El PRI y las falacias de su reforma energética.

El silogismo:

El silogismo de Aristóteles - razonamiento deductivo - se mantuvo por siglos como el instrumento por excelencia para el conocimiento por excelencia. Y ese papel protagónico del silogismo solo eclipsaría hasta la irrupción gradual de la ciencia nueva con el racionalismo y el empirismo - Descartes, Bacon, Locke, etc. - que desplazarían la atención hacia la prueba, ya como evidencia empírica o ya como racional, como el signo de la verdad en el conocer. Y nada más natural que haya ocurrido este giro de la historia si consideramos los ideales del conocer en uno y otro caso. 

La silogística centra su ideal en la exposición y reafirmación de verdades necesarias ya conocidas, y es por ello que pone su exigencia en un razonamiento deductivo donde la verdad de la conclusión ya está contenida en la verdad evidente de las premisas y, en consecuencia, donde toda demostración no viene a enseñarnos nada nuevo o diferente a lo ya conocido en el mismo resultado: la conclusión. Por el contrario, la ciencia nueva que emerge con racionalismo y empirismo centra su ideal en la investigación descubridora y crítica, atenido a verdades de hecho y de razón, y de ahí desplaza su exigencia a un razonamiento abierto, no cerrado, que pueda encontrar verdades nuevas a partir de verdades ya conocidas. 
Con todo, y a pesar de su eclipse, el silogismo sigue formando parte de nuestro discurso del día a día. Con esto no quiero decir que nuestro discurso del día a día se ajuste escrupulosamente a la fórmula clásica del silogismo aristotélico y que nuestro hablar sea un: "Si todos los hombres son mortales..." No, lo que quiero decir es que los silogismos siempre están ahí diluidos en nuestro discurso y cumpliendo la importante función de dar coherencia y claridad a nuestras expresiones. Pero en esto siempre se ha de reconocer que los silogismos jamás podrán servirnos en el discurso para inferir verdades nuevas, y menos aun en las cosas referentes a la vida práctica, como pueden ser la economía y la política.

El discurso silogístico de los priistas: 

Pero mire usted que los priistas sí que son muy inclinados al uso ilegítimo del silogismo en el discurso, toda vez que van más allá de su uso como regla de coherencia hasta abordarlo indebidamente como instrumento de prueba de verdades a su antojo, algo que era muy propio de los pensadores escolásticos y previos para instalar dogmas, prejuicios y mentiras de toda clase, al nivel de verdades necesarias. Y como veremos, este uso ilegítimo los pone a ellos, a los priistas, por lo menos en la condición de unos políticos que, teniendo la cabeza encajada en la nube de un pasado medieval, tienen al mismo tiempo los pies de barro sentados en un moderno y muy vulgar pragmatismo. 
Enseguida voy a darle algunos silogismos priistas en torno a la reforma energética a manera de ejemplo. Por supuesto que no cumplen las exigencias de estructura de un silogismo en todo, pero eso no les quita su carácter de silogismos. Y como son vastos en número, me limitaré por el momento a considerar dos de los más emblemáticos. Y es así que los priistas, inspirados sin saberlo en la vieja doctrina de los vicios privados de Mandeville, nos dicen:
Privilegiar a los intereses privados por sobre el interés del Estado en el juego económico garantiza el crecimiento de los  beneficios públicos, y como el libre mercado es la pleamar de la rectoría de los intereses privados en la economía, luego entonces el libre mercado garantiza a su máximo el crecimiento de los beneficios públicos.
Y luego, sentado lo anterior, añaden los priistas lo siguiente con la vista ya puesta en PEMEX:
Toda política económica que privilegia al libre mercado por sobre el Estado es buena - porque promueve el bien civil, según la conclusión de arriba -, y como la reforma energética es una política que privilegia al libre mercado, luego entonces la reforma energética es buena.
Hasta aquí, el razonamiento de los priistas es simplemente impecable por extraordinariamente coherente y evidente. No tiene objeción. Puestas las cosas así, los razonamientos tricolores nos ponen a los ojos verdades evidentes que no necesitan demostración alguna por su misma evidencia. Y es tan claro esto que, puesto así el asunto, sería hasta estúpido oponerse a la reforma energética.
El único problema aquí es que todo silogismo tiene el vicio de la petición de principio, y los silogismos priistas están en eso mismo. Es decir, para dar por demostrado silogísticamente que la reforma energética es buena para la nación, es preciso antes concederle a los priistas la razón completa cuando nos dicen que "Privilegiar a los intereses privados por sobre el interés del Estado en el juego económico garantiza el crecimiento de los  beneficios públicos". ¿Y es cierto eso que afirman los priistas siempre y en todos los casos, tal como es cierto siempre y en todos los casos que todo hombre es mortal? 
Lo anterior es fácil de responder. Y solamente me referiré al caso de México para esto porque no creo que sea menester ser más extensivo. Me basta con señalar una excepción de entre las muchas que existen. 
México ha padecido durante los últimos treinta años una ola neoliberal que ha ido privatizando muchas actividades antes reservadas al Estado; privatización que no significa otra cosa que el privilegio a los intereses privados y al libre mercado por sobre el interés del Estado en el juego económico. Como nunca antes en este país hemos vivido un auge creciente del libre mercado por doquier. Y tanto es esto, que la energía es hoy en día vista como el último bastión pendiente en ese proceso de reconversión del Estado al libre mercado. A su vez, cada salto en ese proceso privatizador siempre se ha fundamentado políticamente con el mismo grito de guerra: "Privilegiar a los intereses privados en el juego económico garantiza el crecimiento de los beneficios públicos". Por supuesto que priistas y panistas, según toque en la ronda del mamar de la ubre, han traducido esto en lenguaje para legos de la siguiente manera: Si se privatiza tal o cual sector del Estado, habrá más "chambita" para usted y, por ende, más beneficios públicos. Y sin embargo, pese a ese incuestionable crecimiento del libre mercado a expensas del Estado, lo cierto es que el resultado final es un país que se ha ido abismando en un infierno de injusticias económicas y sociales y violencia a más y mejor con decenas de millones de miserables creciendo a tasas positivas y con un cada vez más selecto y concentrado club de megaempresarios privilegiados que ya figuran incluso en las listas de los hombres más ricos del planeta. Y tome en cuenta que esto es una verdad de hecho que cualquier muchacho estudiante de economía podría demostrarle de manera objetiva con el más simple análisis de nuestra realidad económica durante los últimos treinta años.
Así las cosas, se puede afirmar que la ola de libre mercado en México ha redundado positivamente hasta ahora en un estado creciente de malestar público. Y a menos que estemos dispuestos a creer que economía y política son ciencias positivas diseñadas para la maximización del malestar público, ya estamos en condiciones de decir que no se le puede conceder la razón completa a los priistas en esta prueba. Es decir, la realidad nos muestra que no es cierto siempre y en todos los casos que privilegiar a los intereses privados en el juego económico garantiza un crecimiento de los beneficios públicos, porque hay al menos un caso, el de México, donde eso mismo garantiza el crecimiento del malestar público.
En suma, la conclusión priista en favor de la reforma energética es falsa al menos en el caso de México.

El discurso falaz de los priistas: 

Pero el fallo de los priistas en esto no es error. Se trata de una mentira deliberada. Se trata de argucias verbales priistas diseñadas deliberadamente para intentar confundir al auditorio, a los mexicanos de a pie, y hacer pasar ante ellos como necesariamente verdadero algo que es falso o por lo menos solo probable. Y se aclara que este tipo de argucias verbales son técnicas de argumentación muy viejas, conocidas desde tiempos de Platón, y que luego Aristóteles estudiaría, sistematizaría y pondría bajo el epígrafe genérico de: argumentaciones sofísticas, silogismos sofísticos, o simplemente sofismas o falacias. Y para ser más precisos, los priistas están usando, en este caso de la reforma energética, de la falacia consistente en la generalización ilegítima de premisas.  
En efecto, para articular sus ya demostradas mentiras como si fueran verdades evidentes, inobjetables - la reforma energética es un bien para la nación -, los priistas se ven constreñidos a  atravesar afirmaciones a modo de premisas que, sin mérito alguno, aspiran a ser verdaderas necesarias, o verdades siempre y en todos los casos. Y no de otra forma podemos explicar el desprecio que en esto hacen los priistas de los hechos, de la realidad de México, por ejemplo, para afirmar lo que afirman en sus argumentaciones mentirosas.
En palabras llanas, lo que los priistas pretenden con sus silogismos sofísticos es venderle a usted una acción bursátil chatarra - el saqueo a la nación que sobreviene con la privatización de PEMEX -, o que pinta para eso con máxima verosimilitud, bajo el camuflaje de un bondadoso bono del tesoro, seguro y atractivo - el supuesto bienestar público que vendría a la nación con la misma acción privatizadora -. 

La falacia de la modernidad:

Pero los priistas saben con anticipación que el concepto del libre mercado, pese a toda falacia que se atraviese, y por más poderosa que sea, no es suficientemente persuasivo por sus malos saldos en los hechos, y no es útil por ello para abonar en persuasión y legitimidad hacia la reforma energética. Y de ahí es que en sus silogismos sofísticos se dan a la tarea de suplir toda mención al libre mercado con palabras más amables, persuasivas y vendibles, como: Modernidad, modernización, modernismo, moderno y etcétera y etcétera. 
No necesito hacer la crítica a esta nueva modalidad de silogismo sofístico porque es igual a los planteados arriba, solo que con "libre mercado" camuflado bajo la palabra "Modernización". Y así que aplica el mismo análisis anterior, con sus mismas conclusiones: se trata de hacer pasar ante usted algo que es falso, o al menos probable, como una verdad evidente, y así justificar la privatización de PEMEX. 
Usted bien puede aplicar por su cuenta este mismo silogismo sofístico al caso del "mal civil" derivado del impulso al control del Estado sobre PEMEX. De hecho, los priistas y sus ruiseñores de los medios lo usan de continuo cuando quieren estigmatizar a AMLO de "malo", de mal mexicano, de retardatario, de anticuado, de déspota, de diablo, de comunista, de chavista, de hereje pertinaz y demás linduras, por no apoyar la reforma energética priista.
Pero sucede que la palabra "modernización" agrega más falacias, que no son sino intentos de engaño al público. 
Ya dijimos que la palabra "modernidad" es solo un instrumento artificial diseñado para camuflar la verdad - privatización de PEMEX, o el triunfo final del libre mercado - y aumentar el poder de persuasión en el discurso. Y como tal, dicha palabra es vaga y convencional, carente de alguna determinación cualitativa y cuantitativa. Con lo anterior, quiero decir que los priistas siempre encajarán la noción de "modernidad" al gusto del auditorio-cliente en turno dándole determinaciones cuantitativas y cualitativas al gusto. Y sin embargo, los priistas jamás podrán responder de manera objetiva y clara, científica, y por mucho que pongan de su escaso ingenio, cosas como: ¿Qué tipo de modernidad busca el PRI? ¿Cuánta modernidad es buena? Y lo que es más: ¿Cuántas acciones modernizadoras hacen un montón de modernidad?
Y esa vaciedad de la noción priista de "modernidad" se extiende incluso hasta dotarle de determinaciones cualitativas y cuantitativas arbitrarios y valederas solo para ellos mismos. Y en su propio esquema arbitrario e inconfesable, el determinante cualitativo de la modernidad es normado solo por su interés de vender a PEMEX a costa de lo que sea con la vista puesta en dos fines utilitarios muy claros:  pagar facturas a sus financiadores en campaña, a aquellos que los han instalado de manera poco legítima en el poder, y enriquecerse al lado de sus amos petroleros a costa del patrimonio de la nación en materia de energéticos. A su vez, esos fines utilitarios han de normar al determinante cuantitativo: el precio de toda la movida. Y así, pues, todo lo que sea útil a esa voluntad inconfesable de lucro del nuevo priismo será siempre considerado y tenido como muy "modernizador".
Demostradas ya las mentiras implícitas en los silogismos sofísticos priistas en pro de la reforma energética, déjeme ahora decirle algo que creo es muy importante a manera de comentario final. 
Si nos consideramos como insertos en una historia con sentido de progreso, pese a estas decadencias que vivimos con el PRI y el PAN, es menester, entonces, que comprendamos que vivimos en una época mejor a las épocas del remoto pasado, y que es heredera de la edad de la razón, de la Ilustración y de la ciencia moderna. Y siendo así las cosas, es menester también que, al definirnos como "hombres modernos", actuales, nos comprendamos en ello como hombres que han aprendido a usar de la razón para pensar críticamente y por cuenta propia, y como guía para una vida con prudencia y en vistas de la felicidad como fin de existencia. Y si usted desea ser consecuente con su noción de sí mismo como "hombre moderno", es preciso, pues, que no se deje engañar por estos ridículos y burdos silogismos sofísticos de los priistas, que son diseñados deliberadamente para mentirle y escamotearle su patrimonio en el cuerpo de los recursos de la nación que son claves para el futuro de todos. De cierto que dejarse engañar por estas vulgares sofisterías priistas le ha de negar méritos para acariciar la condición, no solo de "hombre moderno", sino de hombre libre y hasta de adulto.  
Cierto, caer en redondo en el saco de las burdas falacias de los priistas lo reduce a la minoría de edad, si no es que a la condición de un esclavo apatronado que es incapaz de pensar por su cuenta, y que deambula por el mundo como aquel esclavo de Dostoievski en la narración del Gran Inquisidor. Me refiero al esclavo que ofrece lo mejor de sí, su libertad y su dignidad moral, a cambio de un mendrugo de pan, vulgo chambita. 

Buen día. 

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