Gorbachov, PRI y PAN: Con el culo al aire.

Los hombres con una ruta de vida colmada de brillo intenso suelen ser polémicos a más y mejor. Son hombres de grandes aciertos y grandes errores; pero, en lo esencial, parecen tener ese algo muy escaso - ¿suerte?, ¿hado?, ¿inteligencia y olfato?  - que les reporta siempre un saldo satisfactorio a sus acciones. Putin, el primer ministro de Rusia, pertenece a esa clase de hombres. Se puede estar o no de acuerdo con él, con su forma de pensar y con los métodos que usa para conducir a Rusia, pero muy pocos estarán dispuestos a poner en duda el hecho de que es un político muy talentoso y eficaz. 

En lo personal, creo que Putin es hoy en día el político más brillante a nivel global. Y cuando digo “brillante”, me refiero sobre todo a eficacia y, en menor grado, a ese extra de personalidad natural que otorga legitimidad carismática. Y aclaro que, cuando hablo de carisma, hablo de políticos reales, con un verdadero atractivo humano hacia los demás; nada que ver con aquello de tener rostro para revistas de moda infantil. No se puede poner en duda esto – no la moda infantil, sino el talento de Putin - si consideramos que ha sido bajo su liderazgo que Rusia se ha levantado de entre las ruinas para acomodarse en la competencia por asumir de nuevo un papel hegemónico en su contexto geopolítico. Y esto debe resaltarse más cuando vemos los logros de Putin contra el proceso de declive que han mostrado sus contrapartes en occidente, especialmente en lo que se refiere al gris Obama, el locuaz Sarkozy y el tibio Cameron.
Hago esta referencia a Putin por un evento que, no obstante estar rezagado en un par de semanas, me trae con frecuencia a la memoria a mi pobre México tan pisoteado. Déjeme contarle esto.
Resulta que a principios del mes de diciembre pasado hubo elecciones parlamentarias en Rusia. Se han desencadenado algunas protestas de inconformes con los resultados, y que perduran hasta el día de hoy. Aunque las protestas han sido magnificadas de más por la falsimedia occidental por obvias razones – se habla de financiamiento de Soros a la oposición y a las protestas y de los maliciosos cuchicheos habituales de la Hilaria Clinton -, las mismas no tienen carácter relevante en Rusia, a tal grado que, hasta este momento, el camino de Putin hacia el poder en Rusia sigue viéndose libre y franco. Pero resulta que a don Gorbachov, el autor de la desintegración de la hoy ex URSS, se le ocurrió meter su cuchara en el asunto. Y aquí es donde está la carnita del pleito.
El centro ideológico y político del pleito Putin-Gorbachov:
Sobre los resultados de Gorbachov en la gestión de la URSS también estamos en el terreno de lo polémico. Hay quienes, fundados en dogmas, opinan que hizo lo correcto – los adoradores del mercado – y quienes opinan lo contrario pensando que debió proseguir con la URSS – los adoradores de Marx -. Yo, como Putin, prefiero ser más pragmático en este tipo de casos. Creo, entonces, que Gorbachov simplemente no dio la talla para el reto y, finalmente, se le fue el control del asunto y optó por la ruta fácil que le ofrecía el falso esplendor del naciente neoliberalismo de la era Reagan y Tatcher. Y puede decirse, incluso, que esto de Gorbachov llegó a parecer una suerte de profundo desinterés por la cultura de su pueblo, y de ahí su disponibilidad para tratar de asimilarla a occidente, los oponentes sistemáticos del pueblo soviético. Esto es algo que raya, en mi opinión, en el candor y en la falta de sensibilidad y talento políticos.
En concreto, estimo que Gorbachov debió mantener a las repúblicas soviéticas unificadas, pero para llevarlas al modelo de desarrollo de la China moderna. Y no hay pretextos para no haber hecho eso, porque para ese entonces el gigante Chino ya había empezado a instrumentar las reformas sociales y económicas que, a la postre, le habrían de llevar a tan buenos resultados. De hecho, Putin hizo y hace lo que debió hacer Gorbachov en su momento. Putin ha levantado a esa Rusia de entre los escombros que dejó don Gorbachov - ¿por encargo? -, empieza a trabajar exitosamente en la reunificación de las ex repúblicas soviéticas en una suerte de unión euroasiática – no completamente exitosa hasta hoy -, y todo con la mira puesta en el modelo Chino.
Recordemos que, al final, superado por la complejidad de los problemas, don Gorbachov tuvo que dimitir. Hoy en día Gorbachov no goza de popularidad en su país. La percepción de la gente allá, sobre él, es la que ya señalé: ingenuo, pequeño para el reto y demasiadas suspicacias en torno a su extraño gusto por derruir estados con el pretexto del mercado. La única esfera en donde Gorbachov goza hoy en día de credibilidad es en occidente, y por razones muy entendibles.
Bien, ahí tiene usted el asunto en breve. 
El culo al aire en Rusia:
Le decía que Gorbachov metió su cuchara en el asunto de las protestas en Rusia. Creo que Gorbachov habrá olvidado que está fuera de tiempo, que ya el neoliberalismo demostró su disfuncionalidad y que va rumbo al camposanto, que él no tiene credibilidad en Rusia, y entonces parece que se ha excedido en su tarea protestante. Y es que se atrevió a pedir la renuncia de ¡todo el gobierno ruso en pleno!, incluido, por supuesto, Putin. Así que, prácticamente, el señor Gorbachov pidió volver a derrumbar a Rusia por encargo de…bueno, digamos que ya le gustó ver a Rusia en ruinas por encargo de su imaginación y de su avanzada edad. ¡Qué quiere usted! Así son los viejos de necios. Y como el señor Gorbachov pasó por alto las mejores cualidades de Putin, temperamento, audacia y mano firme, así como la energía propia de su fresca edad, mala salió la cosa para don Gorba. 
Conocí hace mucho a un viejo político de gran sabiduría en cuyo repertorio de máximas existía la siguiente: “Nunca entre un viejo en disputas y alegatos con un joven, si es que quiere permanecer invicto”.
En efecto, como don Gorbachov entró al asunto, no argumentando, sino alegando, disputando, ya no encuentra la puerta…¡ni a bastonazos! Y es que Putin le respondió a don Gorbachov argumentando, acusándolo de haber permitido la desintegración de la URSS hace 20 años. 
Dice Putin lo siguiente: “Había que haber lanzado a tiempo la reforma económica de la URSS y fortalecer la reestructuración democrática en el país”.
Y luego añade Putin de manera cruel, pero muy real: “Había que luchar por la integridad territorial de nuestro Estado de manera más insistente, consecuente y osada, y no esconder la cabeza bajo la arena, dejando el culo al aire”. 
Sin palabras. Simplemente el golpe fue seco y a la quijada…¡y suelo! 
¿Hay culo al aire en otros lados?:
El neoliberalismo – el Gran Parásito - ha tenido un mismo y único método de trabajo para insertarse en las naciones y carcomerlas hasta derrumbarlas. Así ha operado desde el Consenso de Washington y desde la era Reagan-Tatcher. Es un método parasitario muy sencillo. 
Las fisuras por donde ha de infiltrarse la colonia de parásitos se empiezan a crear con políticas financieras laxas por parte de los organismos internacionales para generar problemas de endeudamiento y de desequilibrios fiscales en la gestión de un Estado determinado, el siguiente en la lista. Se lanzan cabezas de playa en la forma de intelectuales orgánicos afines al neoliberalismo – léase Salinas, en el caso de México -, y cuyas tareas de inicio son empezar a crear un medio adecuado - opinión y política - en el huésped y agravar y acelerar la quiebra del mismo. Se trata de una operación de sabotaje contra la nación. Y una vez lograda la quiebra, se procede al rescate con la reestructura financiera de la nación víctima, condicionado todo al sometimiento con respecto a las reglas del FMI y el BM. En general, las reglas del acuerdo anulan al Estado como ente regulador de la economía y como promotor del bienestar social, transfieren el patrimonio estatal a manos de los principales accionistas del FMI y dan a éstos carta legal como parásitos de la nación huésped. Por supuesto que, bajo esos pingües parásitos internacionales, hay parásitos locales pequeños, enanos, que participan del festín de manera subordinada, y que son los encargados, junto con la clase política afín, de operar el sabotaje y el asalto a la nación huésped.
Este proceso típico del Gran Parásito ya prácticamente lo han sufrido todos en el planeta, con excepción de algunos países que se resistieron heroicamente, y que, curiosamente, son hoy los mayores enemigos del principal accionista del FMI: EUA. Dos de estas excepciones aborrecibles son precisamente Irán y Cuba. 
El Gran Parásito tiene su historia. Empezó con América Latina y la URSS prácticamente al mismo tiempo, y siguió luego con el resto del mundo en vías de desarrollo. Y cuando terminó con todos los huéspedes foráneos posibles, se volvió contra sí mismo para empezar a carcomer a los estados de la UE y al propio estado norteamericano. Y es que esto no puede parar porque la razón de ser del Gran Parásito no implica de manera alguna un proceso racional y creativo, sino un proceso estrictamente destructivo. Y de ahí deriva la crisis económica que usted ve hoy en día recorriendo boyante a Europa y a los EUA. En el fondo, no es realmente una crisis, se trata simplemente de un acto de canibalismo por parte del Gran Parásito y cuya finalidad no es otra que concretar las mismas condiciones que ha creado en el resto del mundo – transferir riqueza del huésped al parásito -, pero ahora tomando a sus propios países de origen en calidad de huéspedes.
Las palabras de Putin contra don Gorbachov son bastante elocuentes para el buen entendedor. Sus palabras están inscritas en el marco de un entendimiento crítico del neoliberalismo y de sus efectos corrosivos en la URSS y luego en la Rusia. Y vaya que están llenas de verdad.  
Putin jamás negó en su crítica que fuera necesaria la democratización de la URSS. Lo que señala es que Gorbachov debió resistir al neoliberalismo y proceder a las reformas sociales y económicas necesarias sin perder la autonomía política y la figura del Estado soviético como eje de gravedad. Y quiérase o no, así se den de coces, el tiempo ha demostrado que Putin tiene la razón y que Gorbachov quedó corto para la tarea con un costo político enorme que puede ser el más grande de toda la historia del siglo XX. Las pruebas están a la vista: mientras Rusia y China caminan operativas, occidente se derrumba.
Y es desde esta perspectiva que las palabras de Putin describen, no solamente a Gorbachov, sino también a toda una deplorable generación de políticos occidentales pusilánimes y mediocres, especialmente latinos, que metieron la cabeza en la arena y…bueno, digamos que se cuartearon frente a la criminal doctrina Reagan-Tatcher. 
En México, este proceso invasivo del Gran Parásito lo operó el PRI, y luego el PAN asumió la prosecución del mismo. Solamente bajo el riesgo de aparecer como cretino ante los demás puede alguien negar que nuestra clase política oficialista carcomió deliberadamente al Estado mexicano hasta quebrarlo, para con ello entregarlo a la gestión política y administrativa del FMI. Ella, la clase política, extinguió al Estado y sentó las bases para la posterior subasta de los recursos de la nación hasta las últimas consecuencias. Y esa actitud mediocre, antipatriota, utilitaria y pusilánime en la clase política oficialista mexicana no ha mermado hasta el momento, sigue a más y mejor porque, milagrosamente, perviven aún algunos trozos famélicos de riqueza y soberanía pendientes de repartir a manera de botín con el Gran Parásito y sus esbirros locales. Y uno de los espacios pendientes es nada más y nada menos que el petróleo; el poco que resta, por cierto. 
Ese terrible mal en nuestra clase política oficialista, ese malinchismo político tan bien significado por las palabras de Putin, malinchismo que los embaraza con la semilla del conquistador, ha llevado incluso a los actuales aspirantes a la presidencia del PAN y del PRI a fundar prácticamente sus posibilidades de acceso al poder en su disposición para subastar PEMEX a las multinacionales del petróleo, otros de los grandes accionistas del Gran Parásito. Ellos, nuestros grillos oficialistas, parten del supuesto de que sus posibilidades respectivas dependen fundamentalmente de esa subasta. Y la voluntad del pueblo en las elecciones es para ellos, en realidad, cosa secundaria, porque es manejable, controlable, a partir de los valores agregados de esa disposición a la subasta.  
Ellos, priistas y panistas, saben perfectamente bien que su disposición para permitir la culminación total de la tarea del Gran Parásito sobre el cuerpo de esos trozos de soberanía y riqueza sobrantes - y que son de trascendental importancia para nuestro futuro como nación a estas alturas -, les asegura el apoyo de aquél con todos sus agregados políticos, de falsimedia local y global y…bueno, la lista es larga y usted ya sabe lo que integra el paquete completo. Y por supuesto que asumen que, una vez equipados con esos elementos en la contienda electoral, prácticamente la voluntad popular ya está en la bolsa, quiera o no quiera ésta.
Y no es sino por todo lo anterior que usted ya ha presenciado esa disposición franca y pública de Peña Nieto y Vázquez Mota para subastar a PEMEX cuanto antes, a la voz de córrele porque se acaba. Y de ahí también la insistencia de la COPARMEX por apremiar a estos dos jóvenes para que echen a la industria petrolera mexicana por la borda desde ayer. 
El PRI anuncia ya el relevo del PAN en la tarea depredadora. Todo encaja: PEMEX, falsimedia en acción, “Carro completo”…Así que tenga por cierto que, de ganar AMLO en este 2012, de nuevo habrá de intentarse otro fraude en virtud de los compromisos de la clase política oficialista con el Gran Parásito. Seguramente veremos operar de nueva cuenta al aparato global y local de falsimedia del Gran Parásito negando la realidad o invirtiéndola, argumentando legalidad en los resultados. Y no debemos menospreciar el poder de la falsimedia. Ya la vimos boyante en el 2006. En Libia fue capaz de fabricar una guerra libertadora de estudio en empresas televisoras y, a veces, hasta haciendo uso de actores y escenarios prefabricados – esto está demostrado -.   
Así que México enfrenta una seria encrucijada en este 2012: o continúa permitiendo que el Gran Parásito siga cebándose con los recursos de la nación con la colaboración del PRI y el PAN, y hasta extinguirlos, o le da un cambio al rumbo de la nación para hacerse un futuro posible de soberanía y abundancia para todos. Y no estamos solos en eso de optar por la libertad y la soberanía para sacudirnos al parásito. El mundo ya lo está haciendo, le está dando un viraje a este asunto, y el Gran Parásito ya empieza a periclitar.
De entrada, China, con su tradicional y sabia cerrazón al mundo, reforzada por su carácter temible, siempre fue refractaria al parásito y tuvo el talento para adoptar su modelo autónomo de mercado con fuerte presencia del Estado. Rusia ya escapó de sus garras desde el inicio de la era Putin y construye su modelo. Algunos pueblos de Europa despertaron con el canibalismo del Gran Parásito y ya están en batalla contra él con las barricadas en las calles. Islandia ya le dio su puntapié en el trasero y se liberó de él. Por otro lado, algunas naciones sudamericanas y del Caribe ya empiezan su proceso de unificación autonómica lejos de las fauces del principal accionista del FMI: EUA. Así que estamos en una fase de transición donde los pueblos ya se hartaron de sostener con sus recursos la ociosidad del Gran Parásito, y esto nos ofrece un estupendo momento de inercia. Una oportunidad excepcional de talla semejante aprovechó don Lázaro Cárdenas para nacionalizar la industria petrolera; una hazaña que a otros, en otras latitudes y en otras circunstancias, les costó la vida, y que hoy los priistas y panistas quieren echar abajo por sus urgencias electorales.  
Con todo, no deja de ser preocupante el hecho de que muchos mexicanos, pese a vivir en condiciones más deplorables que los pueblos europeos, sigan creyendo en la falsimedia y renuncien a la posibilidad de alzar la voz para darse un mejor país. Pero más preocupante es aquello que otros sigan considerando la posibilidad de votar por los dos colaboradores del Gran Parásito: el PRI y el PAN. Gran ironía…un espacio casi surrealista, ¿no?  
Qué bien encajan las palabras de Putin contra Gorbachov en nuestra realidad mexicana. Hasta parece mexicano.

Buen día.


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