Enrique Peña Nieto y los profetas de la tele.

Resumiré mi apunte inmediato anterior titulado “Enrique Peña Nieto y la fábrica de idiotas”, buscando encadenar los argumentos principales hasta la conclusión. Hago esto para darle un punto de referencia a este nuevo apunte, que bien puede ser visto como una continuación, pero también para dar satisfacción a la solicitud que me plantearon en este sentido algunas gentes.




Resumen:

1. Renacimiento, racionalismo e iluminismo, sacuden el letargo medieval de la historia y establecen a la razón como guía única del hombre.  
2. También se dan límites a la razón: es falible; requiere de los datos de la experiencia; y debe estar sujeta a las leyes del entendimiento (John Locke, David Hume y E. Kant) 
3. Con esto, el análisis crítico de la historia termina como un fundamento de la ciencia Política. La razón exige la crítica de los errores, aciertos y torpezas de la historia para su prosecución de manera mejorada en beneficio de las sociedades humanas.
4. El futuro no existe. El pasado sólo existe como memoria personal o como historia. El futuro sólo sirve para conjeturar, especular, predecir o pronosticar posibles eventos a futuro. Mas, toda especulación, conjetura, predicción o pronóstico en este sentido, estará también fundada en datos del pasado, en la historia.  
5. Peña Nieto, en su informe de Gobierno, dijo lo siguiente: “La mejor oferta política no es la que condena el pasado, sino la que ve hacia adelante…” 
6. Dado esto, Peña Nieto sepulta a racionalistas e iluministas estableciendo un revolucionario criterio que norma a la política: el político eficaz es el que ve el futuro, y el ineficaz es el que critica el pasado.
7. Primer problema de Peña: No fundamenta objetivamente su nuevo criterio. Se debe concluir que su fundamento es el capricho de su voluntad, que no es sino autoritarismo.
8. Segundo problema de Peña: El iluminismo proponía criticar a la historia para mejorar el presente y planear un mejor futuro. Peña Nieto propone ver al futuro, lo inexistente; y si se ve el pasado, no se debe criticar.   
9. Con lo anterior, el PRI de Peña Nieto se ha pronunciado por dos “ideologías”: primera, la antirazón como guía de la acción para el partido (la misma historia debe continuar en el presente y en el futuro); y segunda, la ilusión como guía de acción política para los ciudadanos de a pie (disipar el pasado y el presente de la mente del ciudadano) 
10. Se concluye que la finalidad del PRI de Peña Nieto es convertir al pueblo de México en una fábrica de idiotas que vivan de la ilusión política, y según convenga a los dueños de la fábrica: el PRI de Peña Nieto, la oligarquía y la televisión.

¿Qué es la ideología de la antirazón del PRI?:

Como lo dice la palabra, la antirazón es la negación del primado de la razón en la acción política. En este ámbito, la razón es suplantada por la voluntad de poder como guía en el reino de la política. La antirazón es, pues, un pronunciamiento entusiasta y firme por el conservadurismo o aun por lo retrógrado. 
En política, la antirazón, el derecho de la fuerza o la voluntad de poder - como quiera llamarle -, es la norma que rige la conducta de los gobiernos despóticos o antidemocráticos. Se trata del tirano del que hablaba John Locke – persona o clase política –, y que termina por coartar la libertad de los ciudadanos para someter a la sociedad política a sus caprichos con tal de saciar sus apetitos de poder y riqueza. 
La voluntad de poder ha sido la divisa del PRI desde sus orígenes. Lázaro Cárdenas representó tal vez el único momento de suspensión o relajamiento, pero volvió a surgir después de éste y creció hasta encontrar su clímax o apogeo durante el Salinato. Y la prosecución de la voluntad de poder a más y mejor queda patente y manifiesta en el discurso de la antirazón del nuevo PRI de Enrique Peña Nieto.
Esto no debe sorprendernos. La voluntad de poder ha sido una inclinación humana siempre presente en la historia. Siendo la fuerza opuesta a la razón en la política, ha determinado los momentos de bajamar y estancamiento en la historia del hombre. Gracias a ella hemos acudido a las formas de gobierno más brutales, a la suspensión de todo progreso, y hasta al retroceso y la destrucción de los bienes civiles. La vemos hoy en día actuante, determinado el rumbo de las relaciones políticas y económicas entre el mundo desarrollado y los de “abajo”. Tucídides la trae a cuentas en incontables pasajes de su “Historia de la Guerra del Peloponeso”. Y si la Atenas clásica, pese a su inigualable esplendor cultural, y pese a su democracia participativa, fue víctima de ese cáncer, ¿acaso México estará libre de este problema? 
La prudencia indica que no hay que sentirnos a salvo de este problema; y menos cuando el discurso del PRI se pronuncia por la antirazón.  

¿Qué es la ideología de la ilusión del PRI?:

La noción de “ilusión” surge cuando se advierte la posibilidad de que los sentidos nos engañen por momentos y bajo determinadas circunstancias.  
La “ideología” de la ilusión del PRI no desactiva a la razón, más bien la somete a engaño sistemático. Y este engaño consiste en el uso intensivo de la propaganda televisiva para persuadir al ciudadano sobre varias cosas: 

1. La historia ha muerto porque el viejo PRI ha muerto.   
2. Hay un nuevo PRI que surgió de la nada. 
3. Como el nuevo PRI surgió de la nada y es nuevo, entonces no tiene historia y es inocente de todo.
4. Los nuevos priistas son buenos muchachos y les gusta servir, no que les sirvan. Por servir, son capaces de pagar.
5. El PRI real es el que usted ve en la televisión. 
6. El PRI del mundo real es una ilusión, una falsa apariencia. Y los enemigos del PRI son los sofistas que pretenden engañarlo tratando de hacerle creer que esa ilusión es real.
7. Como el PRI del mundo real es una ilusión, puede parecerle horrible en ocasiones. Pero no se preocupe, recuerde que es una ilusión.
8. Pero siempre que el PRI del mundo real sea demasiado horrible, entonces de plano mejor es inexistente, o hasta un mal sueño.
9. Todo aquel sofista que insista en eso de afirmar que el PRI de la televisión es irreal y que el PRI del mundo real es el de verdad, será tenido por ateo, hereje, terrorista, comunista, anarquista, maricón, apátrida y, lo que es peor:  por peligro para la nación. 

Tomando en cuenta los puntos fundamentales, que son el 5 y el 6, se trata de la creación de un mundo político virtual en la conciencia del ciudadano, y que ha de tener mayor valor de verdad que el mundo político real. 
Como se puede ver, la ideología priista de la ilusión nos va resultando una suerte de platonismo bizarro y demencial. Pero es así para nosotros, no para ellos. No, a los priistas esto les ha funcionado estupendamente bien.
El vehículo de la ideología de la ilusión: 
Sabemos que el vehículo de la ideología priista de la ilusión es la televisión. Esto tiene mucho sentido porque la experiencia nos demuestra que la caja loca posee un poder casi absoluto sobre la mente de los ciudadanos. 
El contenido del mundo priista virtual:

El mundo priista virtual, el de la televisión, está conformado de la siguiente manera:
1. Discurso virtual: palabras sin referentes objetivos en el mundo real, pero sí con referentes en los hechos virtuales y en lo sentimientos del mundo de la televisión.
2. Hechos virtuales: imágenes artificiales, mundo real invertido o deformado, hechos fuera de contexto, apariencias, iniciativas muy mexicanas con palo ensebado, atínele al precio como paradigma económico, política de la belleza, erotismo político, altruismo hipócrita y pecuniario como relevo del Estado de bienestar social, la vida feliz y glamorosa de los políticos, los botones de la camisa, artistas como corifeos, especulaciones bizantinas de tercer nivel, y demás cosas muy propias del frívolo mundo del espectáculo. 
3. Sentimientos: lo bueno y lo malo, así nos tocó vivir, alabanza y condenación, lo bello y lo feo, lo trascendente y lo nimio y, sobre todo, la diversión a costillas del enemigo como recurso para la fuga de la trágica realidad.  

El nuevo dios de la sociedad civil: 

En el mundo real, no en el mundo de la televisión, la razón tiene dos formas de conocer: conocimiento intuitivo y conocimiento demostrativo. El conocimiento intuitivo es el que se da de manera inmediata con las percepciones; es el conocimiento que nos da las ideas básicas. El conocimiento demostrativo toma esas ideas básicas, construye ideas complejas, abstrae, fabrica argumentos y pruebas, y procede a demostrar o a refutar hipótesis.  
Al final, la razón garantiza y da fe de la verdad del mundo real con la intuición y la demostración. A todos nos queda claro que, cuando alguien demuestra objetivamente una hipótesis como verdadera o falsa, nos convence completamente. Y aparte de que nos convence, nos ponemos en pie, le aplaudimos y lo colmamos de hurras festivas. 
Pero la televisión no convence, persuade. Así que no necesita de pruebas ni de demostraciones para garantizar la verdad de su mundo. Y su poder de persuasión es tan enorme, que puede con toda facilidad insertar el mundo priista virtual en la mente del ciudadano, mientras éste permanece pasivo o hasta entusiasta. Pero no se trata de un poder gimiente y doloroso; es más bien un suave y divertido poder que socava las zonas falibles de la razón a golpes de sugestión.  
En el fondo, la “ideología” de la ilusión del nuevo PRI opera a través de un mecanismo de persuasión muy semejante al de la religión, y donde la televisión tiene un papel central. Uno sólo tiene que analizar cómo es que las personas se suman a un dogma religioso para entender esto. 
La mayoría sabrá de los conflictos morales y los suplicios volitivos de Homero Simpson cada vez que tiene que deliberar entre la televisión y el servicio religioso dominical. Aunque caricatura, esto es una crítica a nuestra cultura moderna. Es cierto esto. El ciudadano suele tener un entusiasmo por la televisión que es más poderoso que el entusiasmo profesado a Dios. Se trata de una especie de “endiosamiento” con la televisión, de ahí que yo le llame “entusiasmo”. Y todo el proceso parte de ahí. 
La televisión difunde y afirma el mundo virtual del PRI – discursos, hechos y sentimientos – como una verdad y sin ocuparse en probar ni demostrar nada. El ciudadano da su asentimiento a esa verdad sin exigir pruebas ni demostraciones. A ese nivel, la verdad de la televisión es ya una verdad revelada y el ciudadano la acepta con un acto de fe. El ciudadano fundamenta su fe única y exclusivamente en el “crédito” y en la “autoridad moral” de los “comunicadores”, porque éstos son vistos por aquél como servidores y amigos del dios televisión y, por tanto, como ángeles heráldicos y profetas de la verdad revelada.
Un punto débil de las religiones consiste en la dificultad o la imposibilidad de que los creyentes encuentren evidencia intuitiva, directa o de experiencia del reino de Dios en la Tierra, en el mundo real. 
- ¡Me niego a aceptar esa providencia de Dios en el mundo, Aliosha! – gritaría Iván Karamázov al recordar al niño destrozado por los perros del hacendado.
Y es que la fe no encuentra evidencia del reino de Dios en los hechos, y de ahí que la razón, cuando duda del dogma, haga luego vacilar a la fe y hasta la haga derrumbarse. De ahí también las deserciones religiosas, las dudas, la falta de compromiso, la hipocresía. Y esta debilidad también explica la tendencia muy inveterada de las jerarquías religiosas a usar de los recursos del milagro, las teofanías, las apariciones y los santos, como supuestas inserciones temporales de Dios en lo mundano. Se espera que estas inserciones de Dios en el mundo sirvan como evidencias que estimulen la fe.        
Pero la televisión ha superado esa dificultad de las religiones. Y es que si el mundo priista virtual de la televisión ya ha sido asumido como la realidad por un simple acto de fe, aquél es también la evidencia que necesita la razón a fin de justificar la fe en la televisión y su verdad revelada. Y esto es lo que demuestra lo que dijimos antes: que la televisión tiene más poder de endiosamiento que todos los dioses de la historia juntos. 
Cuando la fe en la televisión ya está inserta en la mente del ciudadano, la ideología de la ilusión del nuevo PRI empieza a funcionar impecablemente y a más y mejor. Poco importa que el ciudadano vuelva la vista hacia el mundo político real, pues, por un acto de fe, aquél verá a éste como una ilusión o como algo inexistente. Y si la razón empieza a aguijonear con sus dudas a la fe, el ciudadano solamente necesita encender el aparato de televisión para encontrar la evidencia que necesita la inquieta razón para aplacarse: los profetas y ángeles de la televisión. Ellos se encargarán de traer ante los sentidos del ciudadano los hechos, discursos y sentimientos del mundo priista virtual, el contenido de la verdad revelada. 
Si usted ve las cosas con cuidado, la televisión, además de poseer un poder de endiosamiento superior a toda religión, es más económica y democrática: la persuasión religiosa es personalizada y discriminadora; la persuasión de la televisión, en cambio, es masiva, a gran escala, y completamente incluyente.

Las causas del entusiasmo por la televisión:

No se puede ocultar que la ideología priista de la ilusión es muy eficaz gracias al poder endiosador de la televisión. Necio sería tratar de ocultar eso. Y esto del poder de persuasión de la caja loca tiene tres causas muy importantes:

1. El ciudadano ha sido sometido a la tutela de otros en muchos ámbitos de su vida, sobre todo en la educación. Y esto le ha creado el hábito de no usar su razón para deliberar sobre las cosas, y le ha persuadido también de que él es incapaz de usar su razón por sí mismo. Suele suceder, entonces, que el ciudadano busca la verdad, no por sí mismo, sino en otros y atendiendo a la fe en el “crédito intelectual” o en la “autoridad moral” del que habla. Kant llamó a esto “la incapacidad culpable del hombre”; porque el hombre, pudiendo y debiendo usar su razón libremente, ha renunciado a ello.  
2. En el ámbito de esa incapacidad culpable, el ciudadano ha terminado por ver a la televisión como la principal tutora de su razón: la televisión le dice al ciudadano cómo y qué debe pensar…y a veces hasta piensa por él. 
3. La natural pereza intelectual de muchos ciudadanos.  

Los medios de comunicación: poder y deshonestidad:

Muchos podrán pensar que es muy aventurado pensar que la televisión se preste a poner en vías de hecho la ideología de la ilusión del PRI. Para quienes ya son víctimas de esta ideología, una proposición como ésta seguramente será tomada como herejía. Y nada más natural que esto, pues, creyendo por una fe en un dios pagano y electrónico, toda argumentación en contra de su verdad revelada deberá ser tenida por ellos a manera de pensamiento movido por influencias endemoniadas.
La deshonestidad en los medios existe y está siempre bien dispuesta a laborar en contra del bienestar del pueblo. Es, además, un problema difícil de remediar, pues sus causas están insertas en vicios estructurales de nuestra cultura. 
Creo que todo responde a los siguientes factores:

1. La tutela intelectual de los medios sobre el ciudadano. El ciudadano no piensa, los medios lo hacen por él.
2. El terrible vicio democrático de trasladar el primado sobre la política desde la razón a la opinión de una mayoría. 
3. Una cultura fundada en el hedonismo a ultranza, y cuyo criterio ético es exclusivamente utilitarista. 

Si usted toma esos tres factores ya tiene la fórmula perfecta para explicar por qué el periodismo es una veta de oro inmensa, un mundo más esplendoroso que el mismo “El Dorado”, para todo aquel que esté dispuesto a ser…digamos que no deshonesto, sino práctico y exitoso. Y periodistas y políticos entienden de estos factores mejor que nosotros. 
El periodista sabe que cuenta con el poder de convertirse en una suerte de amo tiránico del político práctico. Sabe también que dicho poder crece de la mano con el poder de mercado del medio para el que trabaja. En esto no hay pierde, es un simple razonamiento económico muy enlazado a la realidad de todos los días: a mayor control sobre la opinión pública, mayor poder para someter al político a voluntad. 
Por otro lado, el político práctico sabe que necesita imperiosamente de la buena voluntad del periodista. Sabe que un periodista con poder de mercado, y suficientemente indispuesto con él, es simplemente letal para su carrera. Así que, para un político práctico, nada hay más atrayente y motivacional que establecer una cordial amistad con un periodista “práctico”, “exitoso” y con crédito ante la opinión pública.   
“La suerte está echada”, dijo Julio César al cruzar el Rubicón, una vez que sintió la marea de la política a su favor. Y si la suerte está echada en el mundo periodístico, ¿qué impide el paso al imperio de la deshonestidad?
No es difícil olfatear los lugares en que ha echado cimientos ese imperio. No se necesita mucho esfuerzo intelectual para descubrir eso.  
La experiencia nos muestra que el amancebamiento entre periodistas y políticos deshonestos es un fenómeno muy frecuente en nuestro país. Y es algo que no debe escandalizarnos. Lo escandaloso sería que, en el contexto de nuestra cultura, todos en ese medio fueran honestos.  
Terminaré el artículo citando algunas palabras de Einstein en torno a la realidad de esa asociación entre políticos y medios, y sus efectos nocivos sobre la libertad y el bienestar de la sociedad.  
“Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Así es extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, que el ciudadano individual obtenga conclusiones objetivas y haga un uso inteligente de sus derechos políticos”. (“¿Por qué socialismo?”, A. Einstein, Monthly Review, mayo de 1949)
Pareciera que el señor Einstein está describiendo a la perfección el mundo priista virtual de la televisión al que hemos hecho referencia en este apunte. Y mucho nos debieran servir sus palabras para ponernos a reflexionar a fondo sobre lo que está pasando en nuestro país en ese ámbito. 
Probablemente muchos ciudadanos, persuadidos por la propaganda política televisiva, estén creyendo que van por el camino correcto, cuando la verdad es que van hacia al precipicio...Y digo “probablemente” por conservar un espíritu de finura, a pesar de que esta probabilidad, en lo personal, me resulta casi una certeza.   
Al final, la verdad más firme es que de la televisión y de la propaganda solamente mentiras se pueden esperar. Es un buen punto de inicio para empezar a reflexionar.
En el siguiente artículo, “Voltaire y el priista”, le hablaré de la “realidad real” del nuevo PRI; de esa realidad que está oculta tras la fachada de la televisión, y que es la vergüenza de la gran familia priista.  

Buen día.

Comentarios