Enrique Peña Nieto y la fábula de las abejas.

Repasando a Bernard Mandeville:

Bernard Mandeville (1670-1733) es tal vez el filósofo moral más influyente en la formación del gran aparato doctrinario de la economía académica y de nuestra cultura económica, tal como las conocemos desde los clásicos hasta nuestros días. Para Mandeville el hombre es egoísta por naturaleza. En esto comulga con Hobbes. Pero a diferencia de éste, Mandeville postula que el egoísmo no conlleva el riesgo de la disolución de la sociedad, sino que constituye su fundamento y su fuerza cohesionadora.  

El hombre, arguye Mandeville, obra movido por sentimientos e impulsos egoístas, no por razón y sentimientos de simpatía – como postulaban Hutcheson y Shaftesbury -. El egoísmo es, a su vez, el principio que nos hace criaturas sociales, pues es gracias a él que los individuos buscan satisfacer sus necesidades ejerciendo sus actividades en colaboración egoísta con los demás.  
Todo hombre que pretende satisfacer sus impulsos egoístas habrá de generar bienes y trabajo para otros. Y es así que los hombres, al intentar obtener beneficios privados movidos por su egoísmo, producen también beneficios públicos. Con lo anterior, Mandeville cree demostrar su famosa paradoja de los “vicios privados con beneficios públicos”.
Mandeville pretende demostrar varias cosas con su doctrina moral. Primera, que el progreso, el bienestar y la civilización, son productos del egoísmo y sus derivados - la maldad y los vicios -. Segunda, que la opulencia y los lujos de las clases privilegiadas son condiciones necesarias para los estados florecientes y progresistas. Y tercera, que la moral consiste únicamente en la limitación hipócrita y artificial de las necesidades naturales que surgen del egoísmo y sus vicios, y un freno para el progreso, el bienestar y la felicidad de una sociedad. 
Mandeville aplicó esta acre concepción de la naturaleza humana a pobres y ricos de su tiempo por igual. Pero era particularmente señalada su predilección por aplicar esto en relación a los pobres, porque eran ellos, según él, los que mostraban una extraordinaria proclividad a la vagancia, al placer y a la renuncia al trabajo. Para él, los pobres solo trabajan cuando se veían forzados por una inmediata necesidad, y ello explicaba su pobreza.
Mandeville plasmó su filosofía moral en su obra más importante: “La fábula de las abejas”. A grandes rasgos, la "fábula" de Mandeville es la siguiente:
Existió una sociedad próspera y feliz, repleta de beneficios públicos producidos por su egoísmo y sus vicios privados. Pero un día aciago, Júpiter decidió cambiar las cosas. Y fue así que hizo que los individuos fueran virtuosos. Como consecuencia de ello, desapareció la ambición, el deseo de lujo y de lucro, y ello condujo luego a la desaparición de la industria y el comercio, y de todo cuanto hacía posible la prosperidad y la felicidad de aquella sociedad. 
Bien, como dijimos al principio, la ciencia económica occidental se forjó básicamente sobre la base de esta concepción de hombre y sociedad en Mandeville. Cierto que en los clásicos y posteriores se deja ver la influencia de Hutcheson y Shaftesbury, de Hume, con sus sentimientos de simpatía, pero no se puede ocultar que en los postulados del egoísmo como motor de las acciones individuales y de la mano invisible, resuena tremendamente el panal rumoroso de Mandeville.

¿Y es verdad lo dicho por Mandeville?:

A la vuelta del tiempo la historia del capitalismo se encargaría de demostrar que la inserción de la filosofía de Mandeville en nuestra cultura económica, lejos de dar lugar a la sociedad próspera y feliz que anuncia, propició un mundo en conflicto y que colapsa en momentos críticos. Así que puede decirse que crisis económicas, marxismo, revoluciones violentas, movimientos reformistas y guerras mundiales, han sido prohijados todos por la aplicación irrestricta de la filosofía de Mandeville en política y economía. De igual forma, la teoría general de John Maynard Keynes es una de las más importantes críticas contra la filosofía de Mandeville, cuando traducida ésta al campo de la ciencia económica. 
Keynes demostró que el sistema económico de una sociedad  democrática está destinado a sucumbir en la crisis general y el colapso total cuando es abandonado a la sola fuerza del egoísmo. Y no obstante que la aplicación de la teoría de Keynes en la gestión del Estado en las economías de mercado durante la Gran Depresión dio lugar a la etapa de mayor prosperidad, estabilidad y justicia en la historia completa del capitalismo, la misma fue abandonada gradualmente desde la era Nixon y hasta culminar con el arribo del neoliberalismo durante los regímenes de la dupla diabólica Reagan-Tatcher. 
Los dogmáticos del neoliberalismo, con el locuaz Milton Friedman a la cabeza, representan el renacer de la filosofía de Mandeville en nuestra cultura económica. Son los entusiastas sostenedores del egoísmo, y con él justifican el "libre mercado" y la opulencia de las clases privilegiadas como motores del progreso y la felicidad de una sociedad.     
Pero vayamos más allá de los dogmas neoliberales y veamos la realidad.
La siguiente gráfica le muestra el ingreso promedio de los norteamericanos entre 1946 y 2008, como porcentaje del ingreso promedio prevaleciente en el año de 1979.



Como usted puede ver ahí, entre 1946 y 1980 el ingreso promedio de las personas con ingresos más altos – el 1 % de los USAmericanos, en color naranja - y del 90 % del resto de USAmericanos – en color azul -, representaban porcentajes muy semejantes entre sí cuando puestos frente a sus respectivos niveles en el año de 1979. Eso no significa otra cosa que un crecimiento económico repartido en términos de mayor equidad y justicia entre los USAmericanos. Estamos hablando del sueño americano, del Estado de bienestar, de la última etapa del New Deal de Roosevelt, de los tiempos en que en la clase política norteamericana primaba un espíritu progresista, industrioso y muy democrático. Sin embrago, a partir de la instauración del neoliberalismo como nuevo orden económico mundial a partir de los inicios de los años ochentas, con Ronald Reagan y Tatcher, vemos que el ingreso promedio del 1% más rico de aquel país - en color naranja - se empezó a disparar de manera inusitada. Abajo, en azul, puede usted ver el ingreso promedio del 90 % de USAmericanos que no están entre los más ricos. Como puede ya ver, ese 90 % ha mantenido un crecimiento aplanado y exiguo en sus ingresos, en tanto que el 1 % más rico ha reportado crecimientos estratosféricos en dicha variable. Se genera así una brecha monumental en la distribución del ingreso en los EUA entre el 1 % más rico y el 90 % del resto de USAmericanos, o la plebe del país vecino. 
Ahora bien, si usted ve el comportamiento de las dos curvas en la gráfica a partir de 1980, se dará cuenta que todo indica que las proyecciones a futuro permitirían esperar una ampliación de la desigualdad conforme avance el tiempo. Para darse cuenta de esto, solo trace una recta imaginaria de tendencia por el centro de cada curva 
Usted puede colocar  la crisis mundial reciente en el pináculo de esa brecha que crece. Y en esta ruta, me permito decirle que esta crisis reciente - la peor en la historia del capitalismo - amplificará esa brecha de manera escandalosa porque, en esencia, ha sido solo una redistribución de riqueza brutal a favor de los más ricos.
Todo lo anterior nos hace ver que la instauración del neoliberalismo y su egoísmo a ultranza se ha traducido en un sistema económico estancado, a veces en crisis, por momentos colapsado, pero, sobre todo, en una creciente ampliación de la brecha de ingresos entre los más ricos y los pobres en los EUA, antes que en una sociedad próspera y feliz, tal como postulaba Mandeville. 
No necesito decirle cómo es que esta gráfica replica la realidad mundial, toda vez que es la realidad doméstica del imperio norteamericano, del eje de gravedad del orden económico mundial vigente. Es más, si las condiciones de desigualdad son tan graves al interior de la misma sociedad norteamericana, ya podrá usted imaginar cómo estará la cosa en todos aquellos países supeditados donde el neoliberalismo ha echado raíces, entre los que destaca México, el país de nacimiento de varios de los hombres más ricos del planeta y de sesenta millones de miserables.

El entroncamiento de Mandeville y Keynes en el proceso político mexicano:

Le he traído a cuentas este asunto para resaltar una cuestión muy importante en el actual proceso electoral de México.
Cierto es lo que afirma AMLO respecto a que en este proceso electoral hay cuatro candidatos, pero solo dos visiones a futuro para México. Si nos atenemos a la oferta política que se puede entresacar en el discurso de los contendientes, nos damos cuenta de que AMLO representa la propuesta por la vuelta al keynesianismo – la etapa que va de 1946 y hasta antes de 1980 en la gráfica –, en tanto que los otros tres representan la prosecución del proyecto neoliberal y su fábula de las abejas – la etapa que va de 1980 a la fecha -.
Vimos arriba que el keynesianismo representó la pleamar de las mejores virtudes del capitalismo. Pleamar que, a impulsos del Estado de bienestar, se tradujo en una etapa de prosperidad, estabilidad, pujanza y equidad. Esto es precisamente lo que AMLO nos ofrece. 
Pero vimos también que “La fábula de las abejas” de Mandeville inserta en el neoliberalismo es una mentira. Una mentira diseñada para racionalizar y justificar el statu quo de una sociedad opulenta y derrochadora y, especialmente, la posición privilegiada de las clases expoliadoras en ese contexto de cosas. Y este es precisamente el proyecto de nación que nos ofrecen Enrique Peña Nieto y Chepina. Y vaya que nos ofrecen esto con un cinismo inconcebible, pues ya no se andan por las ramas en eso de ofrecer en subasta abierta el petróleo mexicano a las grandes multinacionales del ramo a cambio de una “chambita” para usted. Los ecos de Mandeville.  
Como podemos deducir a partir de la gran brecha de ingresos en la gráfica, nos queda claro que “La Fábula de las abejas” de Mandeville representa un grande y jugoso negocio para los señores del dinero en México, para los Robber Barons mestizos. De ahí su ansiosa tarea por asestar un golpe de Estado mediático a través de la propaganda y las encuestas a modo para influir artificialmente en las percepciones del ciudadano a favor de los candidatos del oficialismo, sus candidatos, Enrique Peña Nieto y Chepina. De ahí también la labor de sus empleados y vasallos en organismos empresariales y medios de comunicación orientada a adormecer la conciencia del ciudadano para así alejarlo de la realidad última que hemos plasmado en la gráfica multicitada.   
Ahí tiene usted la realidad de fondo que se esconde detrás de esta farsa mediático-electoral que está diseñada a favor del PRI y el PAN. Todo se trata de engañarlo a usted para seguir expoliando a placer los recursos de la nación para enriquecer más y más a los Robber Barons, a los señores del dinero y de los medios, y a su vasallos prianistas. Usted reflexione y decida qué es lo que más conviene a este país, como dice AMLO acertadamente: o un cambio verdadero o más de lo mismo con el neoliberalismo del PRIAN. Si gusta, vaya de nuevo a la gráfica para clarificar qué es un cambio verdadero – adoptar el modelo económico de la era 1946 a 1980 - y qué es más de lo mismo con el PRIAN – 1980 a la fecha - en el mensaje de AMLO. 
Una reflexión final:
  
Es mi opinión que solo un tonto sin sentido común puede confiar en Mandeville y el neoliberalismo para creer que el egoísmo, por sí solo, puede ser fuente de bienestar público y que los pobres son vagos irresponsables. Pensar así es declararse como un apologista de los vicios morales y como un completo fascista. La historia nos ha demostrado que los vicios privados, lejos de ser propulsores del bienestar público y la felicidad de una sociedad, son la fuente segura de injusticias, crisis económicas, pugnas y revueltas sociales. Y México es un ejemplo inmejorable a este respecto. 

Buen día.

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