Explosión en PEMEX: Los ganadores y nosotros.

¿Se adelanta en algo con aquello de que los mexicanos especulen sin cansancio sobre la causa de la explosión en PEMEX?
Afirmo que a nadie que sea ajeno a los hechos de PEMEX le adelanta en algo con especular y sí que pierde mucho en otros terrenos de interés vital para la vida pública. Le demostraré esto.

Pero antes que nada, aclaremos que la explosión de PEMEX no se trata de una complicadísima madeja de eventos que supere a las mismas suspicacias y finuras de la mente deductiva del mismo Sherlock Holmes. Podrá ser una complicada madeja para los integrantes del actual régimen, México S. A. de C. V., porque ellos sí que son probadamente unos francos ignorantes e incompetentes. Y de su ignorancia e incompetencia da muestra fehaciente el mundo pestilente de indicios incontrovertibles de tarjetas Monex y Sorianazos que dejaron tras de sus acciones ilegítimas en la pasada campaña electoral, y que en un país democrático les hubieran valido, no solo la descalificación y la derrota, sino la cárcel, y por muchos años, toda vez que hablamos de pecados contra una nación. Pero a lo dicho: lo cierto es que este asunto de PEMEX no es esa madeja complicada que quieren aparentar. El asunto aquí se reduce a las siguientes hipótesis, y las cito por orden de verosimilitud, de menos a más.
Primera, un accidente. Esta posibilidad es la de mínima pero mínima verosimilitud, casi un imposible. Sería harto complicado que se pusiera a calcular de manera objetiva las probabilidades de ésta y las demás hipótesis, en caso de que fuera posible hacerlo. Pero le garantizo al cien por cien que, si hiciera eso, se encontraría al final con una cifra miserable y despreciable a más para esta hipótesis. Y con todo, sin calcular, usted puede acudir al sentido común para imaginarse con alguna razón intuitiva esta situación: ¿cuál es la probabilidad de que este suceso de la explosión ocurra perfectamente yuxtapuesto con la víspera al anuncio de la reforma energética? Sería una cifra tan despreciable, que su ocurrencia debería ser tenida como un verdadero milagro. Y de ahí, de la misma ocurrencia del milagro, tal como ha sucedido, es que las gentes sean víctimas fáciles de la inclinación a especular. 
Segunda, un tradicional atentado terrorista. Esta es de mínima verosimilitud en tanto que, hasta ahora, nadie ha reivindicado el hecho a su autoría. Y para entender esto, parta del siguiente principio incontrovertible: El negocio de los verdaderos terroristas es el espectáculo de la muerte con firma de puño y letra del mismo autor. No hay terrorista que se dé al lujo de realizar atentados con la vista puesta en el anonimato. Suponer esto, es suponer que haya alguien en esta vida que actúa sin fines propuestos y conscientes, y eso es simplemente estúpido.
Tercera, bandera falsa, un autoatentado.  Esto es muy verosímil si atiende a los consecuentes a la vista del hecho mismo, y no a sus oscuros antecedentes. Por lo menos esta hipótesis es ya tremendamente sugerente cuando se la pone frente a los hechos, tal como van sucediendo ya, y cuando detecta con claridad quiénes son los ganadores con este terrible espectáculo.  
Cuarta, un conflicto entre mafias políticas cuyo epicentro es PEMEX y la disputa por los negocios turbios de ayer, hoy y mañana, entre las partes en disputa. Se trata de la hipótesis de máxima verosimilitud, donde la reivindicación de la autoría no necesita ser pública porque ya está implícita en el mismo acto para los afectados, porque se trata de mafias que ya se conocen los rostros y donde impera la máxima del: Al buen entendedor...
Y bien, hasta ahí, nada tiene usted en firme y de manera objetiva por más que se devane los sesos tratando de encontrar explicaciones al asunto. Lo único que usted logrará, al final, es quedarse con un ordenamiento de hipótesis según verosimilitud, donde estarán a la cabeza las más sugerentes, las que más confirman sus sospechas. Pero tome en cuenta que hablamos de sospechas donde los ladrillos han sido puestos mayormente por la imaginación y el sentido común, más no por la objetividad plena.
¿Y le adelanta en algo esto? No, en nada. Y todavía menos porque jamás logrará dar un paso más allá de eso, porque nada podrá probar en el ámbito de la objetividad mensurable. Y así, jamás logrará dar un paso más allá de la imaginación sugerente, persuasiva. Y afirmo que no saldrá de ahí jamás por la siguiente razón.
El gerente del país, México S. A. de C. V., cuyo nombre es Enrique Peña Nieto, podrá aparecer al final en cadena nacional, en su bienamada caja loca, antecedido por supuesto por una tormenta de comerciales que justifiquen comercialmente el tiempo dedicado a él, para espetarnos al final su hipótesis probada sobre la explosión de PEMEX, su objetividad mensurable, su verdad de los hechos. Pero con todo y eso, aquí hay un problema que se llama: falta de veracidad.
En efecto, las palabras de Peña Nieto, cualquiera que éstas sean, no abonarán en nada en su verdad, la suya, porque él carece de veracidad y, en este sentido, usted seguirá atrapado en la imaginación persuasiva que solo da a luz sospechas creíbles, sugerentes, verosímiles. Y de ahí no pasará. 
Y este es un problema suyo, no de Peña Nieto. Y esto es así, porque Enrique Peña Nieto ya sabe de antemano que sus palabras carecen de toda veracidad ante la mayoría de los mexicanos. El ya da por descontado que los muchos mexicanos no le creerán ni un celemín de sus palabras. Pero eso no le importa a él, porque, como dije, ya lo da por descontado. Para él, lo único que importa es que usted no pueda probar jamás nada en contrario de lo que él espete en la caja loca. Así que el problema es suyo porque, por esa falta de veracidad, que no es su culpa, sino la de ellos, de los grillos oficialistas, usted estará condenado a seguir en la imaginación persuasiva que pare solo sospechas verosímiles.
Hasta aquí, ya le anuncié el fututo cierto en este caso. Y le vuelvo a preguntar algo: ¿Le adelanta en algo saber que, pase lo que pase en el asunto explosión de PEMEX, diga lo que diga Peña Nieto al final, haga lo que haga usted con sus especulaciones, no saldrá de sospechas muy verosímiles pero imposibles de probar?
Claro. En nada le adelanta esto de entregar su tiempo a las especulaciones de la explosión de PEMEX. Pero además de no adelantar en nada, y como decía al abrir este apunte, sí que está perdiendo mucho en otros terrenos de más interés para nuestro futuro como colectivo. Y para comprender lo mucho que está perdiendo en esto, póngase a analizar, ahora sí de manera muy objetiva y mensurable, porque eso sí que es posible a estas alturas, quiénes son los que están ganado con esta ola de especulaciones.
A nadie que se precie de cuerdo pasa por alto que la explosión de PEMEX y su consecuente ola de especulaciones solo han venido a abonar en favor del actual régimen toda vez que, por accidente o de manera deliberada, no lo sabemos, con esto ha logrado mantener la mente de los mexicanos ocupada en juegos triviales de imaginación -especulación sobre las causas de la explosión -, y no en el quid del asunto PEMEX: la venta de PEMEX pretendida a través de la engañosa y ambigua reforma energética. Y le garantizo que nada sería tan deseable para el actual régimen como que esa ola de especulaciones se prolongue hasta que el congreso, debidamente maiceado por las siete hermanas del petróleo, apruebe la reforma en santa paz.
Y el asunto no solo ha sido útil en este sentido para el actual régimen, sino que puede, y digo que solo puede, abonar un poco más en la posibilidad de rascar algo de la anhelada  legitimidad carismática y moral en favor de Enrique Peña Nieto. Ahí debe usted encuadrar, por ejemplo, los tres días de luto nacional que a nadie le importa, las visitas al hospital, las vistas a la zona de desastre, y todas esas trivialidades sentimentaloides  que se han dado hasta ahora y que vendrán a raudales en los siguientes días. 
Y para dar mayor certidumbre a esto que digo, solo tiene que volver los ojos hacia aquellos ruiseñores del régimen que de manera acostumbrada cantan mentiras a favor del mismo. ¿Acaso no son ellos los que más se han entregado a las especulaciones sobre este asunto en estos días? ¿No hay por ahí uno incluso que habló de "terrorismo sin adjetivos" con imprecisiones analíticas de tal envergadura que ya me mueven a dedicarle otro artículo especial, y que se equivocó recién 101 veces de manera sistemática en un asunto delicadísimo, con los mismos niveles de confianza, los mismos errores probables y aproximadamente los mismos resultados porcentuales? Si usted fuera un hombre prudente, si en realidad deseara vivir con consecuencia y sabiendo a qué atenerse, de cierto le digo que todo lo dicho por estos ruiseñores debería ser para usted ya una suerte de sólido faro de luz en la costa, no para guiarse por el camino seguro a puerto en medio de la tormenta, sino por la ruta que con toda certeza le llevara al infeliz encallamiento en los arrecifes.
Así que, probadamente al nivel de la sensatez, esto es lo más importante para usted, ciudadano: abandonar ya el artilugio externo de las especulaciones detectivescas propalado por los ruiseñores macabros, para volver sus ojos al quid del asunto: la reforma energética por sí. Porque se trata de una reforma energética camuflada torpe y burdamente de buenas intenciones discursivas, pero que en el fondo pretende culminar la última fase de saqueo a la nación. Un proceso de saqueo que empezó con la irrupción del neoliberalismo en este país hace ya más de treinta años, por obra y gracia del pedante y ruinoso Salinas, y que no ha culminado. Y sobre esto hablaremos a detalle en siguientes artículos en este diario, aprovechando también algunos apuntes documentados que he publicado tiempo ha aquí mismo, especialmente sobre el petróleo. Demostraremos, pues, al paso de los días, el camuflaje torpe de esa nueva intentona de saqueo priista a la nación.  
No dejo de advertir que, a estas alturas, es muy probable que algunos se vean impulsados por su imaginación para tratar de enlazar lo anterior, el saldo del ganador en todo esto, que son consecuentes ya objetivos, medibles, con la tercera hipótesis que cité arriba: la bandera falsa a través del autoatentado. Y nada más natural que esto porque la mente trabaja así. Y sucede que, en este escenario, y para nuestra desgracia, los consecuentes objetivos, que ya atestiguamos con los sentidos mismos, se enlazan perfectamente bien con la bandera falsa para contento de la propia imaginación. Mas vuelvo a advertir que todo intento por esta ruta está condenado a parar en un simple juego de sospechas muy verosímiles, porque la información que es menester aquí para dar el salto a la objetividad mensurable no está en su mesa, en la suya, sino en la mesa de los que controlan al régimen y su información.
Cierto que esas sospecha verosímiles podrán ser de gran utilidad para usted a la hora de normar su conducta sabiendo a qué atenerse. Pero una vez descubiertas y afirmadas por cuenta propia, no es prudente entregarle demasiado tiempo de su vida a quienes tienen por oficio rutilante el de oficiar como ruiseñor de la confusión y la mentira.  
A manera de conclusión, solo le recomendaré hacer las siguientes cosas si es que desea abonar en favor suyo y de la nación y no seguir un juego inútil cuyos consecuentes pueden ser gravísimos para todos.
Primera: Forme sus sospechas más verosímiles por cuenta propia, y solo por cuenta propia, en torno al asunto explosión PEMEX, y una vez logrado eso, abandone ese barco. No escuche más a los ruiseñores. Abandone en ese punto todo impulso a especular sobre la explosión de PEMEX, porque entre más usted se ancle en este juego inútil, más espacio le da a la mentira en todos los ámbitos y más tiempo otorga para que la maldad se concrete por completo en otras rutas sin que alguien le ataje el paso. 
Segunda: Vuelva sus ojos a la pretendida reforma energética para desentrañar ahí la verdad tras el camuflaje discursivo. Este es el quid del asunto. 
Tercera: Si es un mexicano bien nacido, si no es un bastardo vendepatrias, prepárese para estar bien dispuesto a salir a las calles si es preciso para evitar esta última fase de saqueo a la nación, porque como se lo demostraré en los días que vienen, en este lance se juega el futuro de los hijos de sus hijos de sus hijos...

Buen día.  

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