonio.
Con todo lo anterior no quiero decir que la propuesta por la economía sustentable deba ser olvidada. No, desde luego que no. Lo que deseo plantear con todo realismo es que esto no es un asunto de interés para los mexicanos y, peor aun, no es algo que nosotros podamos resolver por nuestra cuenta. Pero si bien es cierto que no es un punto central en la política interna del momento, sí debe ser un aspecto central de la diplomacia mexicana por la siguiente razón: el cambio de paradigma económico es un asunto que, por cuestiones eminentemente tecnológicas y financieras, deberá ser resuelto por los países más desarrollados del planeta para que desde ahí irradie hacia el resto del mundo. Sin embargo, y para desconsuelo de Sicilia, en esta crisis global actual los pueblos del mundo desarrollado se muestran más que deseosos por retomar el rumbo del crecimiento y el consumismo.  
Así las cosas, las proclamas de Sicilia por una economía sustentable en México son un sueño guajiro que, aunque noble y deseable, equivalen a estar clamando en el desierto. Es más, sé que lo que diré a continuación se escuchará mal, muy crudo, pero hay que decirlo porque creo que es la triste realidad en este ámbito. 
En lo personal, estoy persuadido de que el hombre no escuchará al más santo de los hombres en estas cosas de los pecados de la economía del derroche. Antes que corregir sus conductas económicas por las apelaciones de un hombre santo y sabio, el hombre común es capaz de crucificar a éste. Y es que el hombre, en estas cosas, necesita pasar por el trance dramático de una grave crisis maltusiana, con toda su cuota de guerras, hambrunas, pestes y muerte, hasta trascender a un ajuste poblacional forzado a la baja que alivie la carga planetaria, para lograr por fin comprender la locura suicida de su actual paradigma económico y abandonarlo definitivamente por una economía sustentable. Creo que solo hasta entonces, cuando la población mundial baje a la fuerza a un número adecuado a los recursos disponibles de acuerdo al estado de la tecnología del momento, el hombre habrá entendido que debe consumir los recursos de este valioso planeta con racionalidad y que no deberá volver al error de practicar una economía del derroche y del lucro.
Y no debe sorprendernos esto de los trágicos ajustes maltusianos en la población humana cuando recordamos lo que decía Hobbes: que somos cuerpos animales. Estos ajustes ya han sucedido en muchas ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad. Suceden en el orden general de la Tierra desde el inicio de la vida, y es así como de hecho se regulan las poblaciones en ese ámbito. Lo sorprendente es que nos llamemos racionales y no hayamos logrado comprender con verdadera convicción socrática el carácter suicida de nuestra economía moderna para así superar esa fatalidad, si es que es posible engañar a la naturaleza.

Comentario final:

Creo que Sicilia, por una extraña obstinación, se niega sistemáticamente a ver cuatro realidades fundamentales. Primera, que los problemas fundamentales de México se llaman prianismo y neoliberalismo. Segunda, que la única vía para la anulación eficaz y pacífica de esos dos problemas es el consenso ciudadano y el voto unificado en su contra, no la renuncia a la vía electoral, no los Nirvanas chiapanecos, no las “Primaveras políticas” con epicentro en la OTAN, no los nihilismos callejeros. Tercera, que AMLO es quien tiene la solidez ética y la eficacia necesarias para encabezar ese movimiento de voto unificado contra el prianismo y el neoliberalismo. Y cuarta, que sus propias proclamas – las de Sicilia - coinciden en mucho con el proyecto de nación de AMLO que propugna por un Estado democrático, de bienestar y de paz perpetua. 
Y creo que esa extraña obstinación es lo que lleva a Sicilia a adoptar esos posicionamientos políticos sobrecargados del pesimismo tan propio del nihilismo ruso con aires religiosos que fue el horno intelectual que fraguó al anarquismo y al movimiento bolchevique, y que a la vuelta del tiempo fracasó colaborando con su pasividad en la construcción de feroces totalitarismos. Y en esto Sicilia parece adoptar por momentos la postura radical del escritor Dimitri Písarev, cuya máxima fundamental rezaba de la siguiente forma: "Todo lo que pueda romperse, hay que romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno sólo para la basura. En todo caso, hay que dar golpes por todos lados, a la derecha y a la izquierda, pues de ello no puede resultar nada malo".
Desde luego que este es un excelente sistema de control de calidad en la vida política de una nación. Nada de despreciable tiene la propuesta. Sin embargo, el sistema debe ejecutarse con criterios racionales, objetivos, apegados a los hechos, porque, de no ser así, puede dar ocasión a difundir un pesimismo artificial y generalizado en un pueblo y, con ello, sumirlo en la indefensión ante los malos gobernantes, tal como puede sucedernos a nosotros frente al PRIAN. Pero ante todo, el proponente de este sistema debe ser el primero en sujetar su actuación a la prueba de calidad y no seguir el ejemplo de Písarev, quien jamás se acordó de someter a juicio su obstinado pesimismo.  

Buen día.

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