Enrique Peña Nieto y el reino de la mentira.

Quiero compartirle algunos comentarios sobre una nota periodística muy interesante que se publicó algunos días atrás. Se trata del periodista Randal C. Archibold, del diario The New York Times. En mi opinión, la nota guarda mucho interés porque es un vivo ejemplar de la visión que de nosotros tienen los habitantes del primer mundo respecto de nuestra situación en torno al curioso fenómeno Peña Nieto. Creo, además – y por eso la traigo a cuentas -, que nos puede ser muy útil a la hora de decidir nuestro voto. Le advierto que, en mi opinión, la nota de Archibold es bastante ingeniosa porque debe leerse en dos niveles: en lo explícito, en lo evidente, y al nivel de lo implícito, de lo oculto. Y por supuesto que este periodista denota un extraordinario sentido de fineza, toda vez que se guarda bastante bien de no decirnos las cosas en lenguaje llano y punzante. A buen entendedor…

Le añado enlace a resumen del artículo de Archibold. Aunque enseguida extraigo lo sustancial de su nota.


“A pesar del bombardeo – nos dice Archibold, refiriéndose a la cadena de tragedias que ha acompañado a Peña, como la FIL, las Tortillas, las infidelidades maritales, corrupción e implicaciones de priístas notables con el narcotráfico, corrupción, contratos para coberturas favorables de Televisa, Ibero, el 132, etc. -, Enrique Peña Nieto, el objetivo de los ataques, permanece en los pronósticos como el favorito para ganar la elección presidencial del 1 de julio con un margen amplio y un aire de invencibilidad.”
En otros países estos bombardeos “bastarían para derrumbar a cualquier candidato en las encuestas”. Sin embargo - agrega Archibold -: “Aquí no” – en México -.
Si nos atenemos solo a lo explícito, a lo expresado literalmente, la nota no hace sino poner a Archibold en la condición de una víctima más de esa inaudita, increíble y asombrosa ventaja de Peña en las preferencias electorales – la Paradoja Peña Nieto -. Y le cuelgo tales epígrafes porque la dicha ventaja es incontrastable con la realidad del sentido común de muchos mexicanos – las personas concretas de su entorno personal de interacciones sociales del día a día -, la cual nos habla de un ordenamiento diferente en las preferencias, donde Peña sale muy mal parado, solo superando a Quadri. A ese nivel de lo explícito, Archibold queda reducido al asombro para calificar a Peña Nieto como un político único, no solo a nivel planetario, sino a nivel de la historia de la humanidad completa. En este sentido, y tomadas las cosas así, nos veríamos constreñidos a aceptar que Peña Nieto está investido de una legitimidad carismática superior a la de Lula, Obama, Putin, Luther King, Kennedy, y cuantas figuras políticas de relieve mundial o histórico han existido y existirán en este planeta per seacula seaculorum. Y para entender esto, basta recordar lo dicho por Archibold a este respecto: En otros países estos bombardeos – contra Peña Nieto -“bastarían para derrumbar a cualquier candidato en las encuestas”. Sin embargo - agrega Archibold -: “Aquí no” – en México -. 
¿Es esto cierto? Por supuesto que no es cierto. Y estamos obligados a asumir que ni el mismo Arhibold considera esto ni como posibilidad remota, porque esto nos obligaría a pensar que él juzga las cosas del mundo real a la manera de un orgulloso pero ingenuo beato, como Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva. 
Como le decía, lo verdaderamente importante de la nota está al nivel de lo implícito. Es en este nivel donde Archibold nos dice la verdad descarnada. Vamos, pues, a ese lugar de la realidad y el entendimiento, donde Archibold nos ofrece dos rutas de interpretación de la realidad. 
Para este periodista, México es un país único en el mundo porque su gente incurre en una muy extraña contradicción en el plano de la verdad moral. Esto, porque lejos de actuar con prudencia, como hacen los demás pueblos del mundo, para cerrarle el paso al candidato de un partido – Peña Nieto - que da indicios claros de estar en franca perversión moral y de pertenecer a un partido de la misma naturaleza, lo apoya mayoritariamente. Y aunque Archibold no lo dice, lo cierto es que esta singular o sorprendente contradicción moral no puede deberse sino a que somos una sociedad de hombres y mujeres ignorantes, ingenuos, imprudentes, que no saben a qué atenerse cuando deciden políticamente. 
En alguna parte de su escrito, Archibold expresa unas frases vacías que apuntan a librarle del aprieto de tener que señalarnos esa contradicción en el plano de la verdad moral. Y así, nos dice que, en su opinión, la sorprendente preferencia mayoritaria por el PRI se debe a que el electorado mexicano está escogiendo a su próximo presidente buscando a la persona que pueda solucionar sus inquietudes, sin importar tanto sus ideas. Sin embargo, aceptar la presunción de que esto es así porque así lo quieren los mexicanos, equivaldría a asumir que los mexicanos, más que ignorantes, ingenuos e imprudentes, son una clase especial de seres humanos cuyas “inquietudes” apuntan hacia la perversión moral, hacia la realización del mal de manera deliberada, toda vez que prefieren a un candidato que apunta hacia la realización de ese fin moral. Y sobre esa ruta de Peña Nieto hacia la perversión moral y el mal, no queda la menor duda en las mismas palabras de Archibold, quien aduce esa misma anormalidad moral una vez que habla sobre la asombrosa resistencia de este candidato ante los bombardeos en su contra.
¿Usted qué piensa sobre este asunto Archibold? ¿Somos un país de ignorantes, ingenuos e imprudentes? ¿Somos un país que vive desfachatadamente en el error moral, en la conciencia clara de desear el mal? 
Antes de darle mi opinión a este respecto, debo destacar que Archibold no aborda jamás en su apunte la cuestión en torno a la veracidad de las encuestas que han dado lugar a esa Paradoja Peña Nieto, por más sorprendente o asombrosa que le parezca a él. 
En mi opinión, creo que todo esto lo maneja Archibold muy inteligentemente por la vía de la reducción al absurdo. Aceptar como real la increíble resistencia de la supuesta ventaja de Peña Nieto al bombardeo de críticas – un caso único en el planeta, de acuerdo al mismo Archibold -, obliga a asumir que los mexicanos  son ignorantes, imprudentes, o un pueblo en el error moral. Sinceramente, no creo que Archibold considere que los mexicanos sean eso. Creo, más bien, que esa “singularidad” de México a la que hace referencia Archibold, es una crítica mordaz y oculta a la supuesta ventaja de Peña Nieto en las preferencias electorales, para tratar de exponerla como lo que es: como una gran mentira mediática. Y es esa naturaleza artificial lo que la hace dueña de esa extraordinaria resistencia, única en el planeta y en la historia. 
Y es que solo de esa manera, exponiendo la realidad de Peña Nieto como lo que es –una mentira mediática -, aunque sea de manera implícita, se puede evitar el gran absurdo de suponer como real el que este hombre insignificante en talentos y virtudes tenga una legitimidad carismática superior a la de Lula o Putin.
¿Y qué pasa si Archibold no quiso decir nada al nivel de lo implícito?
Bueno, en este caso nada cambia en nuestras conclusiones. Nuestra demostración de la ventaja de Peña Nieto en las preferencias sigue expuesta como lo que es en sus consecuencias absurdas: una gran farsa mediática. Pero lo que sí cambiaría en este caso es que Archibold quedaría expuesto, como los demás prestidigitadores verbales de Tercer Grado, como un alguien que se quiere hacer pasar por un oblato beato que nos quiere hacer pasar la ventaja de Peña Nieto como real dándose de golpes de pecho con los ojos clavados al cielo. 
Lo importante es que usted tome muy en cuenta estos comentarios antes de emitir su voto este día. No vote por una mentira mediática que está evidente hasta para los extranjeros, para quienes viven más allá de las fronteras. Y usted ya sabe a cuál de los candidatos me refiero con esto, porque si hay tres candidatos mentirosos – PANAL, PAN y PRI -, uno de ellos es el rey de la mentira televisiva y en cadena nacional.  
Votar por una mentira mediática pone al país en la ruta del error y el fracaso, y usted, tarde que temprano, se irá al abismo con él, quiéralo o no, mientras Peña Nieto y La Gaviota lo observarán en apuros, aunque ellos gozando los dividendos de su aventura política televisiva en las playas de Miami. Pero lo más importante es lo siguiente: si usted vota por una mentira mediática, se está asumiendo a sí mismo como un perfecto ignorante, como un ingenuo, como un imprudente, como un alguien que no sabe a qué atenerse y que gusta de cometer el mismo error dos y más veces. Estará demostrando que es alguien que gusta de vivir conscientemente en el error moral, y vivir así es vivir actuando contra su misma dignidad y su personalidad moral, y aun en contra, incluso, de los más fundamentales principios cristianos.
Una sociedad justa no puede construirse ajena a los principios cristianos que perviven en la base de toda noción de justicia. Y apuntar nuestra voluntad hacia la justicia, y luego, entonces, hacia Cristo, implica la obligación dinámica y activa de cerrarle el paso a la mentira.        
No vote por la mentira mediática; vote por la verdad, por más dura y dolorosa que ésta sea.

Buen día.

Comentarios