El IFE bajo sospecha.

El IFE es ya objeto de sospechas para casi todos los efectos en el imaginario del pueblo. Esto está fuera de toda duda. Los consejeros del IFE podrán polemizar en contra de esto atravesando sus panegíricos de fantasía poética en honor del IFE acompañados de sus muecas de señores gazmoños, cantando una y mil veces con el acompañamiento de Armstrong, "Soy el más pulcro de los oblatos" - melodía imaginaria -, pero lo cierto es que el ciudadano ordinario no despejará sus sospechas de que la actuación del IFE es, no la de un oblato, sino la de un verdadero corsario.


Mucha razón hay para guardar esa percepción popular respecto del IFE, toda vez que su actuación en los últimos tiempos ha estado muy lejos de lo deseable para su tan autocelebrado y publicitado sueño democrático. La realidad en este caso no es la de los oblatos de la democracia, sino la del IFE y los partidos como guarnición de mercenarios, de corsarios. Y esto se ha dejado sentir especialmente en el fraude del 2006, que tantos costos ha reportado a la nación en miserables y muerte, y luego en la compra masiva de voluntades para la imposición de un nuevo gerente en este espacio corporativo llamado México S.A. de C.V., y que no puede anunciar sino más de lo mismo, miseria y muerte, porque es preciso pensar que, a causas iguales, corresponderán siempre efectos iguales.
Y el jocundo asunto que recién mana sobre los rebases de campaña donde se señala a AMLO como el único infractor, es una muestra fehaciente y muy cínica de esto. En efecto, el hecho de que el IFE arguya, con todo candor fingido, que AMLO fue el único que rebasó los topes de campaña en la reciente contienda, le parece necesariamente increíble hasta al más zafio de los ciudadanos. Y toda la razón hay en esta percepción de absurdidad, porque en el imaginario popular existe la máxima verosimilitud, si no es que la certeza plena, y fundada en experiencia, de que la inmensa mayoría, si no es que todos los candidatos, sin importar partido, incluyendo incluso al candidato a la alcaldía más pinchurrienta de este país, rebasan los topes de campaña a más y mejor y en buena copia. Y por supuesto que en esto, como en todo aquello que es propio de mensurabilidad, hay grados, un más y un menos, un bonísimo y un malísimo, dependiendo de las posibilidades de éxito en campaña del postulante y de la confianza de los apostadores externos privados que buscan negocio a costas del patrimonio de la nación. 
Pero lo sorprendente del irónico caso AMLO al que hago referencia, me refiero a AMLO versión IFE, como único infractor de la ley electoral, que es, a su vez, el más honesto de los muy pocos políticos honestos, es descubrir la torpeza que hace presa de los pobladores de esa misma guarnición de mercenarios del oficialismo. Y es que, hasta para un bisoño preparatoriano, es claro que esa misma estrategia burda del IFE enderezada a manchar a AMLO en la víspera de la batalla por el petróleo, no puede sino reportar enormes costos a sus perversos autores. Esto, porque la misma estrategia perversa solo logrará dos resultados seguros, y solo dos: Primera, fortalecer en el imaginario popular la percepción de que sí hubo arreglos perversos entre IFE y PRI para la imposición de un nuevo gerente a cargo de México S. A. de C. V. Y segunda, fortalecer el ya de por sí enorme caudal de legitimidad carismática y moral de AMLO.
Y para los incrédulos en la legitimidad de AMLO va una pregunta devastadora: ¿les parece poco que un solo hombre, un solo hombre, hubiera obtenido aproximadamente la misma cantidad de votos que el PRI en su conjunto?
No pierdan de vista en lo anterior que se trata de la lucha de un solo hombre contra decenas de miles de corsarios mañosos que hubieron de acudir en su batalla a miles de ardides utilitarios para triunfar en mala lid. Y ahí está precisamente la medida de la legitimidad de AMLO.   
¿Y cuál será el resultado de este nuevo absurdo legaloide que trata de estigmatizar a AMLO de nuevo? Simple: el mismo oficialismo, con sus nuevas, sonadas y muy increíbles torpezas, las ya indicadas arriba, se complica el camino a sí mismo.
Más allá del absurdo del oficialismo - ahora bajo la égida del PRI - en su nuevo lance invasivo, intrusivo, a través de su cabo de playa llamado IFE, me queda claro ya que los operadores principales del oficialismo, llámense como se llamen, Agapito o Juan de las Polainas, que da igual, no saben armar un buen choro, una buena tragicomedia colmada de poder persuasivo, de veracidad.
Me pregunto algo: ¿Por qué no se les ocurrió mejor construir una tabla de infractores donde AMLO sea el campeón de las infracciones, seguido de cerca por un chivo expiatorio previamente acordado con una buena cantidad de billetes y que no fuera el nuevo gerente de México S. A. de C. V.? Digo, de esa manera el asunto hubiera sido al menos un poco creíble, pese a su aire polémico.
Como la política oficialista en México es ya un franco oficio de mercenarios, de corsarios vulgares, cierro el apunte con una petición a los políticos del oficialismo a modo de conclusión, que sirve, además, para llamar su atención sobre el absurdo ineficaz cometido en la nueva condenación de AMLO, y cuyo estilo expresivo es muy ad hoc al rústico estilo con que ellos abordan el divino oficio de la política. La conclusión es muy simple:
Favor de no estar dando de toques de corneta en la cubierta del barco. Que para cornetas, el fino genio del extinto Louis Armstrong.

Buen día.

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