Irán y el inquietante mundo de Rick Santorum.

Antecedentes:

No se puede entender el actual asunto de Irán si no vamos a la historia reciente de ese país. Y su historia reciente es petróleo visto como recurso, desde el mundo del dinero. Recordemos que se trata de un país que suele ocupar uno de los primerísimos lugares a nivel mundial en lo que toca a reservas de hidrocarburos. Y hablamos de un recurso que ya está en la fase de declive mundial, de escasez, y, por ende, en la fase de crecimiento casi sostenido en su valor en el mercado. Y la cuestión de la disputa por el petróleo de Irán no es reciente, tiene una larga y dramática historia. Trataré de bosquejarla en un párrafo.

Durante la primera mitad deI siglo XX, Irán intentó escapar del control colonial de las potencias de occidente y acceder a la democratización de su petróleo. Los movimientos nacionalistas de ese país alcanzan un primer pináculo con Mohammad Mossadeq, quien intentó una hazaña semejante a la de Lázaro Cárdenas en México: nacionalizar el petróleo. Sin embargo, en 1953 Mossadeq es derrocado por británicos y estadounidenses – Operación Ajax –, quienes logran con ello conservar el control sobre la industria petrolera a través del Shah, el monarca pelele Reza Pahlavi. Y no es sino hasta 1979 cuando el pueblo, encabezado por Ruhollah Jomeini, logra por fin concretar la autonomía nacional y la democratización del petróleo. No fue fácil para Irán sostener el logro nacionalista al principio, pues hubo de enfrentar, desde 1980 y hasta 1988, una guerra con Irak y con raíces en occidente. Así que, desde 1979 a la fecha, las relaciones entre la Irán independiente y las potencias occidentales han estado marcadas por un profundo antagonismo, con la primera tratando de poner a buen resguardo sus logros nacionalistas, y con las segundas buscando una oportunidad para volver por sus fueros.
Espero que no haya por ahí obsesivos del neoliberalismo que, con su ideología de esclavos apatronados, se atrevan a objetar o negar esta historia conocida aduciendo el sueño de que Irán comete un error al no dejar que las potencias occidentales les den trabajo a través de la gran liga de las hermanas petroleras. Advierto esto, porque de que hay esclavos apatronados, los hay…y por racimos.    
Ahora bien, creo que el lector conoce en alguna medida el asunto actual de Irán. Estados Unidos, Israel y algunos países de la UE, acusan a Irán de ocultar bajo su programa nuclear civil, otro de naturaleza clandestina y militar, y cuyo objetivo sería la fabricación de armas atómicas. Irán ha rechazado esta acusación constantemente y el alegato ha ido escalando peligrosamente hasta el momento entre sanciones, amenazas y ejercicios militares de Irán en torno al estratégico estrecho de Ormuz, con la infaltable presencia de unidades de la armada estadounidense. 
Todo el fondo del alegato descansa en las sospechas de EUA y la UE sobre ese supuesto programa nuclear clandestino. Y esta sospecha está, para ellos, fundamentada “objetivamente” en la posición de la Agencia Internacional de Energía Atómica – AIEA -, la cual, por su parte, asegura tener indicios sobre la existencia de dicho programa militar oculto en Irán. 

Un balance delicado:

Creo que la situación actual en Irán es delicada. Tenemos en ese espacio los ingredientes necesarios para dar ocasión a una escalada militar de fatales consecuencias para la civilización. Y por supuesto que no digo esto por Irán por sí misma. Desde luego que no me cabe la menor duda de que, pese a su mejor esfuerzo por defender sus logros, ese país sería incapaz de sostener una confrontación armada contra una operación militar conjunta de las potencias occidentales. El riesgo global viene, más bien, por la postura que el otro eje del mundo, el conformado por China y Rusia, pudiera jugar en este escenario. La propia posición prudente y sabia que estos dos países adoptaron para oponerse a las pretensiones de las potencias occidentales para invadir Siria con el mismo libreto artificial de Libia como pretexto, nos habla de que, en el caso de Irán, podrían no estar muy dispuestos tolerar una agresión en silencio o con una postura de diálogo. Y no digo esto porque pretenda creer que esas dos potencias se caractericen por un gran humanitarismo. No, el caso es que una intromisión occidental en Irán pone muchas cosas en juego en lo que toca a los intereses geoestratégicos de esos dos gigantes. Y esto último es todavía más verosímil si consideramos que la política en la Rusia de Putin apunta a una era de enfriamiento y raspones en las relaciones con el otro eje de occidente: EUA. Esto, en tanto que las relaciones entre China y Rusia van boyantes y con la mira bien puesta en la creación de un bloque euroasiático.
Rusia y China buscan consolidar en estos momentos su esfera de poder por aquella área, por lo menos. Y siendo Irán la puerta de su casa, no veo en verdad la forma en que pudieran permanecer pasivos con una invasión de occidente sobre este país oriental. 
Si bien es cierto que esos dos gigantes no alcanzan aún el poderío económico del eje occidental, sí que tienen en cambio una capacidad militar bastante respetable, y que puede llegar a eclipsar al otro frente, sobre todo en lo que toca a guerra convencional. Además, y a saber, existen un poco más de veinte mil armas nucleares distribuidas principalmente en Rusia, EUA, Gran Bretaña, China y Francia. Hay en esos países otro tanto casi igual a manera de armas inactivas, no operativas, pero fácil y rápidamente recuperables. Hablamos, pues, de un arsenal mucho más que suficiente para acabar con todo rastro de civilización en el término de varios meses, considerando los efectos rezagados y colaterales de un intercambio nuclear generalizado, que, se sabe, son los más devastadores.
Todo lo anterior nos habla de un equilibrio muy delicado en el mundo, así como de las condiciones precarias en que se encuentra la seguridad de todos. Y la consideración juiciosa a todo eso nos lleva a suponer que difícilmente se daría una escalada militar en el caso de Irán, porque también nos vemos forzados a suponer que todo político que se llame cuerdo tendrá siempre en cuenta esas situaciones y procederá a abordar los asuntos políticos de esa área con extremado cuidado y gran finura a fin de no poner en riesgo ese delicado equilibrio de las cosas. Sn embargo, cuando vemos las declaraciones de Santorum, vemos que no todo el mundo guarda compostura.

Rick Santorum:

Como dije, pese a ese balance precario de las cosas, el aspirante a la presidencia de los EUA por el partido republicano, Rick Santorum, aseguró recién que, de llegar a la Casa Blanca, estaría dispuesto a bombardear Irán si ese país islámico se niega a permitir la inspección de su programa nuclear. Nos dice Rick lo siguiente en el programa Meet the Press de la NBC:
"Irán no conseguirá un arma nuclear bajo mi vigilancia".
Y añade: 
"Le diría a los iraníes: o abren esas instalaciones, comienzan a desmantelarlas y las hacen disponibles para los inspectores, o degradaremos esas instalaciones mediante ataques aéreos".
Por supuesto que las declaraciones de Santorum tienen un claro sentido electorero. Es evidente que se dirigen a explotar el corazón del arte retórico: decir a la gente lo que desea escuchar. Y, en este caso, en el de Irán, Santorum trata de apelar a un sentimiento muy difundido en la cultura del norteamericano promedio; sentimiento que lo lleva a concebirse a sí mismo como dueño y amo del mundo. Pero la retórica de Santorum también va dirigida a persuadir al gran Establecimiento del poder en ese país respecto a que él está dispuesto a dispararle al coyote en nombre de la patria, con todas las connotaciones especiales que tiene ese concepto de “patria” para esas élites globales. 
Y en justicia para Santorum, hay que decir que sus declaraciones no son excepcionales, porque sabemos que la opinión de los principales integrantes de la élite política norteamericana en este asunto de Irán se mide con el mismo rasero de Santorum. Vea, por ejemplo, la postura de Dick Cheney, ex vicepresidente de los Estados Unidos en la era Bush Jr., en relación a la captura de un avión espía no tripulado – Sentinel RQ-170 - estadounidense de tecnología de punta por parte de las fuerzas armadas de Irán. Cheney opinó ante CNN lo siguiente:
”La respuesta correcta a eso habría sido ir de inmediato luego que lo derribaron y destruirlo…Usted puede hacer eso desde el aire. Usted puede hacer eso con un rápido ataque aéreo, y en efecto lo hacen imposible para que se beneficien de haber capturado ese avión”.
El señor Cheney se ha molestado porque las fuerzas armadas de Irán han capturado una nave espía estadounidense que sobrevolaba espacio aéreo de ese país de manera ilegal, y más se ha molestado porque los iraníes se niegan a devolver la nave y luego han dado acceso a rusos y chinos a esa nave capturada, y entonces sugiere que se proceda a atacar a Irán al instante. 
En Santorum y Cheney vemos a dos hombres que juegan con fuego, y que manipulan la ley a su antojo.
La doble moral y el doctor insólito:
No he de tomar partido en mi apunte sobre estas cosas. La cuestión es complicada, y creo, además, que debe haber en ambas partes en conflicto una enorme cantidad de información oculta al público. Sin embargo, independientemente de ese vacío de información, creo que se pueden usar los datos a la vista para deliberar con claridad sobre algunas cosas; cosas que, creo, son las más importantes.
De entrada, la historia nos pone en claro que las motivaciones de este asunto de Irán están más allá del programa nuclear. En cualquier caso, los alegatos actuales tienen su raíz en el petróleo y la avaricia de occidente. Luego, la experiencia nos obliga a no ofrecer toda credibilidad a la AIEA en eso de afirmar que Irán esté desarrollando un programa nuclear clandestino. Para esto, basta con recordar todo el mundo de mentiras que diferentes agencias internacionales vertieron sobre el supuesto programa nuclear de Irak; mentiras que sirvieron para justificar la injusta y criminal invasión de negocios a ese país. La ONU guardó silencio pasivo frente a la manipulación de la resolución sobre Libia ¿Hay, pues, razones suficientes para creer que esta vez sí sea verdad lo que se dice de Irán?
Advierto al lector, asimismo, que no pretendo arrojar una opinión de apoyo a Irán en esto de las armas nucleares. Jamás estaría de acuerdo en que otro país se sumara al demencial club de países con potencial destructivo nuclear. Lo único que deseo es que los iraníes sigan gozando de su libertad y de su autonomía para determinar su futuro. Sin embargo, busco inclinarme por la razón y, en ese sentido, creo que el punto importante es que, por principio, ningún país debería de tener este tipo de armamento, ni siquiera Estado Unidos.
Suponga el lector por un momento que Irán sí esté desarrollando un programa nuclear clandestino con finalidades militares. De ser este el caso, y siendo EUA uno de los dos grandes propietarios de arsenal nuclear en el mundo, siempre cabría la siguiente pregunta: ¿cómo puede EUA sancionar moralmente a Irán por desear hacerse de armas nucleares? 
Toda argumentación basada en las falacias de la democracia, la libertad y la modernidad occidental, se derrumbarán estrepitosamente ante el significado de las armas nucleares: brutalidad y muerte. 
Se ha dicho hasta el cansancio, además, que existen muchas evidencias de que Israel ya ha desarrollado armas nucleares hasta una cantidad que puede exceder las doscientas. Y el solo hecho de que el principal socio de EUA en medio oriente posea armas nucleares en un entorno geopolítico altamente explosivo, también desautoriza por completo cualquier argumentación moral en contra de Irán.
Siempre ha existido en esto un juego de doble moral por parte de EUA y la UE, o bien una casuística veleidosa con la aplicación de un principio ético – paradigma - a casos particulares según utilidad o conveniencia. Es decir, para los EUA y la UE el principio de la no proliferación de armas nucleares aplica con sus enemigos, pero no aplica con sus aliados. Posición política absurda. Se necesita ser un político muy simple, por no decir estúpido, para encontrarle sentido a eso de sentarse a aducir este tipo de argumentos éticos en una mesa de diálogo internacional. Y lo irónico es que tal es la realidad en esos lugares: un diálogo de locos. Y mire usted lo que son las cosas, una casuística de este tipo era la que utilizaban los jesuitas pecaminosos de tiempos de Pascal con el asunto de las condenas y las absoluciones de la iglesia católica; prácticas que bien les merecieron los heréticos escritos provinciales del filósofo y matemático.
Así que una voluntad política con sólido fundamento moral en este ámbito debe trabajar con un paradigma ético aplicable a todos los casos por igual, sin excepciones. Pero sobre todo, el problema moral debe resolverse empezando por los principales promotores de esta locura, y esto solo se logrará respondiendo a una pegunta crucial: ¿Quién o quiénes empezaron con la locura de las armas nucleares? 
Así las cosas, los pronunciamientos de Santorum y Cheney no vienen a ser sino una manifestación de esa doble moral, de esa casuística laxa y absurda. Pero lo preocupante de esto es que hablen de violencia con tal desenfado y facilidad de frente al delicado equilibrio de las cosas ahí, en aquella parte del mundo. Se trata de pronunciamientos sin fundamento moral alguno y que, además, denotan una voluntad dispuesta a llevar a la humanidad toda hacia un suicidio colectivo con la vista puesta solamente en una combinación de vanidad y avaricia que confluyen en el juego de intereses de una élite de unos cuantos miles de personas; una élite cuya única virtud es el gusto por el dinero, otro absurdo. Y más escalofriante es esto cuando recordamos que estos dos hombres son solamente ejemplares genuinos del arquetipo del pensamiento político estadounidense coetáneo. 
Estamos, pues, bajo el imperio de un real arquetipo de irracionalidad. Un arquetipo que conduce los destinos del mundo con un sentido de irresponsabilidad pasmoso, desconcertante, y que banaliza la libertad y la vida de todos los integrantes de la especie humana casi al grado de convertirlos en simples guijarros, en nada.  Se trata de un retorno de la historia sobre sí misma, hasta caer en el lomo de las locas personalidades que conducían al imperio romano en su fase más pervertida y decadente.
Creo que nadie ha representado ese mundo demencial tan bien como Stanley Kubrick con su filme “El doctor insólito”. Le recomiendo esta película para que entienda a plenitud nuestro mundo “moderno”.
¿Para qué quiere un poderoso tener al planeta completo en propiedad exclusiva? ¿De qué demonios le servirá tanto espacio si no puede procurarse alimento por sí mismo en virtud de su inutilidad? Y de lograrse esto, ¿en qué lugar vivirá la especie humana?...¿En el espacio exterior?...¿No es absolutamente absurda la avaricia, al grado de rayar en la locura?  

La falsimedia y el silencio:

A primera vista pareciera una ironía cruel aquello de que nadie haga nada a este respecto siendo que la razón llega a las anteriores conclusiones con facilidad, al grado de casi verificar la existencia del universo del Doctor Insólito de Kubrick en el mundo real. Y más irónico puede parecer esto cuando visto en el caso del pueblo norteamericano, siendo que tiene el mayor potencial para corregir este absurdo que, de llegar a su final trágico, también cargaría con él inevitablemente. 
Pero en el fondo se trata de una profunda y general ignorancia del hombre. Una ignorancia promovida por la falsimedia, y la televisión en especial, y que descansa en la banalización de los asuntos humanos. De ahí que todo mundo tome las declaraciones de Santorum y Cheney como cosas racionales, sin importancia, trivialidades. Y como se ha perdido contacto completo con ese universo humano, nadie parece poner atención en la doble moral, en el absurdo, en los riesgos, y mucho menos en la conexión intrínseca entre el destino de cada individuo con el resto de los seres humanos. 
Se trata de una banalización que ha llegado al extremo de convertir a la guerra y a su violencia en un espectáculo divertido y digno de los horarios estelares de la televisión. Es el espectáculo para un hombre idiota, que no sabe, por su ignorancia, que toda aquella violencia que ve en la pantalla terminará un día por alcanzarlo inevitablemente.
Y algo así estamos viendo en estos momentos con la televisión en México y su brutal y descarada intervención en los asuntos políticos del país a favor del PRI. Es la banalización de la política y de la dignidad de los mexicanos en su máxima expresión.  

Buen día.

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