Enrique Peña Nieto: machismo y derroche económico.

Bueno, pero este señor Peña Nieto sí que va de mal en peor. Apenas sí se apaciguaban las anteriores metidas de choclo, y sale con su novedad de las tortillas y las mujeres y sus pautas sociales. De plano, este señor ni se deja ayudar y tampoco nos da descanso. 


Cada eslabón en esta obra bufa nos va poniendo todo en claro: hay un político lego en los libros que se llama Peña Nieto, que no sabe dar razón del salario mínimo en México, un parámetro fundamental en el análisis y el diseño de toda política económica y de desarrollo, y que está ligado íntimamente al precio de las tortillas; parámetro éste que también desconoce Peña Nieto, no obstante que se refiere a un producto que constituye la columna vertebral de la canasta básica del mexicano y el asidero único de existencia de millones de mexicanos hundidos en la miseria; tortillas que, a su vez, y en opinión de Peña Nieto, constituyen un fenómeno propio del mundo especializado de las mujeres.
¿Se puede creer que este señor tenga esa obsesión, como dice tener, por el crecimiento económico y el desarrollo nacional cuando desconoce por completo parámetros centrales para este efecto?
Una más en la ya preocupante andanza de Peña Nieto en la ruta de hacer afirmaciones falsas. ¿Un hombre mentiroso, un hombre ignorante o las dos cosas? El respetable tiene la palabra.   
Con lo del asunto de los libros me quedaban muchas dudas en torno a si habría merma en votos para Peña Nieto. Con lo del salario mínimo las pérdidas me parecieron más cercanas, pensé en la posibilidad de ligeros raspones electorales. Pero con esto de las tortillas y las mujeres sí que me queda claro que Peña Nieto ya está más que puesto para empezar a periclitar electoralmente de manera muy sensible, y así le atraviesen encuestas balines por doquier y programas televisivos especializados. Con esto ya empezó su bajada. Y tenga por cierto que, a juzgar por el tipo, de ahí para adelante todo es cuesta abajo. Como quien dice, ya caminó por la tabla por voluntad propia. Y esto, por una simple y sencilla razón: le ha pegado al corazón de uno de sus principales mercados electorales, donde potencialmente está el fuerte de su cosecha, al quid mismo de su elección como candidato tricolor televisivo: las mujeres como seres románticos.
Y aclaro que no soy yo quien concibe así a las mujeres. Me he referido al evidente concepto de mujer que se mueve en el plan mercadológico del Nuevo PRI televisivo. 
Lo grave del asunto de las tortillas es que, para excusar su desconocimiento del dato, Peña Nieto ha dicho: “no soy la señora de la casa”. Y con esto se ha mostrado como un partidario y practicante leal de aquella vieja pauta social con raíces culturales en los albores del paleolítico que determina una división del trabajo por sexo, en la que el hombre es formado para el trabajo y la política y la mujer para la casa y la crianza, y cuyo fundamento cognitivo radica en la prejuiciosa concepción de la mujer como una cosa inferior, como una cosa que está puesta al servicio del hombre, tal cual si se tratara de una simple y llana esclava. En pocas palabras, Peña Nieto se define como partidario de lo que conocemos como vulgar machismo.
Cito una de las máximas de Mark Twain, el padre de la literatura moderna norteamericana, que viene muy al caso de lo que sigue en este apunte: “Vale más guardar silencio y parecer simple, que hablar y despejar las dudas”.   
Y es que Peña Nieto, no contento con haber metido el choclo tres veces seguidas en unos cuantos días, y hasta en horas, va y aclara lo de las tortillas y las mujeres solamente para meter el choclo de nueva cuenta y de muy fea manera, hasta el fondo. Según nota del SDP, Peña Nieto aclaró lo siguiente en la vía tuitera:
“Lamento y me ha sorprendido la reacción a un comentario que hice en la entrevista a El País. Dije "no soy la señora de la casa", en referencia exclusiva a mi hogar, no como una expresión despectiva u ofensiva para las mujeres. En consecuencia, lamento que se malinterprete esta expresión para desacreditar mi aprecio, respeto y admiración por las mujeres”.
Aclaración cuajada hasta el tuétano de contradicción por el afán de corregir un error previo que ya es imposible de corregir. 
Peña Nieto quiso lavar su error en el lance machista de las tortillas afirmando su aprecio, respeto y admiración por las mujeres. Pero debe decirse que sus palabras no mejoran en nada su posición de origen, porque una mujer, en el enjuto universo de un machista, también puede ser apreciada, respetada y admirada como lo que es para él: como una cosa útil para sus afanes. Usted, lector, puede constatar esto en la forma en que muchas personas muy pragmáticas cuidan y adoran de manera devota de sus cosas, de sus lujos.  
Pero supongamos por un momento que las palabras de Peña Nieto equivalen a un reconocimiento de la dignidad de  las mujeres y de su condición de igualdad con respecto a los hombres. ¿Se adelanta algo con esto? En realidad nada se adelanta con esta concesión porque luego esto lleva de lleno a la contradicción. Y esto se debe a que él mismo ha reconocido que su expresión machista tiene como único referente a su hogar, y no así al resto de mujeres. Así, se deberá concluir que, en cuanto al tema de las mujeres y sus pautas sociales, Peña Nieto es machista en su casa, pero no en el ámbito público. Es decir, estamos ante un hombre que es candil de la calle y oscuridad de su casa.
¿Alguien quiere salvar este punto para afirmar que Peña Nieto no es tal cosa? Pretender atajar razones a favor de Peña Nieto en este lance, solo llevará a la absurda y tonta situación de tener que deliberar en torno a si Peña Nieto tiene o no tiene esposa. El dilema está claro. Y como él tiene esposa, se define con absoluta claridad la vía de la razón: en cuanto al tema de las mujeres y sus pautas sociales, Peña Nieto es machista en casa y librepensador en el ámbito público.  
Pero el buen juez por su casa empieza. Eso dice un viejo adagio que ha sido uno de los pilares de toda doctrina ética habida y por haber. Y ese adagio resume una gran realidad de experiencia: ¿quieres tener credibilidad ante los demás en lo que atañe a los principios y consejas de las que hablas y te jactas públicamente?; empieza, pues, por tu casa. Peña Nieto no empieza por su casa ¿Puede creerse en la rectificación tuitera de Peña Nieto?
No se debe restar importancia a esto del machismo en un político. Se trata de algo que, al menos potencialmente, oblitera más posibilidades de desarrollo nacional por la siguiente razón.  
Uno de los grandes problemas de política en este país es el espíritu derrochador del sistema económico, sobre todo en lo que toca al desperdicio y subutilización del más valioso recurso de todos: las personas y su capital humano. Demasiados desempleados, demasiados subempleados, demasiados profesionistas y técnicos ocupados en tareas para las que no fueron formados y educados. Derroche al por mayor a costa de más y más pobreza y de prácticas sociales ilegales. Pero el más absurdo y grave de los derroches atañe a la discriminación laboral de las mujeres. Un fenómeno vergonzoso, digno de un mundo medieval, y resultado de una pauta social fundada, a su vez, en un estúpido y brutal machismo. 
Ahora bien, a todo aquel que no se deje entorpecer por prejuicios machistas le ha de quedar claro que las mujeres son tan eficientes como el hombre en el desempeño de cualquier papel y actividad social. Además, yo le puedo asegurar a ese alguien librepensador que si nos diéramos a la tarea de calcular toda la cantidad de riqueza no explotada por ese machismo, llegaríamos a una cifra cuya magnitud sería monumental, cifrada en millardos de pesos, y suficiente para fundar varias veces una nueva sociedad mexicana de cabo a rabo. Y tales cifras serían una estimación real de la pérdida de racionalidad y eficiencia en una sociedad por causa de darse al placer ingrato e inútil de sostener un prejuicio como el machismo.
¿Logrará entender lo anterior Peña Nieto siendo presidente de este país?...Por favor.  
Por supuesto que estamos ante un problema de todos los tiempos en este país. En realidad no ha existido un presidente hasta ahora que le haya dado plena carta de legalidad a las mujeres en el plano de las pautas culturales centrales. A las mujeres se les ha mantenido ingratamente casi en situación de pecado, en la periferia de la cultura, en el ámbito de lo alternativo, casi presas del delito de ser mujer. Así que la expresión de Peña Nieto no es una novedad. Sin embargo, en el actual contexto de cosas en México, vale una pregunta: Estando México en la situación tan crítica en que se encuentra, teniendo el ciudadano el poder de decidir políticamente para una mejor nación, ¿puede éste permitirse el lujo de elegir a un presidente con un sesgo machista para seguir derrochando recursos de manera tonta? 
Desde luego que se puede ser necio para decir “sí” a la anterior pregunta. Pero eso sería un pecado contra la razón.
A decir verdad, las mujeres no necesitan del hombre para emanciparse y ascender al lugar que en derecho les pertenece. Los tiempos modernos llevan la marca de esta lucha solitaria de la mujer. Lo han hecho, además, con un poder y una bravura que ya hubieran deseado los ejércitos de Atila. Muchas lo han hecho a costa de su vida y de su salud. Así que todo hombre sabio y prudente, enterado mínimamente de esta historia particular, tendrá que pensar mil veces antes de atreverse a declarar que las tortillas y su precio son asuntos de mujer. 
Peña Nieto nos advirtió ya sobre la prosecución de este berenjenal a futuro. Lo dijo al salir de su feliz almuerzo con la COPARMEX:
"Es común que pueda haber imprecisiones, como la ocurrida en este tema u otros que eventualmente se presenten en el futuro. No caigamos en ese juego".
Lo cumplió. Y todo indica que seguirá cumpliendo. Que nadie se dé entonces por sorprendido si al final la farsa termina por imponerse en este país de nueva cuenta. De ser el caso, y cuando al final el gris destino nos alcance una vez más, no valdrán lamentaciones estériles de: “¡Me engañaron!” A esta queja siempre se podrá adelantar un: “Peña Nieto fue claro”.
¿Habrá en este momento algún ciudadano que, estando en su sano juicio, se atreva a justificar a Peña Nieto arguyendo una guerra sucia para así poner la atención neciamente en el dedo y no en la llaga?
En los días por venir veremos quiénes son esos necios que, por extrañas razones, se empeñan en obliterar todo futuro para la nación. 

Buen día.

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