Enrique Peña Nieto y el fuego fatuo.

El balance provisional de las tribulaciones de Peña Nieto parece traducirse en un resultado que casi pone fuera de servicio al proyecto del PRI en el mismo exordio de esta obra. Y si se ve la naturaleza del resultado ya se entiende la gravedad del asunto. No son olvidos, pifias, escenas chuscas y sentido del humor. Se trató, en lo esencial, de una sanción moral negativa del pueblo, de gran peso, y que merma considerablemente en la credibilidad del proyecto. 


Y no se puede pensar que ya lo vimos todo porque el golpe actúa como toda sanción pública. No es fulminante, no es como un rayo que resquebraja el tronco de un árbol para abatirlo en un suspiro; más bien se cifra en una serie de efectos rezagados cuya duración es igual al tiempo que la persona desempeña el rol social origen del problema. En términos simbólicos, es tal como si la voz del respetable hubiera tomado la forma de un sambenito y un capirote que acompañarán a la campaña de Peña Nieto desde ahora y hasta la jornada electoral del 2012. Y esto tiene un peso suficiente como para ir eclipsando los fulgores propagandísticos del PRI hasta convertirlos en un fuego fatuo del viejo cementerio de St. Petersburg, capaz apenas de sorprender a Tom Sawyer.
Tampoco se puede sembrar esperanza en que el efecto rezagado vaya atenuando en intensidad hasta quedar sepultado en el olvido, pues ahí están los elementos indispensables para la prosecución de esta comedia política priista: la misma colaboración de Peña Nieto al lado de la caja de resonancia de los candidatos de oposición, las redes sociales y los medios de información.  
Las condiciones están más que puestas para que estas oleadas de mofa popular con epicentro en Peña Neto continúen a más y mejor. Y por lo que se deja ver hasta el momento, pareciera que al PRI le sobra munición para seguir batallando desde la trinchera de la diversión. Así que tenga por cierto que apenas hemos visto el exordio, la apertura, la conmoción de inicio que es el resultado inmediato de un medio despertar del PRI de su visión idílica y pastoril de la política en que vive por el momento gracias a un proyecto fundado exclusivamente en el poder de sugestión de la televisión. 
El PRI asume por el momento un discurso que pretende negar la realidad mandando el mensaje de que no ha pasado nada, que todo está bien, y que marcha viento en popa rumbo a la silla presidencial. Se puede apostar a que no tardan en salir las encuestas a modo para ratificar ese discurso. Sin embargo, sabemos que la realidad es otra. El torpedo de la sanción moral pegó poco más abajo de la línea de flotación con efectos devastadores. Se han socavado méritos y brillos a Peña Nieto de manera catastrófica y, como resultado, las cosas se han acomodado de tal forma que ya es prácticamente imposible una relación seria y formal entre Peña Nieto y el público. Ahí hay ya una relación que es cualquier cosa, menos la propia de un político eficaz con el pueblo, y que no puede ofrecer buenos augurios para su partido y el colectivo bajo cualquier circunstancia, ganen o pierdan. Y por supuesto que es ahí donde se deja ver el tremendo peso del sambenito y el capirote. 
Se puede anticipar que ya nada de lo que venga del discurso de Peña Nieto será tomado en serio, y sí solo con sospechas y mofas. Eso pone al personaje en constante riesgo de convertirse en motivo de regocijo para chicos y grandes. Y bueno, de eso ya estamos viendo muestras palpables con demasiada frecuencia: el inglés, el Huevotoon, la mención de Colosio, Miguel de la Madrid, el “lo que no se me olvida es la pobreza y la violencia”. Todo en el discurso perdió su efecto persuasivo y ya nada se toma de manera formal.  
Ahora bien, nadie puede asumir la posición “loretiana” – de Loretianismo, o nueva doctrina moral conservadora con hechura original de Carlos Loret de Mola – para descalificar este tipo de manifestaciones de regocijo popular, ni las que han sucedido, ni las que habrán de suceder según se deja inferir. La sátira, la burla social que se ha dejado sentir en medios y en las redes sociales sobre las tribulaciones de Peña Nieto, cumple desde siempre una importantísima función ética como instrumento corrector de conductas individuales torcidas que pueden ser nocivas para el bien público, especialmente en lo que toca al desempeño de los políticos. Y resulta que, en el caso que nos ocupa, y según la opinión mayoritaria, hay un político que ha hecho afirmaciones falsas de manera reiterada. 
Cierto que esta sátira puede parecer hiriente y feroz por momentos. Sin embargo, así son estas cosas y de cierto que en esa naturaleza cruda radica su poder sancionador y corrector de conductas torcidas. Si la persona no logró aprender la vía de lo correcto a través de la educación, entonces entra al rescate de la sociedad la mofa pública. Claro que este mecanismo trabaja siempre y cuando la persona sancionada tenga pudor; porque si se trata de un sinvergüenza, ni dios padre remedia el asunto.
Las obras del comediógrafo ateniense Aristófanes pueden parecer chabacanas, cándidas y dulces cuando vistas desde nuestra perspectiva moderna. Quizás algunos quisieran que las cosas fueran así en política, sobre todo cuando les toca pagar los platos rotos. Sin embargo, cuando se revisa el trabajo del comediógrafo contra sus circunstancias, adquiere aires corrosivos, acres y hasta hirientes para el sentido del buen gusto de la alta cultura de su tiempo. Y esto es comprensible porque Aristófanes fue una caja de resonancia creativa del sentimiento popular respecto de los asuntos públicos de su época. Y el comediógrafo no dejó títere con cabeza, incluyendo aristócratas, tiranos y demócratas. Ni siquiera el hombre más sabio de la historia, Sócrates, escapó a la crítica popular en la caña de Aristófanes, a quien se dibuja como un excéntrico cómico y pedante, necio, nigromante y paradojista fútil – Las Nubes -. Por supuesto que Aristófanes, así como fue amado por el pueblo griego, también fue odiado por aquellos que por su incivismo y sus conductas torcidas se tornaban en blancos de la crítica popular; y lo mismo sucede hoy en día en el caso de los defensores de los medios de Peña Nieto. Así que, si la mofa popular ha tomado en sus manos a hombres y mujeres ilustres, no hay motivo para escandalizarse cuando el pasajero en turno es un hombre ordinario como Peña Nieto.            
Carlos Fuentes:
Para cuando el nuevo PRI se lamentaba diciéndose que ya nada más le faltaba que le cayera un rayo, llegó precisamente Carlos Fuentes a poner en vías de hecho esos malos presagios. Y sí, las palabras de Fuentes fueron como un rayo atronador que anuló por completo toda posibilidad de rescate “loretiano” sobre Peña Nieto.
Pero tampoco hay que sobrevalorar el desempeño de Fuentes en este asunto. Para empezar, supongo que ni él mismo esperaba verse implicado en este tipo de situaciones. Fue uno de los implicados por los apuros verbales de Peña Nieto y nada más natural que los medios hayan acudido a él para obtener sus impresiones. Aunque tampoco se deja ver que haya entrado a esto de mala gana, remiso, toda vez que habló fuerte, con convicción y sin imprecisiones. Sin embargo, creo que Carlos Fuentes se ha mostrado tardío en esto de sus opiniones sobre la situación política de la nación. Digo, que yo recuerde, en los últimos tiempos jamás habló con esta vehemencia y con esta claridad, como lo hizo a raíz del caso Peña Nieto.  
Y más allá de que Fuentes agrega un sofocador peso moral sobre Peña Nieto gracias a su notable éxito como escritor, lo cual debe reconocerse, sus expresiones son realmente irrelevantes toda vez que no agregan algo que no haya sido ya aportado o descubierto por la sabiduría popular en las redes sociales. 
Pero creo que el letargo respecto de los asuntos públicos es un problema de casi toda la gran familia cultural mexicana. Y creo también que cualquier manifestación tardía desde ese mundo contra el PRI y el PAN, aunque no despreciable, carece ya de méritos. Y esto, por la simple y sencilla razón de que en este país ya se cruzó el Rubicón y la suerte ya está lanzada.        
Es claro que Peña Nieto se ha echado encima un problema adicional con la familia cultural mexicana. Desde que lanzó esa tormenta de manifiestos públicos que lo declaraban como lego en los libros según la voz de la “prole”, se impuso a sí mismo un ostracismo con respecto a esa familia, especialmente con la fracción oficialista, que era una de sus fuentes potenciales de apoyo. Hablo de un ostracismo voluntario porque sus mismas palabras lo han convertido casi en un miembro de la vieja casta de los intocables para esa familia. Y digo esto porque creo que, ante la evidencia ya de una “prole” despierta y atenta en las redes sociales, nadie en ese núcleo social de la cultura que tenga un poco de cordura y que no quiera perder credibilidad, se atreverá a sumarse a Peña Nieto. 
¿El PAN es opción para esa familia cultural? La crudeza de los hechos a la vista convierte al PAN en una opción tan intocable como Peña Nieto. La “prole” ha sufrido en sus propios bolsillos la realidad del PAN en la gestión pública, como la sufre y la sufrió con el PRI, y no toleraría que la familia cultural muestre inclinación hacia el PAN. Eso ya lo declaró el mismo Carlos Fuentes; y por cierto que no revela nada nuevo. Así que para la familia cultural es demasiado riesgoso el camino del PAN.
Al final, para la familia cultural mexicana no han quedado más que dos sopas: o ponen distancia de Peña Nieto y del PAN en silencio, o se suman a la voz popular y la siguen hasta donde ésta vaya. Pero como decía: poco mérito tiene el que algunos intelectuales se pronuncien en contra del PRI y el PAN hasta ahora, una vez que las circunstancias no dejan más opción razonable que la “prole”. Esta falta de méritos la entiende cualquiera si recuerda que a nadie le gusta ser amado bajo las máximas del “Second best” o el “Peor es nada”. El amante que aborda la libertad del ser amado bajos esos lemas, carece de méritos.    
¿Seguir los intelectuales a la voz popular? Esto me hace ruido. Es un mundo al revés, donde nos está resultando que los habitantes de la alta cultura son orientados por los habitantes del mundo de la baja cultura. 
Desgraciadamente, hoy el pueblo de México no cuenta con un artista o intelectual de la talla de Aristófanes que construya obras de difusión que recojan los sentimientos populares y sus espasmos de espíritu de cuerpo con respecto a los asuntos públicos, y que agregue de su cosecha crítica. Lo cierto es que en nuestro país, la faceta oficialista de la familia cultural – y subrayo “oficialista” - se ha entregado a los brazos de las élites gobernantes para desde ahí construir la ideología y la cultura que justifique el reinado de esas élites, convirtiendo con ello a sus talentos y a su saber en cosas que, en el ámbito de lo social, cumplen solamente la función de simples mercancías, cosas con precios; y mercancías que muy frecuentemente son de ínfima o nula calidad en el saber o el buen gusto. Sin embargo, en el transcurso de esas tribulaciones de Peña Nieto ha surgido por fin un rayo de esperanza para el pueblo, pues éste ya ha demostrado que puede valerse por sí mismo para construir e irradiar su crítica y su espíritu de cuerpo a través de las redes sociales; algo que puede ser el preámbulo del escenario de las calles si las élites persisten en su ceguera. Y vaya que los sentimientos populares se han movido con una unidad espontánea sorprendente que es sumamente preocupante para los de arriba, y con una creatividad que, a veces, por su riqueza y originalidad, hubiera sido la envidia del mismo Aristófanes en la pleamar de su vida creadora. 
Contrasto ahora todo esto contra otro grupo de gentes de ese medio cultural. Me refiero a muchos intelectuales y artistas que viven una suerte de ostracismo involuntario, forzado, con respecto a la familia cultural mexicana y medios oficialistas. Me refiero también a otros intelectuales y artistas que tienen que ser aceptados con dolor por esas esferas oficialistas en atención a sus muy extraordinarios talentos. Hablo de esas gentes que se han distinguido al no haber requerido de las tribulaciones de Peña Nieto para dar cuenta de manera muy anticipada y clara de las insuficiencias de este señor como político y del partido que representa. Son gentes que han hablado públicamente de estos asuntos desde mucho tiempo atrás sin haber necesitado de la ocurrencia de estos bochornosos episodios y mucho menos de la manifestación de una voz popular favorable. Y quienes sabemos de ellos, lo debemos a la casi milagrosa concurrencia de medios libres o alternativos.  
Creo que a este grupo de artistas e intelectuales independientes jamás se les podrá plantear una pregunta: ¿Por qué hasta hora? Y vaya que el tiempo les ha dado la razón.  

Buen día.


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