Enrique Peña Nieto, encuestas y burbujas electorales.

Las burbujas financieras:

Las burbujas financieras han sido un fenómeno recurrente en la historia de la economía. Se trata de un fenómeno que se caracteriza por el hecho de que el precio de un bien se sale de su punto de equilibrio – el precio justo o intrínseco determinado por la operación normal del mercado - para empezar a verificar una escalada anormal, y que se refuerza a sí misma, hasta que el mismo alcanza niveles estratosféricos, insólitos.


En mi opinión, y contra lo que opinan muchos economistas, las burbujas financieras ni son destructoras de riqueza y ni son fenómenos espontáneos. Las burbujas financieras no nacen solas, no son fenómenos espontáneos. Se trata de un proceso económico creado por una banda de granujas que encuentran una estupenda veta de negocios ilícitos en la propagación de rumores que despiertan falsas expectativas en los consumidores, y cuya principal herramienta de trabajo es la propaganda. Además, el resultado neto de las burbujas financieras es la transferencia de riqueza desde los incautos, desde los que caen en el cuento, a la banda de granujas que lo trama todo.
No espere que en la teoría económica le hablen con esta crudeza. Hablar con la verdad sobre estos asuntos sería tanto como quitarse la máscara y echar por tierra la gran farsa.
En una burbuja financiera todo inicia con el acuerdo o consenso de lo granujas que están ansiosos por especular para ganar dinero de manera extraordinaria, fácil y rápida. Luego que los granujas localizan el bien señuelo, el producto que ha de servir de sebo para los incautos, diseñan su propaganda para cuajar a ese bien de cualidades maravillosas que habrán de sacar de quicio a todo un país o al mundo entero con aquello de soñar con las ganancias rápidas y fáciles. Y cuando se dispara el gatillo de la propaganda, empieza la fiesta que pronto, en el momento menos esperado, se convertirá en un infierno para lo incautos que mordieron el anzuelo.
Una burbuja financiera es un proceso que se refuerza a sí mismo porque el fenómeno especulativo, cuando se propaga como reguero de pólvora entre la población, va llevando a cada vez más individuos a comprar con el fin de vender a un precio mayor en el futuro, lo que provoca una espiral de subida continua, sostenida por un lapso de tiempo, hasta alcanzar niveles de absurdidad.
¿Y cuándo termina una burbuja financiera? Bueno, eso lo decide la banda de granujas que ha confabulado para robar al mundo. Eso sucede cuando la banda de delincuentes observa los primeros indicios de vuelta a la realidad en algunos sectores de la opinión pública, cuando empiezan a surgir las dudas sobre las supuestas bondades maravillosas del bien señuelo y de las ganancias estratosféricas para todo mundo. Es en ese momento que la banda invierte por completo el sentido del negocio: se ha alcanzado el precio más alto posible, el que hace posible el plan del engaño, y ha llegado la hora de vender todo. Y cuando se ha vendido todo el bien chatarra a los incautos, se da inicio a la segunda fase del programa de propaganda: romper las ilusiones en torno al bien señuelo. Así estalla la burbuja y empieza la fase de venta masiva del bien. Y esta fase de venta masiva también se refuerza a sí misma, de tal manera que, en la desilusión generalizada, en el desencanto, hay cada vez menos individuos dispuestos a adquirir el bien señuelo. Esto provoca una caída repentina y brusca del precio, llevándolo a niveles muy bajos, incluso inferiores a su punto inicial, de equilibrio.
Y cuando el bien señuelo fue un activo durable, sucede que, cuando los precios son muy bajos, más bajos que los implicados por el punto de equilibrio, la banda de granujas es la que compra todo a pecio de remate, de quiebra.
¿Cuál es el saldo final de una burbuja financiera? Sencillo: un universo de incautos, cifrado en millones, hundidos en un problema de deuda impagable y, en consecuencia, una transferencia generalizada de riqueza desde aquéllos, los incautos, hacia la banda de granujas que lo empezó todo.
En el año de 1637 Europa vivió una burbuja de los tulipanes. De pronto, y por el solo influjo del rumor de la exquisita belleza irrepetible, única, en  ciertas variedades de tulipanes - y se sabe ahora debida a un pulgón -, todos los europeos vieron a esas flores como un camino a la riqueza. Se dice que en el pináculo de esa burbuja un solo tulipán llegó a costar lo que una casa de alto lujo en Amsterdam o bien el equivalente a veinte años de salario de un artesano promedio. Y cuando la burbuja estalló, sobrevino lo inevitable: la quiebra de los incautos y del país todo.
South Sea Company fue un monopolio comercial europeo creado en 1720. Sucedió lo mismo, la propaganda y el rumor en torno a las ganancias a futuro debidas al otorgamiento de ese monopolio despertaron la codicia de los incautos y se dio inicio a otra burbuja financiera en torno a las acciones de esa empresa.
¿Cómo logró atrapar a los incautos ese monopolio? Sencillo. Con la siguiente leyenda de propaganda: “Una compañía diseñada para llevar a cabo una empresa muy ventajosa, pero nadie sabe cual“. Sugerente cuando en manos de un monopolio, ¿no?
Cuando a Isaac Newton le pidieron su opinión sobre la burbuja de la South Sea Company, el sabio respondió austeramente que no podía calcular la locura. Pero, ¿sabe algo? El mismo Newton cayó en el garlito de la burbuja, pues él mismo perdió al final 20 mil libras esterlinas que había invertido en acciones de esa empresa.
Ha habido más y más burbujas financieras a lo largo de la historia. En el mundo moderno, el de nuestros tiempos, se dan a raudales: la burbuja de los Punto Com; la inmobiliaria de 2007 que dio origen, en parte, a la actual crisis económica mundial. Nosotros mismos vivimos nuestra burbuja crediticia por aquello del sueño de la abundancia petrolera generada  por el PRI; una burbuja que luego nos llevaría a la condición de deuda impagable y a la quiebra nacional. Y estas condiciones finales de nuestra gran burbuja fueron las que hicieron posible la posterior entrada del neoliberalismo con todos sus devastadores costos añadidos hasta la fecha. Y así, nuestra burbuja petrolera-crediticia también ha sido un eterno proceso de transferencia de riqueza desde el pueblo a las oligarquías bastardas nacionales y extranjeras soliviantadas por el prianismo hasta los días que corren.
Como puede usted ver, las burbujas financieras siempre se deben a lo mismo: una banda de granujas que saben despertar en los incautos la codicia y la imaginación al grado de la fantasía febril para hacerlos víctimas de su propia estupidez. En estos procesos de pillaje generalizado, de timo vil, el incauto pierde el sentido común y se aferra a razones idiotas para justificar sus absurdos en eso de comprar a precios estratosféricos, de oro, un bien que no vale un triste penique. En el fondo, es el mismo mecanismo de engaño que usan el vulgar “piñero” de la calle o los casinos de alto vuelo: tentar la codicia incontrolable del incauto. Y cuando todo revienta, el pobre incauto vuelve a la realidad completamente conmocionado para encontrar que, lo que ayer le parecía un sueño más claro que el agua, luego se le ha tornado en una soberana estupidez que ha lo llevado a la quiebra, a la bancarrota.

Las burbujas electorales:

¿Usted se siente muy listo a grado tal de considerarse inmune a las burbujas financieras? Es posible que sí, no dudo de su capacidad. Pero le sugiero que no olvide a Newton. No olvide tampoco el fracaso nacional a que nos llevó la burbuja priista del petróleo y el crédito.
Pero créame que su mayor prueba de resistencia a las burbujas está por venir. Veremos qué tan fuerte es en este sentido el próximo 1 de julio. Y le digo esto porque, en el México de los tiempos que corren, estamos viviendo una guerra prianista de burbujas electorales que bien pudiera llamarse Odisea Burbujas. Me refiero a la guerra de cifras entre Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota.
Usted puede trasladar todo el esquema de análisis de las burbujas financieras a las burbujas electorales. Así que no repetiré ese asunto porque creo que ya le queda claro cómo han de operar las burbujas electorales. Solamente me limitaré a decirle que se trata básicamente de lo mismo. Son dos bandas de granujas soltando rumores a través de encuestas a modo y de propaganda para despertar en los incautos falsas expectativas para que éstos se decidan a comprar las acciones chatarra que representan sus candidatos respectivos. Una gran mentira, en pocas palabras. Y es una gran mentira donde las encuestas a modo son la parte central del garlito, del timo.
En efecto, los aliados mediáticos de Enrique Peña Nieto le crearon a éste una gran burbuja electoral desde hace más de un año con eso de colocarlo con más del 50 % de las preferencias electorales. Una burbuja en torno a un producto chatarra que, ya sabemos, no vale un penique en el ámbito de la política cuando juzgado con la razón o la sensatez. Esa cifra nunca fue real. Fue más bien el señuelo de la banda para los incautos. Era la cifra mágica acordada por la banda para hacerle creer a la población que Peña Nieto era el nuevo Punto Com, el nuevo South Sea Company que debía ser comprado hasta por el mismo Newton.
Pero esa cifra mágica era también, desde el inicio de la operación especulativa, la meta que se había trazado la banda como objetivo hacia el 1 de julio. Era, pues, el objetivo hacia el cual debía llevarse la verdadera preferencia electoral a golpes de propaganda, caras bonitas y de Gaviotas. Se entiende que un escenario de éxito final y completo para este tipo de operaciones especulativas salva el pellejo de las casas encuestadoras involucradas, porque lo que empieza como una grande y deliberada mentira, termina siendo una realidad. Y si no se torna en realidad legal, se hace realidad con trampas y “haiga sido como haiga sido”.
¿Ha logrado algo la burbuja electoral de Peña Nieto hasta ahora? Es difícil decir algo a este respecto. No se desprecia la posibilidad de que hayan avanzado en su tarea de atrapar incautos, pero es difícil precisar cifras de avance en la tarea predadora de conciencias. Sin embargo, pese a cualquier avance en este sentido, creo que no lo han logrado del todo. Y digo esto porque las encuestas que favorecen a Peña Nieto dejan ver ciertos artificios que las exhiben como instrumentos con poca o nula legitimidad científica y diseñados expresamente para crear mayorías aparentes a partir de minorías estadísticas. Lo cierto es que, en la realidad, la mayoría de la población electoral en México no se pronuncia aún. No abundaré en esto último porque ya lo he tratado a fondo en otros artículos en este diario. Para mí, es asunto resuelto.
¿Y Josefina Vázquez Mota?
Bueno, como Josefina no tuvo un horizonte de tiempo tan amplio como Peña Nieto para planear y ejecutar su operación especulativa, sucede que una vez que se ha puesto en vías de hechos para lograr los mismos resultados que el otro especulador, aunque en un tiempo mucho menor, ha terminado por verse más…más…digamos que ya enseñó el cobre. En efecto, ahora resulta que, en cuestión de horas, de días, de un par de semanas a lo mucho, las encuestas especuladoras de la Josefina la han llevado de costar un miserable florín a la ingente suma de noventa mil florines por piocha; es decir, sus encuestas propagandísticas la han llevado desde el sótano a estar a cuatro o siete puntos abajo del otro gran especulador de tulipanes: Peña Nieto.
¿Acaso Josefina se ha convertido en un tulipán único en su belleza? ¿Acaso los mexicanos se han vuelto tan locos como los holandeses del siglo XVII?
Dudo mucho que la apresurada burbuja electoral de Josefina rinda buenos tulipanes…digo, frutos. Digo esto porque es una estrategia muy burda por apresurada. Es muy obvia y muy predecible hasta para el más ingenuo de los ingenuos. Se necesita de plano ser muy maje para caer en el garlito. Es más, apuesto doble contra sencillo a que la estrategia de Josefina no dará resultados ni aunque ella se disfrace de tulipán infestado de pulgones – que son los que le dan su belleza multicolor y única a estas flores -. En pocas palabras, voy más a los tulipanes televisivos de Peña que a los tulipanes españoles de Josefina.
Y hablando de tulipanes españoles, un dato revelador en todo este enredo de los tulipanes especulados es el asesor de la Josefina: Toño Burbujas. Por los hechos, por los frutos hasta el momento, parece que no posee el talento que se ha presumido hasta antes. Cierto, hoy en día Toño Burbujas no muestra el punch del 2006. Y no lo muestra porque en aquel año las condiciones eran diferentes a las de hoy. Si en el 2006 tenía a su servicio a toda la falsimedia en pleno para armar campañas de desinformación a diestra y siniestra, hoy, en cambio, no tiene a toda la falsimedia a su servicio y enfrenta a un rival especulador y burbujero de buen calado. Sin embargo, eso no es pretexto para excusarse y luego argüir razones a favor de las deficiencias propias. Lo cierto es que el hombre de verdadero talento demuestra sus virtudes, por antitéticas que sean, hasta en las peores adversidades.
¿Y AMLO?
Creo que esta guerra prianista de burbujas terminará por beneficiar a AMLO. Y entre más arrecie la guerra de fantasías, mejor. Y digo esto porque estimo que las burbujas de las diferentes divisas empezarán a generar desconfianza entre el respetable, como ya empieza a hacerlo Josefina para nuestra fortuna. Así que creo que lo mejor que puede hacer AMLO es no sumarse a esta guerra de burbujas – como lo ha hecho hasta ahora - y esperar a que los otros se hagan garras a punta de burbujazos.
Al final, si sigue así, puede ser que AMLO se aviente un reconfortante y merecido chapuzón con inflamada y burbujeante espuma en la tina de baño de Los Pinos después de una vida de jornal a favor de los intereses de la nación…digo, si es que hay tina de baño para cuando llegue, porque los que se van no creo que dejen ni las toallas por aquello del año de Hidalgo.
¿Qué pasará con esta Odisea Burbujas de Peña Nieto y Josefina? No sé en realidad. Lo único que puedo asegurarle es lo siguiente en el caso de que gane el PRI o el PAN: cuando la burbuja electoral reviente tras unos meses del nuevo gobierno, los ciudadanos incautos, los que cayeron por enésima vez en el garlito, exclamarán al cielo lo que siempre han gritado los que son víctimas de una burbuja financiera desde tiempos inmemoriales:
¡Me engañaron!
¡Ay, Dios! Pobre de mi México lindo y querido. No aprende la lección de no tropezar con la misma piedra dos veces. No logra entender que es falsa aquella frase de venta y presentación de las bandas de especuladores que reza:
“Créeme, esta vez será diferente.”…Y el que cree, al saco con todo y zapatos.

Buen día.

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