Gordillo y Enrique Peña Nieto: moralidad bajo sospecha.

...o de las astucias de un político bajo seria sospecha de moralidad hipócrita.

1.- De Tartufo:

Tartufo o el impostor es una obra teatral del genial comediante universal Moliere, y cuya trama se mueve en el asunto de la moralidad hipócrita tan propia de muchos devotos religiosos de la sociedad francesa del siglo XVII que llegaron a tener mucha influencia política en la monarquía, y cuyo oficio consistía en saquear herencias valiéndose de la fe piadosa.

En la obra, Orgón es un padre de familia bastante acaudalado y con una extraña mezcla de aristócrata y burgués, pero también es el fiel retrato de la ingenuidad que deviene de una irreflexiva fe cristiana. Y es así como Tartufo, un devoto y santurrón hipócrita de la fe, ha encontrado en Orgón a su siguiente víctima y se las ha arreglado para convertirse en su director espiritual. Las astucias verbales de Tartufo con Orgón han llegado a tanto, y han sido tan efectivas, que ha logrado los siguientes avances para el cumplimiento de su propósito inconfesable, que no es sino saquear el patrimonio de su víctima. De entrada, Tartufo ya tiene bajo su poder a la voluntad de Orgón hasta convertirlo en un pelele capaz incluso de actuar contra los intereses legítimos de su propia familia cuando así lo desea el dueño de sus hilos - Tartufo -. Madame Pernell, la petulante, anacrónica y necia madre de Orgón, ha corrido la misma suerte que su hijo. Tartufo ha logrado tal poder que ya está aposentado de permanente en casa de Orgón y está investido de grande autoridad en la misma a través de su pelele. Damis ha sido corrido de casa por su padre - Orgón - a instancias de Tartufo, y éste ya ha logrado que su pelele lo instale como beneficiario único de su herencia. Pero hay más, porque Orgón ha accedido a entregar a Tartufo a su joven hija Mariana en promesa de matrimonio, pese a que ésta ama al joven Valerio. Y lo peor es que el terrible Tartufo se da el lujo de dedicar buena parte de su tiempo en esa casa a perseguir a Elmira, su futura suegra y esposa de Orgón, para follarla sin más, y a veces dichos lances se desarrollan cómicamente en la misma nariz del ingenuo marido.
Como queda claro, solo los ingenuos de Orgón y su madre, madame Pernell, creen en la fe piadosa del hipócrita de Tartufo. En tanto que el resto de la familia - esposa, hijos y cuñado de Orgón - tienen relativamente claros los planes perversos que se esconden tras de la máscara de fe piadosa del hipócrita de Tartufo. Pero quien más destaca en las sospechas sobre Tartufo es Dorina, la sirvienta de la casa, que ya es parte de la familia, y que se muestra como la más inteligente, perspicaz y sensata en todo este enredo. 

2.- De Tartufo en el dilema Gordillo:

Le he traído a cuentas esta comedia de Moliere porque, en mi opinión, los mexicanos estamos escenificando la misma trama de Tartufo en el show mediático de la Gordillo encarcelada. En efecto, en el centro está Enrique Peña Nieto - Tartufo -. Por la derecha están los partidarios de Enrique - Orgón y Madame Pernell -, que afirman que el acto de este hombre es moral, o al menos un acto de justicia sin atreverse a calificarlo en el sentido moral. Por la izquierda están los detractores de Enrique - Elmira, Damis, Mariana, Cleanto y Dorina -, que afirman que dicho acto es producto de una moralidad hipócrita que obra a manera de medio enderezado a otros fines perversos. Sin embargo, hasta ahora no sabemos quién tiene la razón en nuestra puesta en escena de la comedia de Moliere. Y es esto lo que trataré de esclarecer en este apunte.

3.- De los pecados en los críticos de Enrique Peña Nieto: 

Si usted asume el asunto Gordillo por sí mismo, es decir, atenido solo a los hechos del caso y a los discursos de las partes implicadas - Enrique Peña Nieto, acusadores, defensores, medios, y la misma Gordillo tras las rejas -, le garantizo que todo análisis nos llevará a la necesidad de tener por buena la acción de Enrique Peña Nieto. Pero además, esto le pondrá en posición muy sólida para afirmar que los detractores de Enrique en este caso son unos necios incompetentes que han perdido el juicio. Y le doy enseguida los principales pecados de estos críticos cuando vemos este asunto de la Gordillo como ya dije: por sí mismo. 
Supongo que todos, partidarios y detractores del caso, estaremos de acuerdo en que Elba Esther Gordillo solo ha sido víctima de sus propios excesos y torpezas. Por más inteligente que ella crea ser, al final demostró ser una mujer muy torpe en virtud de que su razón práctica no le sirvió para calcular con precisión y sin sesgos los límites de sus facultades apuntadas a su utilidad personal. Y en ese cálculo errado terminó traspasando los límites impuestos por nuestro sistema de leyes y hoy ya paga las consecuencias. 
Pero los críticos de Enrique pecan de parcialidad al enderezar su vista al móvil de la acción pasando por alto las consecuencias de la misma - el encarcelamiento de Elba Esther -. Esto me parece ilegítimo toda vez que no tiene otro interés que despreciar deliberadamente el resultado positivo a manera de beneficio público. Y esto debe quedar claro siempre que tengamos presente que ninguna ética es suficiente para resolver estos dilemas y eso nos exige a estar atentos a ambas cosas: el móvil y la consecuencia.
En cuanto a los móviles de la acción de Enrique Peña Nieto solo tenemos dos opciones: o ha actuado contra Gordillo movido por su deseo de abonar en su propia legitimidad, o ha actuado movido por las exigencias de la ley. Sin embrago, los críticos pecan de falta de objetividad y de temeridad al entregarse a la especulación en torno a los móviles de la acción para luego afirmar que este hombre ha actuado movido por el premio de la legitimidad. Y afirmo que especulan puesto que jamás estaremos en condiciones de tener certeza en torno al móvil de Enrique Peña Nieto en este asunto por tratarse de una cuestión del fuero interno de él. 
En el mundo real, los políticos de carne y hueso que se tienen por cuerdos compiten con la vista puesta en la legitimidad, que no es sino el natural egoísmo humano limitado por nuestros sistemas de moral y que llamamos prestigio. Y es gracias a esta competencia o emulación que, lo que ha arrancado desde un impulso egoísta en los individuos políticos, termina por generar beneficios públicos en la sociedad. Cierto también que, en el caso de la política, el prestigio puede ser asumido conscientemente como un fin en sí mismo, o bien como un fin intermedio apuntado a fines ulteriores, como puede ser la felicidad del colectivo - el bien - o la sola felicidad del político - el mal -. Y así tiremos de coces, ésta es una verdad de hecho que atestiguan nuestros sentidos y los registros históricos, porque hasta hoy no hemos sabido de un político, al menos uno, que conscientemente busque el desprestigio o que desprecie la maximización de su prestigio como fin. 
Ahora bien, supuesto el caso de que el móvil de Peña Nieto haya sido su legitimidad - prestigio -, tal como afirman los críticos, luego entonces se concluye que estos críticos pecan de ingenuidad al omitir toda consideración a la política del mundo real. 
Luego, resulta que esos críticos terminan por mostrar debajo de esa retórica especulativa, no realista, lo que muy probablemente es el verdadero móvil de su crítica: el egoísmo. Cierto, egoísmo que aflora a manera de celo o coraje por el hecho de que Peña Nieto haya logrado una buena dosis de abono a su prestigio valiéndose de manera legítima de la ley para meter a la cárcel a la Gordillo, lo cual se amplifica en sus alcances porque es un golpe que ha reportado un beneficio público a la sociedad.
Pero ya vistas las cosas así, luego entonces estos mismos críticos asumen una condición sospechosa en lo que toca a su integridad ética y a su astucia. La condición ética sospechosa se sostiene a menos que estemos dispuestos a creer que es ético movernos por el egoísmo para lanzar juicios sesgados que intentan pasar por objetivos. Y en lo que toca a la astucia, solo he de decir que quien se escandaliza con un éxito parcial del contrario solo deja ver que es ingenuo al asumir que éste es más tonto que él.
Como puede ver el lector, todos esos pecados irán derivando solos como pesadas losas sobre la espalda de los críticos de Enrique Peña Nieto si usted se pone a analizar el asunto Gordillo "por sí mismo". Y cuando digo "por sí mismo", me refiero a que lo analice abstraído, aislado, en conexión solo con los hechos que le son propios directamente. Y esto es así, porque en ese terreno los hechos propios del caso son solo apariencias, toda vez que los verdaderos móviles de la acción de Enrique Peña Nieto son solo datos para él.
En este sentido, es claro que lo mejor que se puede hacer en este caso es abstenerse de polemizar en esto porque todo intento en ese sentido solo llevará a cometer los pecados ya señalados antes, y eso lleva a una posición absolutamente vulnerable frente a los argumentos de los priistas. Este abandono de la polémica se exige con más apremio porque el asunto Gordillo ha reportado beneficios públicos tangibles que son suficientes, no solo para aplastar toda polémica en contra, sino para llevarla al nivel de lo absurdo ante la opinión pública, lo cual reporta más pérdidas que ganancias. Y todo los anterior ha de obligar a aceptar que los priistas han ganado esta partida y que el resultado ha abonado bastante en el prestigio de Enrique Peña Nieto, lo que pone a los críticos en la posición de tener que reconocer que los priistas son al menos tan astutos como ellos. 

4.- De las ventajas de los partidarios de Enrique Peña Nieto:

No obstante que los partidarios de Enrique Peña Nieto en este asunto están atrapados también en el terreno de las apariencias, imposibilitados para conocer los verdaderos móviles de este hombre, es claro que gozan de grandes ventajas en la polémica. Y solo me limitaré a decir que tienen a su favor el resultado de la acción que ha reportado un beneficio público de hondo calado: el encarcelamiento de Elba Esther. Y créame que ese solo dato del mundo real tiene el poder suficiente para investir de enorme poder persuasivo a la especulación más insospechada en torno al móvil de Enrique Peña Nieto en este enredo.
Le garantizo que si los partidarios de Peña Nieto dicen mañana que este hombre lo hizo porque es respetuoso de la moralidad, la mayoría de la gente concederá. Le garantizo también que si se asumen más realistas y arguyen que el móvil ha sido el prestigio, la legitimidad, una mayoría dirá lo siguiente: Bien, por mí que siga buscando más legitimidad si con eso logra meter al bote a todos los bribones del país.

5.- De la prudencia:

Ya hemos visto que analizar el asunto Gordillo en esos términos, "por sí mismo", nos constriñe a asumirlo solo en sus hechos aparentes, en el discurso de las partes implicadas - Enrique Peña Nieto, los acusadores, los defensores, los medios, y una Gordillo tras las rejas -. Sin embargo, este tipo de análisis es propio de los jueces o de un académico. Pero sucede que nosotros, los ciudadanos, ni somos jueces y ni estamos en un salón de clases. Estamos exigidos, eso sí, a juzgar del asunto desde el plano de nuestro ejercicio de la política, y ello nos exige, a su vez, trascender para conectar el asunto Gordillo con la realidad política de nuestro tiempo. Y sucede que cuando damos ese salto hacia la realidad más amplia, pasamos a un terreno que trasciende al análisis de salón y que se llama: prudencia. 
Cuando pasamos al terreno de la prudencia, o de la inteligencia aplicada a la vida practica, todo intento de juicio sobre cualquier asunto nos exige ceñirnos a una máxima inspirada en Santayana y Ortega y Gasset: atenernos a la experiencia acumulada para saber a qué atenernos y no cometer el mismo error dos veces. Pero como en esto no hay verdades universales y necesarias y sí solo probables, nos vemos obligados a hablar en la siguiente forma en torno al caso Gordillo.
Como la experiencia acumulada nos demuestra de manera palmaria que los políticos priistas buscan el poder para satisfacción de sus propios intereses egoístas, y no así para la satisfacción de los intereses del colectivo, podemos suponer con máxima verosimilitud - pero no afirmar - que la acción de Enrique Peña Nieto en el caso Gordillo está enderezada a los siguientes tres  fines, por lo menos: Primero, a saldar cuentas en un juego de mafias inconfesable. Segundo, a montar una cortina de humo mediática para encubrir el proceso de negociación del programa de reformas del PRI. Y tercero, a abonar más legitimidad a Enrique Peña Nieto y, por ende, a obsequiar más credibilidad al sospechoso programa de reformas del PRI.
Y para despejar dudas sobre el buen grado de confianza que podemos guardar respecto a esta percepción de las cosas, nos basta con remitirnos al Enrique Peña Nieto de la FIL. Hágase dos preguntas el lector a este caso: Si este hombre ha sido incapaz de resistir la tentación de hacerse pasar como intelectual y autor de un libro bajo sospecha de plagio a fin de abonar en su prestigio de manera ilegítima, ¿será incapaz de usar el asunto Gordillo como cortina de humo y de abono de legitimidad para el logro de su sueño más cumplido como es la reforma energética? Luego, ¿aquel hombre que es incapaz de resistir las mínimas tentaciones es acaso capaz de resistir las tentaciones en su máximo grado? Y le recuerdo que, en el caso de Enrique Peña Nieto, la tentación de hacerse pasar por intelectual es infinitamente menor a la tentación de privatizar la renta petrolera. No hay punto de comparación si atendemos al perfil de la persona.  

6.- Moraleja:

Si la prudencia nos indica con máxima verosimilitud que el Enrique Peña Nieto del asunto Gordillo está actuando como un Tartufo criollo, a la mexicana, luego solo me resta dejarle la siguiente moraleja. Es una moraleja donde usted debe posicionarse en el papel de Orgón y en el papel de Dorina para valorar.
El gran error del Orgón de Moliere consistió en que se dejó atrapar por el discurso y los hechos aparentes de Tartufo; es decir, del Tartufo aparente, del Tartufo con independencia de la realidad. Y la seducción de ese Tartufo aparente sobre Orgón fue de tal grado, que éste terminó por desconectar su inteligencia de la realidad que se desarrollaba en el entorno general de su casa y de la sociedad de su tiempo. Y fue así que cerró los ojos a la realidad, creyó en su director espiritual, y luego consintió torpemente en cumplir todas las caprichosas solicitudes del tramposo de Tartufo por el simple hecho de que las mismas solicitudes, por sí mismas, le parecían piadosas. Por el contrario, si la sirvienta Dorina pudo dar cuenta anticipada de la hipocresía de Tartufo fue porque no se dejó seducir por el discurso y los hechos aparentes de Tartufo y, por ello, siguió conectada con la realidad de la casa y de la sociedad de su tiempo. 
Los costos del error para Orgón hubieran sido fatales - saqueo completo de su patrimonio y el robo de su hija - si es que no despierta para conectarse de nuevo con la realidad gracias a las audaces acciones de Dorina. Y de cierto que al pobre de Orgón de nada le hubiera valido ese despertar tardío a la realidad si éste no se conjuga con la final, oportuna y milagrosa intervención del rey de Francia que acudió en su amparo. 
En el asunto Gordillo es muy fácil caer en la imprudencia de Orgón. Es fácil porque este papel tiene el seductor anzuelo de la voz de la autoridad. Fácil porque los hechos aparentes juegan a su favor y es imposible que alguien le demuestre lo contrario por lo indescifrable del asunto. Y como lo anterior genera mayoría de adhesiones, luego es fácil porque nos deja la percepción de estar en la verdad por estar a favor de la corriente. Y para cometer esta imprudencia usted solo necesita hacer lo mismo que hizo este cómico personaje en la trama de Moliere, y que es lo mismo que hacen los que aplauden y alaban a Enrique Peña Nieto en este episodio: juzgar el asunto Gordillo "por sí mismo", es decir, abstraído o desconectado de la realidad política de nuestro tiempo y apelando solo a los hechos aparentes y al discurso de los protagonistas - Enrique Peña Nieto, los jueces, los acusadores, los defensores, los medios y la Gordillo tras las rejas -. 
Que no le quepa la menor duda de que la vía prudente en esto es la de Dorina, la sirvienta: juzgar del asunto Gordillo apelando a la experiencia acumulada para saber a qué atenernos con Tartufo. Pero también hay que decir que es la vía ardua por dos motivos: tiene poco poder persuasivo porque va contra la voz de la autoridad, contra las apariencias - tan amadas éstas por la mayoría -, y porque sus razones se extienden más allá del asunto en cuestión; y tiene que ser muy objetivo para no incurrir en los pecados señalados arriba.   
Y no olvide una cosa muy importante: Si nos dejamos seducir por Tartufo y despertamos tarde, no tenemos un rey ni a un Dios que nos salve. Si sucede eso, todo estará perdido.

Buen día.

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