EPN y su mentirosa reforma energética.

Sobre la experiencia como criterio de verdad:

La vieja ciencia silogística imperó como modelo único y absoluto de ciencia desde la Grecia clásica - Sócrates, Platón y Aristóteles - y hasta culminado el tronco principal de la escolástica medieval. Este método seguía el ideal del perfecto razonamiento matemático, es decir, partía de principios o proposiciones generales para luego deducir - demostrar - proposiciones particulares. El típico y muy socorrido ejemplo de este saber silogístico es el siguiente:

- Todos los hombres son mortales (premisa mayor) Sócrates es hombre (premisa menor) Sócrates es mortal (conclusión)

En este método de saber científico la premisa mayor es la prueba de la conclusión que se obtiene por deducción.

Los problemas con este viejo modelo es que no añade nuevo conocimiento por su desprecio a la realidad objetiva - los hechos - y que es propensa a los abusos por prejuicios. En cuanto a los abusos le pongo el siguiente caso.

En ese entorno de la vieja ciencia silogística bastaba con que a un sabio de amplia reputación y consenso - Aristóteles, San Agustín - se le ocurriera construir una doctrina política con fundamento metafísico en algún Ente trascendente - Idea, Dios, Espíritu - para extraer de ahí proposiciones universales o primeras que le sirvieran para probar o demostrar - deducir -  proposiciones particulares a su antojo. Imagine, por ejemplo, que a uno de esos sabios se le antojara - y ocurrió muchas veces - afirmar en su doctrina que la clase sacerdotal era la representante de la voluntad de Dios en la Tierra, o que un individuo determinado era la encarnación del Espíritu en la Tierra. Una vez afirmado y aceptado eso en la doctrina de marras, ya se hacían posibles toda clase de demostraciones silogísticas a modo que abrían las puertas a toda clase de abusos; abusos que, además, se demostraban como necesarios con la misma ciencia silogística.

Fueron estas dos limitaciones o problemas con la vieja ciencia silogística lo que generó la gradual revolución del saber científico que fue, esencialmente, desde Galileo - ciencia como objetividad mensurable - hasta empirismo y positivismo. Fue ésta una revolución que gestó una ciencia nueva donde el criterio o norma de verdad está en la relación razón-experiencia, y gracias a la cual nos hemos desembarazado de consideraciones metafísicas, trascendentes, espiritualistas y supraterrenales en el saber científico para centrar la atención en los hechos; pero no en los hechos según esencia, sino en los hechos según relaciones que dan forma a leyes según regularidades.

Una vez que la verdad quedó aceptada como concordancia entre razón y experiencia, la vieja ciencia silogística perdió de todo valor científico y sus proposiciones generales al estilo de "Todos los hombres son mortales" pasaron a ser consideradas a manera de convenciones linguísticas sin valor probatorio alguno. Esto significa que en la estructura del viejo silogismo la proposición universal "Todos los hombres son mortales" - premisa mayor - ya no demuestra la proposición particular o conclusión que consiste en afirmar que usted, su vecino o el filósofo Sócrates, sean mortales.

En efecto, para la ciencia nueva la prueba o demostración tanto de la premisa mayor - Todos los hombres son mortales - como de la conclusión - Usted es mortal - es nuestra experiencia pretérita acumulada en torno a la mortalidad. Y solo a partir de esa experiencia es que podemos inferir la verdad de ambas proposiciones con el mismo grado de certeza.

Tampoco los axiomas más generales se salvan en esta revolución pues también son vistos como resultado de nuestra experiencia acumulada. Tome, por ejemplo, el axioma siguiente: Dos líneas rectas no pueden dar lugar a una superficie. Si para los viejos científicos del silogismo esto era una idea abstracta e innata, para la nueva ciencia ese axioma deriva de nuestra experiencia acumulada con las líneas rectas y las superficies concretas; experiencia que, por su completa regularidad a lo largo de la historia, se ha convertido en un axioma.

Ahora bien, como la ciencia es previsión - y en esto no ha habido cambios -, es forzoso que en la visión de la ciencia nueva lo que "será" en cualquier análisis científico - predicción - esté fundado en lo que "es y ha sido" - experiencia -.

Vuelvo a tomar el ejemplo típico del silogismo para clarificarle el cambio que trajo la ciencia nueva:

- Todos los hombres son mortales (premisa mayor) Sócrates es hombre (premisa menor) Sócrates es mortal (conclusión)

Para que la proposición universal o premisa mayor del silogismo pueda ser prueba de la proposición particular o conclusión del mismo, antes yo debo conceder o no respecto de la verdad de la premisa mayor. En otras palabras, para aceptar como verdad que usted es mortal, antes debo conceder en que todos los hombres son mortales. Y para deliberar en torno a la verdad de esa premisa mayor puedo acudir a tres alternativas: La autoridad de quien hace la proposición, la tradición, o la experiencia acumulada.

Así, yo puedo creer que su afirmación "Todos los hombres son mortales" es verdad ya bien porque usted es un experto en el arte de las Parcas - autoridad -, o porque así lo hemos creído siempre - tradición -, o porque mi experiencia acumulada me dice que eso es verdad. Para la ciencia nueva la vía legítima es la tercera - la experiencia -, y quien procede a través de la autoridad y la tradición acude a los prejuicios y dogmas y es tenido con justicia como un hombre de pensamiento antiguo o medieval.

Tal vez a estas alturas usted se diga que estas sutilezas demostrativas de la ciencia nueva no tienen sentido toda vez que no es indispensable demostrar de manera alguna que todos los hombres son mortales porque es una cuestión obvia. Mas tome en cuenta que es obvia, al nivel de verdad de perogrullo, porque la mortalidad es precisamente un hecho recurrente e inmediatamente evidente en nuestra experiencia. En otras palabras, si creemos que todos los hombres son mortales es porque así lo indica nuestra experiencia acumulada y no porque lo haya dicho Aristóteles. Pero además, tome en cuenta que la enorme mayoría de los fenómenos en la vida no son tan inmediatamente evidentes y tan obvios como la mortalidad, y es donde puede darse lugar a los falsos razonamientos que parecen verdaderos y que dan lugar a los errores por prejuicios.

¿Y cómo es posible este error por falso razonamiento que parece verdadero?

Por la sencilla razón de que el silogismo no ha perdido total vigencia. En efecto, si el silogismo ha dejado de poseer valor de prueba, sí que ha prevalecido hasta ahora como estructura básica de nuestro discurso para otorgarle coherencia. Y aquí está el problema con el silogismo porque es el vehículo perfecto para los falsos razonamientos mencionados arriba.

Los silogismos y los falsos razonamientos en la reforma energética del PRI:

El PRI, a través de @EPN y de su junta de sabios comandada por Luis Videgaray, nos lanza sistemáticamente un discurso que, a mi criterio, se compone básicamente de los siguientes razonamientos silogísticos encadenados:

- Toda política de fomento al empleo fomenta el bienestar general. Las políticas de fomento a la inversión privada fomentan el empleo. Las políticas de fomento a la inversión privada fomentan el bienestar general.
- Las políticas privatizadoras fomentan la inversión privada. La reforma energética privatizará un porcentaje de la renta petrolera. La reforma energética fomentará la inversión.

Y listo. Una vez que usted encadena los razonamientos priistas obtiene un resultado demostrado que se presume necesario e indisputable:  La reforma energética fomentará la inversión privada, luego el empleo, y luego el bienestar general. Y esto lo afirman los priistas con el espíritu dogmático muy propio de los idealistas románticos alemanes: Así habrá de ser necesariamente y no de otra forma, al grado tal que si la dichosa reforma no se efectúa, según ellos, el país se derrumba o al menos deja pasar una oportunidad de oro irrepetible. Y no dramatizo en esto, porque así lo hacen ver ellos en sus propias palabras.

A estas alturas usted puede referirse a lo que apuntamos arriba en torno a los silogismos para determinar si conceder o no conceder valor de verdad a las afirmaciones del PRI en este terreno. Y como dijimos, tiene básicamente las siguientes opciones.

Por un lado, puede asumir la actitud de pensamiento de un hombre de la antiguedad o de la Edad Media para incurrir en la falacia de la "autoridad" o la "tradición" y conceder con el PRI y dar por demostrada su conclusión como verdad necesaria: La reforma energética fomentará el bienestar general. Mas le recuerdo que al hacer esto está tomando solo como norma de verdad los pronunciamientos del PRI y la falaz petición de principio de este partido en el sentido de que usted crea en ellos, por sí mismos.

O por otro lado, puede asumir la actitud de un hombre educado y de pensamiento moderno para ser lo más exacto y objetivo posible en sus juicios. Esto significa que habrá de limitarse a considerar los pronunciamientos priistas como lo que son cuando vistos en sí mismos, a manera de simples convenciones linguísticas, para luego remitirse a la experiencia acumulada al caso para inferir el grado de verdad de esos mismos pronunciamientos, tanto en sus proposiciones generales - premisas - como en sus conclusiones.

El veredicto de la experiencia:

No sé usted, pero como yo elijo hacer honor a mi educación para comportarme como un hombre de pensar moderno, paso a ofrecerle algunos elementos mínimos de experiencia acumulada que me permiten inferir que las proposiciones silogísticas del PRI en materia de reforma energética son más falsas que una moneda de tres pesos.

En efecto, sucede que a lo largo de todo el tiempo que va desde la irrupción del neoliberalismo y sus privatizaciones con Miguel de la Madrid y hasta la fecha, se nos ha recetado una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, y hasta el hartazgo, exactamente el mismo discurso silogístico que apunté arriba, aunque acomodando sus términos a cada caso en particular según se trate: TELMEX, bancos, siderúrgicas, transportes, y etc. Y en cada caso el discurso político fue el mismo: Las privatizaciones traerán un fomento a la inversión privada y al empleo, y eso permitirá fomentar el bienestar general de la nación.

Sin embargo, han pasado más de treinta años de esto y resulta que, contra lo pronosticado por los silogismos del PRI y el PAN - privatizaciones que fomentan el bienestar general -, el bienestar general de la nación va en declive en virtud de que se agrava la concentración de la riqueza y se intensifica la pauperización de la clase trabajadora. Y esta decadencia ha llegado a grado tal que hoy en día somos un país modélico negativo en tanto que poseemos a un club de selectos multimillonarios de orden global y a una masa de pobres miserables que se cifra en algo más de 60 millones de seres humanos.

Algunos defensores y adoradores criollos del neoliberalismo gustan de atravesar el argumento inútil de que eso sucede en México por determinados males intrínsecos a nuestro propio sistema y que no han sido atendidos con propiedad. Mas para echar por tierra estos argumentos le ofrezco la siguiente gráfica referente al ingreso promedio de los USAmericanos entre 1946 y 2008 y como porcentaje del ingreso promedio prevaleciente en el año de 1979. Tome en cuenta que se trata de los EUA, el eje rector de este neoliberalismo privatizador.  



Como usted puede ver, entre 1946 y 1980 el ingreso promedio de las personas con ingresos más altos – el 1 % de los USAmericanos, en color naranja - y del 90 % del resto de USAmericanos – en color azul -, representaban porcentajes muy semejantes entre sí. Eso no significa otra cosa que un crecimiento económico en términos de mayor equidad y justicia entre los USAmericanos. Estamos hablando del sueño americano, del Estado de Bienestar, de la última etapa del New Deal keynesiano de Roosevelt, de los tiempos en que en la clase política USAmericana primaba un espíritu progresista, industrioso, muy democrático e igualitarista. Sin embrago, a partir de la instauración del neoliberalismo como nuevo orden económico mundial a partir de los inicios de los años ochentas - con Ronald Reagan y la fiera Tatcher -, vemos que el ingreso promedio del 1% más rico de aquel país - en color naranja - se empezó a disparar de manera sorprendente. Abajo, en azul, puede usted ver el ingreso promedio del 90 % de USAmericanos que no están entre los más ricos. Es claro que, mientras ese 90 % ha mantenido un crecimiento aplanado y exiguo en sus ingresos, el 1 % más rico ha reportado crecimientos estratosféricos en dicha variable, lo cual ha propiciado una brecha monumental que tiende a crecer en la distribución del ingreso en los EUA entre el 1 % más rico y el 90 % del resto de USAmericanos, o la plebe del país vecino.

Como puede constatar, la decadencia del bienestar general a partir de la irrupción del neoliberalismo privatizador es un fenómeno compartido por México y EUA. Y le garantizo que lo mismo ha ocurrido en todos los lugares en que el neoliberalismo ha puesto sus garras pestilentes.

Pero otra vez algunos partidarios criollos del neoliberalismo en México aducen el siguiente argumento falaz  cuando son enfrentados a este resultado real que contradice al discurso neoliberal privatizador: "Todavía no vemos los resultados positivos en bienestar general porque las reformas en México no se han realizado por completo".

Como dije, argumento falaz, y por doble partida. Primero, porque asumen la misma postura de los viejos científicos del silogismo al ignorar o despreciar la relación de causalidad que ha establecido la realidad social patente desde entonces y hasta la fecha y poner a salvo así su falaz discurso silogístico. Una realidad que nos habla de lo siguiente: A más reformas privatizadoras, más concentración de la riqueza en manos de minorías privilegiadas, más miseria de la clase trabajadora - las mayorías -, y más decadencia del bienestar general. Segundo, porque desautoriza el discurso privatizador prianista del pasado y el presente. En otras palabras, si los efectos positivos sobre el bienestar no se darán sino hasta que el Estado mexicano haya sido desmantelado y repartido por completo entre los grandes corporativos empresariales, ¿para que se anunciaban efectos positivos sobre el bienestar con cada golpe privatizador parcial en los últimos decenios? Y los que es más: ¿Para qué se anuncian efectos positivos sobre el bienestar a partir de la misma reforma energética? ¿Acaso la privatización de la renta petrolera es el último acto expropiatorio de esa junta de pillos millonarios? ¿De qué se trata, señores? ¿Se la han pasado engañando al público para desmantelar al Estado mexicano?

Como yo elegí actuar en esto como un hombre de pensar moderno, solo puedo decir que la experiencia acumulada en el mundo del neoliberalismo nos deja inferir una relación inversa entre la intensidad de las políticas de privatización y el bienestar general en México. En otras palabras:  A mayor privatización, más decadencia en el bienestar general. Lo cual, a su vez, me permite inferir que la reforma energética del PRI traerá más concentración de la riqueza, más pobreza de la clase trabajadora, más desigualdad y más decadencia del bienestar general.

Para lo anterior recuerde lo que dijimos sobre el espíritu de la ciencia nueva. Me refiero a que todo pronunciamiento en torno a lo que "será" - predicción del futuro - deberá estar fundado en lo que "es y ha sido" - experiencia acumulada -.

Podemos concluir, pues, que la experiencia acumulada nos demuestra que las proposiciones y conclusiones del discurso silogístico del PRI en materia de reforma energética son completamente falsas. 

Solo nos resta indagar algo: ¿Por qué el PRI propaga un discurso falso en el tema de la reforma energética? ¿Se trata de un error o de una mentira deliberada? Mas eso lo veremos en el siguiente apunte. Prometido.

Buen día.

Comentarios