Enrique Krauze: El apóstol de Henrique Capriles.

1.- Sobre el fanatismo:

El fanatismo es un asunto ligado íntimamente al complicado campo de las creencias humanas. Pero para el caso que nos ocupa en este apunte, lo delimitaré diciendo que es la actitud que busca certezas más allá de ciencia y opinión  trascendiendo a un mundo suprasensible - no empírico - para fabricar ahí ideas ad hoc que se asumen como la verdad sobre determinados aspectos del mundo real. Y aunque se trata de ideas subjetivas, el fanático está persuadido siempre de que sus ideas fabricadas son verdaderas. El fanático opera a través de la fe, de la creencia, y su verdad no puede ser demostrada ni refutada pero sí que es transferible por la retórica, la persuasión. Luego, y como consecuencia de su adhesión sentimental a sus ideas fabricadas, todo juicio que plantea el fanático se lanza siempre a título de verdad irrefutable sin mediar evidencia alguna.

2.- El juicio sumario de Enrique Krauze sobre los fanáticos de la política:

Alguna vez Enrique Krauze motejó a AMLO como "Mesías tropical". Más allá de la carga electorera que estaba oculta en el rasgo satírico del mote, para Krauze esto constituyó la expresión pública de su noción de AMLO como un líder populista que se asume como redentor de los mexicanos. Más tarde fuimos testigos de cómo la ingenua y candorosa pasión política de Krauze no le bastó con AMLO y terminó cediendo a sus impulsos para extender su juicio sumario hasta Venezuela para definir a Hugo Chávez con los mismos matices que AMLO: Un político populista que se asume como redentor del pueblo venezolano, es decir, como otro mesías. Y como no hay mesías sin adherentes, luego tenemos que concluir que la calificación de Krauze de estos dos políticos como mesías incluye forzosamente la definición de sus millones de adherentes respectivos bajo la condición inapelable de fanáticos.
Aunque podría demostrar que Enrique Krauze ha obrado de manera ilegítima al convertir en fanatismo lo que puede ser solo una natural y muy legítima creencia humana hecha comprensible a través del testimonio de los hechos de los dos políticos, dejaré eso para mejor ocasión porque mi objetivo por el momento es demostrar que Krauze sí es un fanático  confeso.   

3.- Las falacias de Enrique Krauze:

Hace algunos meses, en los tiempos previos a la última jornada electoral en Venezuela donde triunfaría Hugo Chávez, Enrique Krauze publicó un escrito bajo el título "Carta a un chavista", y cuyo propósito era exhortar a los chavistas a abandonar su fanatismo y decidir con lucidez en su elección, pero identificando de pasada a Capriles como la mejor opción para la lucidez. Le ofrezco enlace al escrito de Krauze por si desea leerlo.
 http://www.el-nacional.com/politica/Carta-chavista-Enrique-Krauze_0_52794949.html
Vamos a desmenuzar este escrito en sus puntos principales para extraer de sus entresijos el fanatismo del autor. 
Krauze inicia su escrito con la técnica habitual del sofista a fin de acomodar al lector chavista ingenuo e impresionable bajo la mira de la conocida falacia de la autoridad. Para esto, él echa los primeros fundamentos de la falacia presentándose como escritor mexicano, y sobre eso empieza a asentar los primeros tabiques del truco en los siguientes términos:
- "Me importa y preocupa el destino de Venezuela...Por eso dediqué un año al estudio de la historia y la vida de Venezuela, y publiqué el libro El poder y el delirio".
Luego coloca más tabiques hasta terminar esta primera fase: 
- "Yo no soy un enemigo de Hugo Chávez. Soy un crítico de Hugo Chávez, que es muy distinto."
Listo. Krauze ya construyó su primera falacia postulando su autoridad por cuenta propia. No va a demostrar nada objetivamente. Pero lo que sí va a intentar es tratar de persuadir lanzando el siguiente anzuelo seductor a los chavistas: Habla un escritor mexicano que, gracias al rápido aprendizaje jamás concebido - un año -, sí sabe de la realidad objetiva de su país y que por ello tiene la clave de su felicidad. Y aunque esto ya tiene un cierto tufo a fanatismo krauziano, se la perdono a Krauze y se la dejo solo en vulgar recurso sofístico. Prosigamos.
Como a Krauze le resulta imprescindible hacerse pasar como crítico objetivo, sabe que tiene que conceder algo en favor de Hugo Chávez antes de dar garrote si no el circo se le cae. Así que, una vez que reconoce la vocación social de este político, pasa luego a dar el palo. En efecto, aclara que no pasa por alto los vicios en el estilo de hacer política en Hugo Chávez, en especial en lo referente a su larga permanencia en el poder y su matiz absolutista, y los costos que esto ha reportado a Venezuela hasta el grado de ya obstaculizar el desarrollo del país.  
Krauze se da a la tarea de demostrar sus anteriores afirmaciones en dos fases. Primero trata de demostrar la relación directa que hay entre poder absoluto y la corrupción, y luego tratará de demostrar la relación que hay entre corrupción y debacle de la sociedad. Una vez demostradas las dos fases, para Krauze quedará demostrada la relación entre poder absoluto y debacle de la sociedad.
Bien, la primera fase la demuestra Krauze apelando a la experiencia histórica resumida en una máxima de Lord Acton:
- "El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente."
La segunda fase la demuestra Krauze apelando de nuevo a la experiencia histórica en los siguientes términos: 
- La historia del siglo XX demuestra que los autócratas que prometieron el cielo en la tierra terminaron por traer a sus pueblos hambre, desolación, pobreza, guerra y muerte."
Krauze cuida bien esta segunda fase trayendo a cuentas una semblanza muy general y vaga sobre la condición económica y social de Venezuela para darle poder sugestivo: dispendio de la renta petrolera, corrupción de la élite política y militar, crisis - alta inflación, carestía como resultado de las masivas expropiaciones -, ineficacia de los servidores públicos, y la criminalidad.
La conclusión de Krauze es clara:
- "En consecuencia...Venezuela está ahora mismo frente a esa necesidad histórica: debe poner límites al poder absoluto" - echar fuera a Hugo Chávez -.
El silogismo de Krauze es simplemente impecable a primera vista. Sin embargo, el problema de Krauze es que acude a dos falacias en su demostración: la de generalización y la que conocemos en economía como de causalidad. 
La falacia de generalización se da cuando acude al artilugio de pretender extraer una verdad universal o necesaria a partir de datos empíricos que solo pueden dar lugar a verdades probables o de tendencia. Y para ponerle más claro esto le pregunto algo: ¿Es cierto que toda aproximación al poder político absoluto corrompe y ha de terminar por traer la perdición a la sociedad? Y me basta citar dos casos concretos de la historia reciente para exhibir el truco de Krauze y derrumbar su falacia de generalización. 
De entrada, supongo que por sus mismas inclinaciones ideológicas, el mismo Krauze aceptará que el partido comunista de China es un ejemplo supremo de acercamiento al poder absoluto y que EUA es el modelo de la democracia moderna. Sin embargo, contra lo que afirma Krauze, sucede que los logros económicos y sociales de China son tan patentes y abrumadores que ya se ubica como el futuro eje de la hegemonía global porque EUA, por el contrario, se ha enfrascado en un proceso de estancamiento, crisis y decadencia generalizada desde la era Richard Nixon.
Exhibida la falacia de generalización, procedamos a demostrar la falacia de causalidad de Krauze al menos en el ámbito de lo económico. 
Incurre en la falacia de causalidad todo aquella persona que, analizando una situación económica, afirma luego una relación de causalidad entre dos fenómenos por el simple hecho de que uno ocurre antes que el otro en el tiempo y sin haber abstraído antes a los dos fenómenos bajo análisis del resto de variables que pueden influir en el mismo resultado del análisis. Y Krauze incurre en esta falacia porque afirma una relación de causalidad que va de un fenómeno que ha ocurrido antes en el tiempo - arribo al poder de Hugo Chávez y su consolidación - como causa de un fenómeno que ha ocurrido después en el tiempo - dispendio, crisis, carestía -, pero sin cuidarse de abstraer esto del ambiente global de crisis económica.
En efecto, Krauze afirma que la crisis de Venezuela se debe al ejercicio del poder de Chávez, pero no se ha cuidado de tomar en cuenta que la crisis de Venezuela está esencialmente vinculada y determinada por el efecto de la crisis global que impera en el mundo. Así como Venezuela está en crisis, también lo están EUA y muchas democracias europeas. Y es así que mientras Krauze no traiga a cuentas un estudio científico que haya aislado la relación de causalidad entre el ejercicio de Chávez en el poder y la crisis económica de Venezuela, su discurso al caso deberá ser tenido como vulgar falacia de causalidad. 
Aunque las falacias de Krauze me siguen dando tufo a fanatismo, se las vuelvo a pasar como simples recursos sofísticos, por no decir engañadores. Y ya demostradas las falacias, ahora sí pasemos al fanatismo de Krauze.

4.- El fanatismo de Enrique Krauze:

Una vez que Hugo Chávez ya ha sido liquidado con la retórica falaz de Krauze con el epitafio de "amenaza letal para la humanidad", éste pasa luego a develar su propuesta de mejor y ciertísima alternativa para la felicidad del pueblo venezolano...Exacto, no se equivocó: Tras el velo aparece Henrique Capriles bajo los siguientes términos:
- "Por lo demás, ya que Chávez se percibe a sí mismo como un redentor y ha llegado a invocar al propio Cristo en sus campañas, estoy seguro de que a usted no se le escapa la devoción de Capriles por la Virgen del Valle, patrona de la isla de Margarita, devoción compartida por millones de sus compatriotas. El fervor de Capriles no es calculado ni político. Es un fervor íntimo y sincero."
Aclaremos que los móviles de la supuesta devoción cristiana de Capriles solo son datos para él, en tanto que son datos de su subjetividad. Él podrá tener certeza clara de esos móviles, pero esos móviles, por ser enteramente subjetivos, de él, son completamente intransferibles en condición de evidencia objetiva a los demás hombres, incluido Krauze. Y esto se sostiene siempre y cuando no exista un demente que pretenda creer que Capriles pueda objetivar sus ideas que obran como móviles tal como si fueran un letrero colgado a su cuello, tangible y legible para cada ser humano, y que rezara cualquiera de los siguientes dos epígrafes: "Soy cristiano legítimo" o "Finjo ser cristiano para buscar prestigio político."
Ahora bien, como no podemos suponer que Enrique Krauze sea el único ser humano de la historia que haya logrado superar la limitación de la percepción sensible en el conocimiento para alcanzar una divina intuición de los suprasensible - algo solo propio de Dios -, tenemos que concluir que cuando afirma categóricamente y sin ambages que la devoción cristiana de Capriles no es calculada ni política, sino íntima y sincera, termina por inmolar su poca objetividad en el escrito y se lanza de lleno al mundo trascendente de lo suprasensible. Y ya ahí, en su mundo ideal, Krauze se nos muestra como lo que es: un fanático de su mesías ocasional: Henrique Capriles. 
En efecto, Krauze aquí ya encuadra a la perfección en la definición que dimos del fanático al abrir este apunte. Pero lo grave es que Krauze empieza a cometer serios despropósitos cuando ya se monta a horcajadas y sin el menor escrúpulo en el tonel de su volador fanatismo. Nos dice Krauze lo siguiente:
- " Es un fervor íntimo y sincero- el de Capriles -. Por eso conmueve a quienes lo abrazan en los pueblos."
Como puede ver el lector, Krauze se ha inventado al paso un novedoso criterio de prueba de la realidad suprasensible que él afirma ver en la supuesta devoción de Capriles, y que es el siguiente: Si el discurso del cristiano conmueve al auditorio, luego se concluye que la devoción de ese cristiano es sincera y tiene su móvil en Cristo.
¿De dónde ha sacado Krauze una relación directa entre la capacidad retórica de un hombre para conmover a un auditorio y la legitimidad de su devoción a Cristo? ¿Qué diablos es esto? 
Si este criterio de prueba que se ha inventado Krauze fuera cierto, tendríamos que concluir que los fanáticos religiosos que han logrado persuadir a sus adherentes para iniciar una guerra a nombre de su fe son verdaderos cristianos porque han logrado esa persuasión. Como el absurdo está demostrado, prosigo.
No hay mucho por espigar en los episodios del escrito en que Krauze ya de plano se ve como un fanático aplicado a la función de prosélito o apóstol de su mesías ocasional: Henrique Capriles. Se trata de expresiones que son mera apologética en favor de su mesías, fantasía poética exhortativa y que apela a la exaltación de conceptos muy subjetivos en el mesías. Lo más rescatable es lo siguiente:
- "Venezuela tiene hoy la alternativa de votar por un proyecto distinto, el de Henrique Capriles, joven valeroso, sensible, responsable, conciliador y visionario. Sus propuestas buscan recobrar la sensatez económica y ha prometido que respetará y mejorará las conquistas sociales, y no afectará los sueldos y prestaciones de los empleados gubernamentales. Le sugiero a usted, respetuosamente, considerarlo."
Supongo que al lector le queda claro que no existe diferencia esencial entre estas expresiones de Krauze y las expresiones de los apóstoles cuando difundían las Buenas Nuevas de Cristo en el Mediterráneo y medio oriente: Él es bueno, él es el sumo bien, él es visionario, él es la sensatez, él promete, él respeta. Así que, por todo ello, romanos, escuchadme: os sugiero respetuosamente que consideréis a Capriles como vuestro líder.

5.- El fanatismo confirmado de Enrique Krauze:

Krauze da pináculo a sus despropósitos cuando hace alusión negativa a la fe de los chavistas en su ex presidente:
- "Una nación no debe confiar en la palabra de un gobernante como si fuera la palabra de Dios."
Gran verdad de Krauze. Gran verdad porque siendo la santidad ajena al hombre y solo patrimonio exclusivo de Dios, y no teniendo certeza alguna respecto de los móviles en la voluntad de los demás, luego no podemos confiar a ciegas en ellos. Pero puesto que ya demostramos que Krauze sí cree a ciegas en la retórica de Capriles cual si fuera la palabra de Dios, luego solo podemos confirmar que es un fanático.     

6.- Conclusión:

Siempre esperaríamos que un escritor profesional se ciñera por completo a la noción del lenguaje como exteriorización de la razón siempre y cuando su especialidad sea una disciplina científica y no así la fantasía poética. Krauze se ha presentado en su escrito ante los chavistas, no como un poeta, sino como un escritor. Sin embargo, si usted repasa lo dicho aquí solo le quedará patente un Enrique Krauze como escritor cuyas letras repudian a la razón y optan por el más rudo fanatismo. Y se trata de un fanatismo que, por analogía, sufre de los mismos sesgos que el león y el zorrilo de los viejos adagios. 
En efecto, Krauze es un fanático que cree que todos son de su misma condición y por ello ve fanatismos en cualquier espasmo de natural y legítima creencia, en el mundo de AMLO y de Hugo Chávez, y en el mundo de quien se atraviese en el camino de sus fanatismos. Pero lo más grave es que Krauze es un fanático que se tiene por crítico objetivo porque no alcanza a olfatear las acres fragancias de su propio fanatismo. Y vaya que es absolutamente comprensible esa incapacidad de Krauze para asumir una actitud crítica consigo mismo porque su propio fanatismo lo ha puesto en fuga del mundo real hacia un lugar en donde no puede alcanzar la luz esclarecedora de la objetividad. 

Buen día.

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