Enrique Peña Nieto en el país de las maravillas.

Existe un enorme paralelo, casi un empalme y en un mismo sentido, entre el mundo de Peña Nieto y el de Lewis Carroll. Se podría apostar incluso a que Peña Nieto habrá estado muy al tanto de “Alicia en el país de las maravillas” en alguna época de su vida. ¿Cómo sucedió esto? Difícil camino aquello de indagar cómo habrá llegado Peña Nieto a esa obra extraña y legendaria.


Si nos atenemos a su manifiesta aversión al mundo de los libros y el saber, es poco verosímil suponer que haya dado con esa historia a través de las letras de Lewis Carroll. Posiblemente la ruta de Peña Nieto hacia Alicia y su Wonderland habrá sido el mundo de Disney. Pero eso no lo sabemos, y así que ese punto quedará en el más completo misterio.  
Pero en realidad, poco importa en esto la fuente en que haya abrevado Peña Nieto. Lo importante para nosotros es el hecho de que Peña Nieto parece haber caído en algún momento de su pasado en un sumidero de la imaginación que lo encarnó en el personaje central de Lewis: Alicia. 
Parece que Peña Nieto también se topó con algún Conejo Blanco de ojos rosados, arrebujado en su chaleco, y que portaba un reloj de bolsillo. Y, al igual que Alicia, se habrá llenado de pasmo con tal visión al grado de no poder resistir la tentación de perseguir a ese animal fantástico hasta su madriguera, para luego hurgar en la conejera sin considerar cómo habría salir de ahí. Y fue así, seguramente, como Peña Nieto se precipitó a un abismo que la habrá parecido infinito. 
Y ¡cataplum! – como lo expresa el mismo Lewis -. Cuando menos lo esperaba, Peña Nieto fue a caer a Wonderland, al país de las maravillas de Alicia.    
En efecto, el México de Peña Nieto es el mundo de la Alicia de Lewis Carroll. Es un mundo de absurdos, paradojas, lógica invertida, realidades inexistentes, pasados imposibles, contrasentidos, disparates verbales, equívocos e imprecisiones, brutalidad, dulzura y eternidad, con un tiempo encapsulado en el reloj del conejo. Es un mundo, el de Peña Nieto, cuajado de pastelillos, abanicos y guantes de cabritilla mágicos, pastas de té y pócimas embotelladas con sabor a pavos asados y romeritos navideños, y que le hacen aumentar y disminuir de talla a placer, a su gusto, tal cual lo hacen las encuestas del Sombrerero loco.   
Los personajes de ese mundo maravilloso de Peña Nieto son tan bizarros, extravagantes y disparatadamente locos, como los de Lewis. Aunque hay que decir que no son solamente los de Lewis. Y si bien es cierto que él mismo, Peña Nieto, no tiene la educación refinada y clásica de Alicia, sí que adquiere los tintes pulcros de un típico joven producto de la conservadora y aristocrática cultura europea. Y como Alicia, también suele abismarse en frecuentes confusiones que le llevan de lo amable a lo brusco, de lo inteligible a lo ininteligible, de lo vanidoso a lo humilde, de lo normal a lo kafkiano y de lo mexicano a lo victoriano, y viceversa y no viceversa. 
El discurso de aquel mundo de Peña Nieto, ya en su forma, ya en su contenido, es tan disparatado como aquel que se despliega en las noches de insomne y desquiciante vigilia de Lewis Carroll… 
- ¿Quién eres tú? – preguntaba la Oruga azul, con desenfado.    
- Soy candidato…¿O nos soy candidato? – se decía Peña Nieto. 
- ¿Era yo la misma al levantarme esta mañana o no?...Pero si ya no soy la misma, entonces, ¿quién demonios soy?
- ¡Ya! Saldré de dudas sobre mi identidad revisando si sé todas las cosas que antes sabía y que ya no sé…Veamos: cuatro por cinco doce, tres por tres son siete…No, no, no…No quiero parecerme a Mabel…No, a Mabel no…A ver, vayamos mejor a la literatura…Ejem…Bien, así que, por favor, dadme a mí mismo y al instante, tres libros que hayan marcado mi vida para siempre...Recuerda, recuerda…Vamos, recuerda…¡Dios mío! De tres en dos, y de dos en uno, nunca llegaré a veinte, y menos a cincuenta…Pero bueno, como bien dicen mis heraldos de los medios, los conejos blancos: “Que yo sepa, ni las tablas de multiplicar ni los libros sirven para gobernar”…¿Basta con eso?...Sí, claro que basta…¡Ya puedo ser la Reina de Corazones!...Traed, pues, flamingos y erizos, lacayos, ¡y juguemos al “Croquet”!...¡Oh, Dios!...No es cierto, para qué me engaño…¡Curiorífico, curiorífico! ¡Un ratón de Harvard chapoteando en mi mar de lágrimas!...Do you hablas inglés, ratón?...No, no, no, no…Quizá no sepa hablar inglés…Ou est ma chatte, monsieur ratón?...No, no, no, no…¿Qué estoy diciendo? Ni siquiera sé cuántos peniques cuesta una pasta de té…¿Mary Ann yo, señor Conejo?...Al paso que voy con usted, terminaré como la gata de la casa. Pero yo no soy la gata de la casa. La gata de la casa es Dina, mi gata…¿Y Dina es gata?...¿Comerán mexicanos los murciélagos? ¿O comerán murciélagos los mexicanos?...¡Nadie se asoma por la conejera!...¡Ah, ingratos!...¡Juro por mi vida que no saldré de aquí hasta saber quién demonios soy, así se asome Dina por la conejera!...Y menos saldré si me dicen que soy lo que no me gusta ser…¡Oh, Dios! Si tan solo estuviera aquí Dina, conmigo.
El México de Peña Nieto – no el de nosotros, sino el de él -, Wonderland, es un mundo donde la imaginación se ha emancipado de la razón y, en consecuencia, donde las fantasías se hacen realidad sin límite alguno, como en la televisión, y como en la mente insomne de Lewis. Ahí se niega la realidad, y al mismo tiempo todo es posible, aunque imposible. Es un mundo donde se manifiesta de manera prodigiosa la fecundidad de la imaginación infantil que crea sus propias realidades sobre los cimientos vaporosos de la fantasía. Es, pues, un mundo de niños donde todo rebosa de mermelada de naranja, pastelillos, caramelos, tartas de frambuesa, grosellas y pócimas mágicas.
Pero el México maravilloso de Peña Nieto está también al alcance de la vista de los adultos. Pero en ese caso ya no es Wonderland, un mundo de niños. Porque el adulto cuerdo puede descubrir ahí, en ese mundo de disparates priistas, los símbolos de un México destrozado por la clase política oficialista y los Robber Barons – los señores del dinero y de los grandes contratos públicos -, pero que en lenguaje infantil es un México de ensueño. Cierto, cuando visto con los ojos de adulto, es un mundo de caos, sinrazón, valores invertidos, autoritarismo, intolerancia, injustica, corrupción, desinterés, alienación, individualismo boyante, desamor, dudas, miedos, ansiedades, incertidumbre. Y es también, sobre todo, violencia sobre violencia representada por la Reina de Corazones y su manía de decapitar a sus oblongos siervos mientras juega a su equívoco, impreciso y demencial “Croquet”. Es, en suma, todo nuestro México del mundo real puesto de golpe y porrazo en el mundo desquiciante, pero encantador, de Peña Nieto.
Dícese por los medios que, al fondo de una conejera en Huejutla, Hidalgo, se escuchó un discurso de Peña Nieto tan disparatado como el discurso sobre Guillermo el conquistador que el señor ratón disparó a los dodos y aguiluchos en las costas del mar de lágrimas de Alicia. Peña Nieto nos dijo, por ejemplo, lo siguiente: El “priismo se ha caracterizado por ser respetuoso de la ley”. 
Cierto. Sí, pero cierto en Wonderland, no en el mundo real. Para los habitantes del mundo real es falso que el PRI se caracterice por el respeto a la ley. Y si no decimos que esto es completamente falso, es solo porque han existido priistas de excepción en el pasado; pero se trata de poquísimos priistas que no hicieron regla, y que las más de las veces pasaron a la oscuridad del olvido o al camposanto. Por cierto que uno de esos priistas de excepción, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado en circunstancias muy sospechosas que…Bueno, usted ya conoce la historia y ya sabe hacia donde apuntan las cosas.  
Y basta el más mínimo análisis objetivo de la historia económica y política del México real, desde los inicios del PRI hasta la fecha, para dar cuenta de esa negra historia del PRI frente a la ley: crimen, represión, corrupción, pobreza extrema - ¿no son suficientes 50 millones de pobres? -, dependencia económica, deuda externa, un país proveedor de millones de mojados, agricultura devastada, educación pública paupérrima, liderazgos sindicales gangsteriles, violencia, un sistema económico del derroche en servicio de los Robber Barons, comunidades indígenas marginadas y a veces masacradas…Y no he de seguir en esta lista de pecados, porque no acabaríamos. 
Baste decir que el solo recuerdo fresco de Mario Marín, Ulises Ruiz y Humberto Moreira y su deuda coahuilense con olores electorales, hace que esa supuesta legalidad priista nos haga un ruido insoportable en la razón.   
Ahora bien, todo lo anterior constituye evidencia inapelable de una voluntad política priista que violenta los mandatos de las leyes supremas de la nación. Y por cierto que no es necesario hacer un gran acopio de saber para realizar un análisis de este tipo. Vamos, cualquier grupo de muchachos de nivel medio de economía y sociología pueden dar cuenta en una sola sesión de los saldos negativos de esta lóbrega historia priista. Así que, quien se obstine en negar esta realidad del PRI, siempre terminará evidenciado ante la razón como un cretino o como un adorador del Chayote. 
Y de cierto que son abundantes esos analistas de medios adoradores del Chayote que gustan de encarnarse en el Dodo, y adoptar la postura del gran pensador, para luego determinar el premio de la carrera loca diciendo: ¡Venga acá el dedal!...¡Caramelos para todos!...¡El futuro es el PRI!...¡El mañana es el PAN!
En su discurso desde el fondo de la conejera en Huejutla, Peña Nieto también nos habló de un concepto estremecedor, no por su belleza, sino por su lóbrego pasado: el “Carro completo”. Sí, una expresión que trata de significar a una opinión pública unificada y monolítica, carente de diversidad y pluralidad. Una expresión ilusoria y muy propia de la Reina de Corazones de Wonderland, pero más especialmente de los regímenes totalitarios que tratan de ocultar sus pecados contra el pueblo, y el descontento de éste, bajo el antifaz de un consenso artificial; consenso fabricado con las encuestas de un Sombrerero loco y difundidas en las alas oscuras y hediondas de las falacias de autoridad y masa de la propaganda. 
Hay que decir a las nuevas generaciones que la expresión “Carro completo” constituye una de las varias máximas del PRI que simbolizan el estado general de descomposición moral de la política bajo el imperio de ese partido. Y sobre la parte lóbrega de nuestra historia que atañe a esa expresión, pueden dar testimonio pormenorizado los viejos luchadores sociales del panismo y de la izquierda de los años previos al neoliberalismo. Se trata del pináculo de toda una época de largo aliento de delitos electorales sistemáticos contra la nación.
La retórica clásica - la única existente, a decir verdad - nos dice que todo discurso, no pudiendo demostrar rigurosamente, debe entonces diseñarse, sobre todo, con la vista puesta en aquello de persuadir al auditorio en base a las creencias de éste. Y traduciendo esto a un lenguaje llano, más rupestre y, por ende, más adecuado al priismo, digamos que un discurso se hace para ganar la simpatía de la gente diciéndole a ésta lo que ya cree o lo que ya sabe, y que es precisamente lo que desea escuchar. Supongo que esta descripción simple es entendible para un político priista, porque de hecho es de las pocas cosas que saben hacer: decir lo que ya todo mundo sabe…y sin gracia, por cierto. 
Bien, cuando usted examina el discurso de Peña Nieto en Huejutla desde la anterior perspectiva, parece que este señor, con su proclama del “Carro completo”, está suponiendo que somos un país de hombres absurdos, por no decir de cretinos. Digo, porque solamente un hombre absurdo puede vivir sin saber a qué atenerse y, así, cometer la insensatez de poner el futuro de la nación en un partido con la negra historia del PRI, en un árbol que, ya se sabe, da mal fruto. Y es que solamente un hombre absurdo puede cometer el mismo error dos veces.
Pareciera, pues, que los priistas tratan de adoptar la salvaje y pueril personalidad de la Reina de Corazones, para luego intentar sembrarnos a nosotros en Wonderland, entre los absurdos personajes de Lewis. 
Tengo la certeza de que, al menos en potencia, no somos un país de hombres absurdos. De forma tal que, en circunstancias normales, y con la información adecuada a la mano, sé que ningún ciudadano honesto daría crédito al PRI de Peña Nieto…
Oiga, espere un momento. Parece que estamos siendo demasiado optimistas en esto último. Hay un factor que no hemos tomado en cuenta y que puede hacer creer a muchos mexicanos que Wonderland, el mundo de Peña Nieto, sí es real, y que el mundo de la razón y los hechos es ilusorio, un sueño. Sé que esto le puede parecer desconcertante, porque sabemos que la razón y los hechos no pueden ser una ilusión, y sabemos también que el mundo de las maravillas de Alicia, como el de Peña Nieto, son fantasías. Pero el hecho es que ese factor del que hablo sí es capaz de alienar a las gentes hasta hacer realidad ese absurdo. Hablo de la televisión.  
En efecto, cuando recordamos que la televisión es el fundamento y el pináculo de ese PRI de Peña Nieto, la esencia, parece que las cosas ya no están tan claras para el mundo de la razón y la verdad. Y es que no se puede pasar por alto el hecho de que ese aparato endemoniado tiene un poder inmenso una vez que tomamos en cuenta su tutoría intelectual y de conciencia sobre amplios núcleos de la población en México. Lo cierto es que muchos mexicanos no pueden pensar y decidir si antes la televisión no les da instrucciones precisas sobre lo que deben pensar y hacer en cada paso. 
Así que, siendo realistas, no podemos dejar de reconocer que los Robber Barons – los dueños del PRI - tienen una gran ventaja en esta lucha contra los mexicanos despiertos, conscientes. Y viendo las cosas así, no se puede despreciar la posibilidad de que el México real se torne, al final, en un Wonderland donde cobre realidad el PRI del mundo de Peña Nieto, el PRI amante de la ley y, en consecuencia, el “Carro completo”.   
Un momento…¿Escuchan?...Parece que es otra vez Enrique desde Wonderland, desde el fondo de la conejera en Huejutla…
- Es ininteligible lo que dice – dice uno de los que permanecen arriba, en la entrada de la guarida del Conejo Blanco -. Sí, parece que se ha inconformado en torno a la decisión del IFE de permitir sólo al PAN acceder a los spots de radio y televisión…A ver…Sí, en efecto, dice Peña Nieto que le parece una resolución inequitativa que afecta la contienda.
A lo dicho: Peña Nieto se extingue casi en la nada sin la televisión. Y por ello lo veremos de aquí a la jornada electoral deambular sin cansancio por el maravilloso mundo de Alicia. Ahora que si él gana la elección, bueno, pues resígnese a la idea de vivir en Wonderland para confundir el aburrido balar de los rebaños con los sollozos de la falsa Tortuga por los siglos de los siglos. 
Quienes ya cargan con cierta experiencia en la vida en este país, y que saben a qué atenerse con los partidos, y que saben afrontar el hartazgo de la realidad, entienden que la proclama de “Carro completo” presagia un futuro incierto y gris; un futuro que significa la vuelta a un pasado remoto. Se trata de un futuro cuajado de Sombrereros locos, Tortugas lloronas, falacias propagandísticas, compra de votos, fraudes electorales y silencio sepulcral de los dodos de los medios. Y vaya que para eso los priistas sí que se pintan solos. Más de ochenta años de experiencia los avalan en la filosofía práctica de: “El que no transa, no avanza”. Filosofía que, a su vez, ha cifrado la esencia del fracaso nacional.
Poniendo la vista en el estado general de cosas en el mundo moderno, estando éste ya tan al borde de un cambio forzoso, dramático y doloroso en su orden, creo que esta elección del 2012 es la última oportunidad de México para echar por la borda a la clase política oficialista y, con ello, hacerse un futuro posible de abundancia para todos en ese reordenamiento global que nos espera. Si no se da ese paso definitivo y seguimos por la misma ruta, habremos cruzado el Rubicón para dirigirnos a un sumidero trágico asidos de la cola del viejo orden. 
¿Seremos un país de hombres absurdos al grado de llegar a la desmesura de creer en Wonderland, en el país imaginario del PRI? Eso lo veremos en este 2102. 
Feliz año nuevo a todos, especialmente a los mexicanos que desean un mejor país, no solo para ellos, sino para todos.  

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