Henrique Capriles: Los balidos de la derrota.

En el artículo inmediatamente anterior que publiqué en este diario - Hugo Chávez y la mejor política posible - demostramos que el fenómeno de culto a las ideas de Hugo Chávez es legítimo y hasta conveniente para el mundo corriente. Para eso, reconocíamos que el hombre sufre de una debilidad innata que le impele a rebasar las posibilidades de su sola razón para imponerse la necesidad de postular ideas de personas sobresalientes para promover su voluntad en la busca de su perfección humana.

En este sentido, decíamos que el fenómeno "culto a Hugo Chávez" es legítimo por las siguientes causas: Primera, porque es un culto que postula unos ideales - los de Hugo Chávez - enderezados a la perfección humana al menos en el ámbito de la política. Segunda, porque es un culto, no a la persona Hugo Chávez, sino a sus ideas. Tercera, porque el culto a las ideas de Hugo Chávez tienen sólido fundamento en la moral toda vez que apuntan al logro de la mejor política posible: una política regida por una moralidad universal donde todos los hombres sean vistos como fines - visión Hugo Chávez -, no solo como medios - visión USAmerica según la pervertida doctrina Monroe -. 
Asimismo, dijimos ahí que el culto a los ideales de personas sobresalientes es una realidad del día a día en la vida de los hombres.  Le dejo enlace al apunte por si desea leerlo.


1.- De los absurdos de Capriles:

Bien, pero resulta que el candidato opositor en Venezuela, Henrique Capriles, recién ha asumido una actitud crítica muy imprudente en este asunto del culto a los ideales de Hugo Chávez. Y es así que por aquello de tratar de aparecer teatralmente ante el pueblo venezolano como un ser absolutamente racional y dueño de una moralidad cósmica a fin de echar abajo el culto a su enemigo - Hugo Chávez -, luego ha terminado por empezar a cavar su propia tumba. 
Para demostrar la imprudencia de Capriles empiezo por ofrecerle unos retazos de su retórica donde acusa al chavismo de estar usando la imagen del fallecido presidente Hugo Chávez con fines electorales.
"Nicolás - dice Capriles -, el problema eres tú...ya llevas cien días en el gobierno...y todo lo que has hecho ha sido tratando de esconderte después en la imagen del presidente...dejen que el presidente descanse en paz... no se utilice - la muerte del presidente Chávez - con un fin electoral. No es lo correcto... Esta campaña es entre Nicolás y yo, dejen al presidente tranquilo. Además, el presidente repetía que era cristiano y a los cristianos hay que darle cristiana sepultura."
Luego, Capriles aclaró que el 7 de octubre sostuvo una conversación telefónica con Hugo Chávez en términos de mutuo respeto.


Contra lo que cree Capriles, el culto a los ideales de Hugo Chávez no es un fenómeno electoral, reciente. Esto es ya asunto añejo que trae inercia desde que este hombre empezó su carrera en la política mundial para luego convertirse en un icono de la resistencia política con sólido fundamento moral. Y si el culto esté viviendo ahora su pleamar no es sino porque se verifica el entronque favorable de dos hechos fortuitos: la muerte de Hugo Chávez que desenlaza un nuevo proceso electoral. 
Contra lo que supone Capriles, tampoco es ilegítima la filtración de estos sentimientos de adhesión del chavismo al terreno electoral. Esto, por dos sencillas razones: Primera, porque esos ideales están diseñados ad hoc para la adhesión en política. En este sentido, dichos ideales solo están respondiendo de manera efectiva a su fin al permear sobre el proceso electoral. Y segunda, porque no se puede exigir a los adherentes chavistas un logro sobrehumano como puede ser el control automatizado de los sentimientos tal que impidan de manera efectiva esa filtración de los sentimientos en el ámbito político-electoral.
Y si respecto del segundo punto Capriles mismo me arguyera que sus adherentes son absolutamente racionales de tal forma que no apelan a los sentimientos y a la fe en sus elecciones personales en política, luego me vería precisado a sugerirle que buscara, no ya la presidencia de Venezuela, sino la ayuda de un buen psiquiatra. Y razones sobradas tendría para sugerirle esto porque estaría argumentando contra la verdad que atestigua nuestra experiencia a lo largo de toda la historia política completa de la humanidad.
El sentido común nos obliga a suponer que el régimen chavista habrá puesto la vista en la enorme utilidad que puede reportar - potenciar el voto a favor -, no solo el permitir la libre fluencia entre la población de esos sentimientos de adhesión a los ideales de Chávez, sino hasta promoverlos activamente. De ahí precisamente que la retórica del régimen chavista se haya colmado ahora de alusiones a toda clase de hilos conductores a los ideales de Hugo Chávez. Y es aquí, y solo aquí, donde las críticas de Capriles parecen cobrar algún sentido. Pero cuando el asunto se analiza con detenimiento, ese sentido en las palabras de Capriles se disipa y volvemos a encontrarlo en sus absurdos.
Si juzgamos a la política desde el ámbito de la sola moral, es cierto que este proceder del régimen "no es correcto", como dice Capriles. Sin embargo, lo que olvida Capriles es que, en este momento, nadie en el mundo entero ni en Venezuela, ni él mismo siquiera - y esto lo puedo demostrar -, está asumiendo a la política como un ideal de moralidad ya realizado, existente. Todos estamos enfrascados en la política real, la de este momento. Y resulta que esa política real - realismo -, al no tener por el momento a la moral como norma externa, y sí solo al éxito como norma intrínseca, legitima todo tipo de acciones que apunten al éxito de un proyecto político, en este caso del chavista, y siempre y cuando la misma no violente las leyes del orden jurídico acordado por el colectivo.
Y no hay contradicción en el chavismo al accionar de esta manera. En mis dos escritos he hablado de los ideales que se postulan como guías hacia un fin posible, pero que no se afirman dogmáticamente como existentes ya y mucho menos como necesarios. Luego, usted no puede perseguir un ideal de política regido por la moral abstrayéndose de la política del mundo real, la que impera ahora. En efecto, para construir un ideal de política con los pies plantados en la realidad, usted tiene que trabajar provisionalmente con los principios y los tabiques del realismo político. Pero además, la astucia de la razón justifica ese realismo provisional en su proyecto porque la prudencia le indica que actuar ceñido a los principios de una política regida por la sola moral en un mundo de realismo político solo ha de llevarle al papel de ingenuo que deja amplios espacios a la filtración de los opositores, lo cual lo estará condenando al fracaso.
El mismo desempeño de Hugo Chávez en la política mundial es absolutamente demostrativa a este respecto. Como dije en mi apunte anterior, este hombre se destacó por haber sido el único político que hasta ahora ha desafiado exitosamente al imperio llamado USAmerica con los solos recursos de la retórica y de la astucia política para promover su ideal de política - todos somos fines, no solo medios - frente al ideal yanqui fundamentado en la completa inmoralidad: los yanquis somos fines, los extranjeros son medios. 
Y en el caso del proceso electoral de Venezuela vemos replicada esa misma oposición. Por un lado, los políticos opositores encabezados por Capriles actuando como caja de resonancia del ideal yanqui que se concreta en la criolla inmoralidad de pretender levantar de la tumba a una sociedad de minorías privilegiadas y mayorías oprimidas muy al estilo México, y que en su astucia ocultan su crudo realismo político tras una máscara de moralidad. Por otro lado, los ideales de Hugo Chávez bien armados de su acostumbrada razón astuta, aunque ya en el cuerpo de sus sucesores.

2.- De la imprudencia de Capriles:

El mismo desconocimiento de Capriles sobre el asunto que enfrenta es lo que lo condena a estar cometiendo serios errores en su desempeño en política en estos momentos.  
Al asumir erróneamente el culto a Hugo Chávez como un fenómeno artificial - electoral -, no como lo que es, un dato del mundo real, Capriles se está permitiendo el irracional lujo de aplicar una retórica negativa o crítica respecto de estos sentimientos populares de adhesión. Con esto solo está abonando en contra de sus posibilidades porque solo está delimitando con más fuerza a sus opositores y a sus adherentes por la vía de los sentimientos cuando los hechos demuestran que sus adherentes no le ajustan para ganar las elecciones. 
La razón astuta debe indicarle a Capriles que la mejor acción posible en estos momentos es acudir al frío cálculo de la razón para cosechar adherentes del chavismo por otras vías o hasta valiéndose del teatral recurso de mostrarse como prosélito remiso del ideal de Chávez. Y de hecho parece que Capriles ya da ocasionales chispazos de teatralidad en este sentido. Para constatar esto, basta con recordar lo que cité arriba en el sentido de que Capriles trajo a cuentas que en octubre habló por teléfono con Chávez en términos muy amables. Por supuesto que, con esto, él pretende lanzar un seductor anzuelo que motive la siguiente reflexión en algunos chavistas:
- Demonios, coño. Nos hemos equivocado con Capriles. Va resultando que él también comprende y respeta los ideales de nuestro comandante Chávez. Tal vez si votáramos por él...
Pero el hecho es que esta teatralidad remisa de Capriles para sumarse al culto a Chávez no se resuelve y retorna a su retórica negativa para aplicarse con devoción a avivar más los sentimientos de animadversión del chavismo. Y esto, señores, se llama imprudencia a raudales. 
He de confesarle algo. No creo que Capriles sea tan corto de entendederas como para no darse cuenta de los graves errores que comete en estos momentos. Y como no estoy dispuesto a creer eso, prefiero concluir que, pese a su público optimismo, su imprudencia solo es el indicio de que ya se da por derrotado y pone la vista en consolidar a sus adherentes para el largo plazo y victimizarse en la jornada electoral con grande escándalo para poner las condiciones propicias al "humanitario" intervencionismo de USAmericana. 
En suma, me parece que lo de Capriles son los balidos por la derrota ya anticipada.

Buen día.

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