Ciro Gómez Leyva y la falsificación de encuestas.

El extraño caso de la tableta de Ciro:

Tomado literalmente, el extraño caso de la tableta de Ciro se reduce a un disparate al estilo de las reyertas escolares por el robo o extravío de cualquier baratija. Y aunque no lo dice Ciro, y por la forma en que plantea el asunto, no se descarta que en sus deducciones brillantes AMLO haya sido quien se birló la tableta. Pero el caso es que Ciro se está quedando corto con la tableta de marras, porque también se la pudo haber clavado algún empleado de Milenio. Lo cierto es que en la bola también había periodistas, entre los que se contaban los de ese diario. Y no es que yo esté acusando por anticipado. No, nada de eso. El hecho es que toda investigación seria en este drama no puede descartar la posibilidad de un autorobo, o de un autoagandalle de los mismos empleados de Ciro. Pero el caso es que ni el mismo Ciro sabe quién diantres se robó la tableta, pero ya anda haciendo una escandalera de los mil demonios.

Pero con o sin tableta en las manos, recomiendo a Ciro mande llamar a Peter Pérez para que proceda a iniciar las investigaciones, porque dudo que Holmes lo pueda agendar. 

Más allá de la tableta de Ciro: el asunto de fondo:

Creo que el lector avispado podrá entender de inmediato que sumarse al extraño caso de la tableta de Ciro, tal cual si fuera un asunto serio, equivaldría a obrar de manera tan absurda como el propio Ciro. Obrar así, sería tanto como mostrarse ausente de buen juicio, o de bona mens, como decía Renato de Holanda. Y es que, la verdad, en esto hay plan con maña. 
En efecto, el extraño caso de la tableta de Ciro es solo el puente de arribo hacia el terreno de las acusaciones ultrajantes contra AMLO; acusaciones que están fuera de todo buen juicio. Ciro acusa a AMLO de linchador contra los periodistas de Milenio, de incitador de fuenteovejunas, y casi lo eleva al rango de un Hitler intolerante que manipula la conciencia de 16 millones de camisas amarillas para meterlos en un éxtasis de furia incontrolable. Y por supuesto que nos queda claro que el discurso de Ciro no tiene otro interés que renovar la tarea mediática consistente en desgarrar la legitimidad moral de AMLO en momentos en que éste se apresta, una vez más, a tratar de desentrañar la mierda pestilente del sistema político mexicano.   
No, amigo Ciro. El odio que millones de mexicanos sienten por usted, y por Carlos Marín, no ha sido prefabricado por AMLO. Se trata de un odio que usted y su camarada de aventuras han prohijado por sí mismos. Y voy a tratar de demostrar esto enseguida, describiendo y explicando el “extraño” caso, no de la tableta de Ciro, sino de algo más serio y escalofriante, tan escalofriante que pone los pelos de punta y la carne de gallina: las encuestas de Ciro. 
Y con esto, demostraremos de pasada cómo es que los medios para los que Ciro trabaja, entre otros, son los que incurren en el pecado del que falsamente acusa a AMLO con motivo del escándalo de su tableta: manipular las conciencias de los mexicanos. 

Algún repaso de teoría: 

Nota: No es vital que lea este apartado para captar el mensaje del escrito. Así que puede saltar al siguiente apartado. Como sea, le recomiendo que lo lea para encontrarle más sentido.  
El área de la estadística que se ocupa de regalarnos los fundamentos teóricos para estimar parámetros de poblaciones a través de muestras probabilísticas, se llama Estadística inferencial. En esto, el valor de prueba científica del muestreo probabilístico reside en su fundamentación en la teoría de la probabilidad. En teoría, y solo en teoría, los estudios electorales tradicionales en México, como los que pretende hacer Milenio, trabajan así, como he dicho, y de ahí derivan su veracidad y su validez como pruebas científicas.  
Sobre esa base es como se pueden estimar los parámetros poblacionales desde los estadísticos calculados a partir de muestras, así como la exactitud de esas estimaciones. Y es gracias a esto que se puede lograr ese paso “mágico”, y poco intuitivo para la gran mayoría de las personas, de estimar, por ejemplo, las preferencias electorales de 80 millones de ciudadanos a partir de una muestra de 1,200 personas y con un margen probable de error.
Pero para poder llevar a cabo las inferencias para una población a partir de una muestra, es necesario conocer las relaciones que se pueden establecer entre el parámetro de la población y el estadístico de la muestra que se ha extraído. Es decir, se necesita subsumir esa relación en un modelo que permita inferir sirviéndonos de la inducción científica. Y el concepto que permite establecer esa relación es la “distribución muestral del estadístico”. 
La “distribución muestral del estadístico” es una construcción conceptual que resulta de considerar todas las muestras posibles que pueden ser tomadas de una población determinada. Y es esta distribución la que permite calcular la probabilidad que se tiene, dada una sola muestra, de acercarse al verdadero parámetro de la población con un error probable. 
No voy a complicar esta parte y solamente le diré que, para una población determinada bajo estudio, como puede ser la población de electores en México, siempre existirá una enorme cantidad de muestras posibles que pueden ser extraídas de la misma; una cantidad que se cifra en millones y millones de posibles muestras, dadas las enormes posibilidades de combinación de los mexicanos. A su vez, cada una de las muestras posibles le dará un estadístico diferente. Y son todas esas muestras posibles, cifradas en millones y millones de posibilidades, las que dan lugar a la “distribución muestral del estadístico”.
Déjeme le pongo un ejemplo muy sencillo y concreto para entender esto.
Suponga que en México existen solamente 5,000 electores. Suponga que deseamos hacer un estudio probabilístico – encuesta tradicional- para estimar la proporción de votantes de Peña Nieto y de AMLO en la contienda presidencial. Olvídese de cosas sin importancia como la Chepa y Quadri; para efectos de este ejercicio, no existen estos dos sujetos. Suponga también que tomaremos una muestra de tamaño 10, es decir, 10 ciudadanos en muestra solamente. En este caso, tendríamos la siguiente cantidad de posibles muestras en una población de 5,000 electores: (5000 × 4999 × 4998 × 4997 × 4996 × 4995 × 4994 × 4993 × 4992 × 4991)(/)(10 × 9 × 8 × 7 × 6 × 5 × 4 × 3 × 2 × 1) = (9.678073483)36/(3, 628, 800) = (2.667017604)30 Es decir: (2.667017604)30 muestras posibles de tamaño 10 a extraer de una población de 5,000 electores.
Para escribir este número colosal a la manera habitual, tendríamos que mover el número decimal 30 posiciones a la derecha y llenar los espacios nuevos con el número 0 – cero -. Como puede imaginar el lector, se trata de una cifra colosal, una cifra que nos dice que la cantidad de muestras posibles de tamaño 10 que se pueden extraer de una población de 5,000 electores es simplemente astronómica, cifrada en millones y millones de muestras posibles.  
¿Puede imaginar la cantidad de posibles muestras de tamaño 1,000 –cifra usada por Mitofsky, por ejemplo, en sus estudios – que se pueden extraer de una población electoral como la de este país, cuya cifra sobrepasa los 70 millones de electores? Hablamos de un número que rebasa nuestra imaginación.
Bien, como el propósito del estudio es estimar el porcentaje de votación que obtendrán AMLO y Peña Nieto, los estadísticos que nos arrojarán cada muestra posible serán precisamente las estimaciones de sus proporciones respectivas  en la votación. Estos millones y millones de estadísticos pueden ser, a su vez, ordenados como una distribución de frecuencias para cada caso – AMLO y Peña Nieto -, y cada una de ellas tendrá una distribución muestral de su estadístico respectivo. 
Cuando graficada cada una de las dos distribuciones muestrales se aproximarán a una distribución del estadístico con forma simétrica y en forma de campana, muy aproximada a una distribución normal o gaussiana matemáticamente perfecta. A su vez, el centro de cada distribución simétrica coincidirá con la verdadera proporción de la población – el verdadero porcentaje de votos para AMLO, o para Peña Nieto, según sea el caso -, y con la media aritmética de las proporciones arrojadas por cada una de las millones y millones de muestras posibles en cada caso – AMLO o Peña Nieto-. Y de aquí es el hecho de que una muestra probabilística bien diseñada, conforme lo indica la teoría del muestreo, estará muy cerca del verdadero parámetro de la población, aunque con un margen de error probable. 
Por supuesto que, en la realidad, en los hechos, cuando queremos hacer un estudio solamente extraemos una muestra. Sin embargo, lo que dijimos hasta aquí es solo un breve esbozo de la lógica que fundamenta al muestreo probabilístico. Y se trata de una lógica con sólido fundamento en el mundo real, toda vez que la distribución normal refleja o describe con fidelidad el comportamiento de los fenómenos naturales y sociales, y que se rigen bajo el primado de leyes.  
Bien, todo este entramado teórico establece que la mayoría de todos esos posibles resultados van a tender a concentrarse alrededor del verdadero parámetro de la población con un margen de error probable; parámetro que, por cierto, no conocemos – es lo que deseamos conocer con nuestro estudio -, y que en este caso particular es la verdadera intención del voto por AMLO y Peña Nieto en la población electoral. 
En breve, si usted hace un buen muestreo probabilístico para estimar la votación de AMLO y Peña Nieto, con un margen de error, por ejemplo, de 2 %, y un nivel de confianza del 95 %, y resulta que estas dos personas obtienen el 38 % y el 32 % de las preferencias según su muestra, pueden afirmarse las siguientes cosas:
Primera, la votación verdadera para AMLO estará entre 34 % y 30 %, en tanto que la verdadera votación para Peña Nieto estará entre 40 % y 36 %. Todo, con un nivel de confianza del 95 %.
Segunda, de cada 100 muestras que extraiga en iguales circunstancias, 95 arrojarán el resultado anterior, en tanto que en cinco casos los resultados caerán fuera de ese rango. 

Volviendo al extraño caso de las encuestas de Ciro:

La empresa de Ciro realizó 101 encuestas de seguimiento diario a la elección presidencial. 
De entrada, esto es un gasto completamente absurdo hasta para el más bisoño en las encuestas, toda vez que las preferencias no cambian a diario de manera sustancial. ¿Quién desearía gastar dinerales para lograr nada? ¿Qué sentido tiene esto? Pero bueno, aunque esto huele mal porque va contra el sentido común, lo realmente importante es lo siguiente. 
Si la empresa de Ciro hubiera realizado un muestreo probabilístico eficiente, y partiendo de su error probable y de su nivel de confianza (+/- 3 % al 95 % de confianza) publicados, así como de los resultados hasta ahora oficiales, dichas encuestas se hubieran comportado de tal forma que estarían oscilando en el siguiente rango de valores para cada caso:

Enrique Peña Nieto
AMLO
Porcentaje real
Máximo
Mínimo
Porcentaje real
Máximo
Mínimo
38 %
41 %
35 %
32 %
35 %
29 %

Sin embargo, los resultados de las encuestas de Milenio se comportaron de la siguiente manera a modo grueso:

Enrique Peña Nieto
AMLO
Porcentaje estimado
Máximo
Mínimo
Porcentaje estimado
Máximo
Mínimo
46 %
49 %
43 %
28 %
31 %
25 %

¿Puede notar la diferencia de cifras, sobre todo en el caso de Peña Nieto?
Le pongo esto en términos gráficos para visualizarlo mejor.



La gráfica anterior le muestra la distribución de todas los millones y millones de muestras posibles, pero destacando solo el caso de Peña Nieto. La Zona 1 sombreada nos da el espacio donde debieron estar cayendo los resultados de las encuestas de Milenio si su trabajo hubiera sido realizado con apego a la teoría de la probabilidad, y si las muestras de las 101 encuestas realizadas hubieran sido diseñadas de manera eficiente, conforme a la teoría del muestreo. Como puede notar, esta zona está centrada en el resultado que, hasta ahora, es el “oficial” del IFE para Peña Nieto – 38 % de la votación -. Sin embargo, la Zona 2 sombreada nos da el área donde realmente estuvieron cayendo los resultados de las encuestas de Milenio. Dicha zona está centrada en el resultado que, en promedio grueso, estuvieron “regalando” a Peña Nieto – 46 % -.
¿Puede notar el evidente sesgo a favor de Peña Nieto?
Ahora vea el caso de AMLO.

Esta gráfica le muestra la distribución de todos los millones y millones de muestras posibles, pero destacando solo el caso AMLO. La Zona 1 sombreada nos da el espacio donde debieron estar cayendo los resultados de las encuestas de Milenio, si su trabajo hubiera sido realizado con apego a la teoría de la probabilidad y si las muestras de las 101 encuestas realizadas hubieran sido diseñadas de manera eficiente, conforme a la teoría del muestreo. Como puede notar, esta zona está centrada en el resultado que, hasta ahora, es “oficial” para AMLO – 32 % de la votación -. Sin embargo, la Zona 2 sombreada nos da el área donde realmente estuvieron cayendo los resultados de las encuestas de esta empresa Milenio. La zona está centrada en el resultado con que, en promedio grueso, estuvieron castigando a AMLO – 28 % -.
¿Puede notar el evidente sesgo en contra de AMLO?
Ahora bien, este gravísimo “error” no se puede disculpar a la manera que pretende hacerlo Ciro, bajo el epígrafe de “un error de precisión informativa”, toda vez que el error de precisión ya es parte de todo el proceso de muestreo probabilístico, ya se da por descontado con los márgenes de error probable. Y con esta declaración y sus absurdos implicados, Ciro se deja ver como un aprendiz de mago. Digo esto, porque ni los magos verdaderos de la historia se atrevieron jamás a afirmar que sus portentos iban contra las leyes de la naturaleza, lo cual es pasado por alto por Ciro.
En efecto, el “error” de Milenio es, en realidad, un sesgo, y muy serio. Pero es un sesgo que no se puede atribuir a la combinación de torpezas de los investigadores y la naturaleza social, porque si éste hubiera sido el caso los resultados hubieran sido caóticos por doquier en su comportamiento - a veces AMLO arriba en las preferencias, a veces Peña arriba, y a veces empatados -.
Cierto, en los resultados de las encuestas de Milenio se observa un fenómeno antinatural: el mismo sesgo siempre y en todos los casos. Y el sesgo parece amplificarse a medida que vamos hacia atrás en el tiempo del proceso. Y es por ello que denota la clara intervención de una o varias mentes humanas que dieron orden inteligible y, por ende, sistematicidad, a ese sesgo. En otras palabras, la naturaleza y la idiotez no producen esas regularidades en los sesgos, de tal forma que, un fenómeno semejante, solo puede ser obra de una voluntad humana deliberada.
El lector puede aplicar todo este análisis a la situación de las encuestadoras más importantes de México que, “extrañamente”, también estuvieron incurriendo en semejantes sesgos sistemáticos a lo largo de toda la campaña presidencial. Don Federico Arreola ha hecho  un buen recuento de este asunto en un reciente artículo.


Cuente ahí, pues, a Mitofsky – Televisa -, El Universal, Excelsior, Milenio, El Sol de México, Grupo Fórmula, El Financiero – ironía mayor, porque se trata de un diario de y para economistas que debían estar enterados de muestreo -. Y si usted considera solamente al caso de la temible dupla Mitofsky-Televisa, pues ya tiene elementos de sobra para calcular los devastadores efectos del asunto.
El anuncio a media jornada electoral de la supuesta ventaja de Peña Nieto bajo los mismos términos de “sesgo sistemático” del que hablamos en este apunte, no hicieron otra cosa que mostrarnos de nueva cuenta la intención deliberada de los medios por pervertir y sesgar la conciencia de la nación de manera artificial. Y lo cierto es que esto me lleva a imaginar que el plan general, al menos hasta ese momento, no había logrado torcer las conciencias de los mexicanos conforme a lo planeado. Se trató, en suma, de un último esfuerzo por pervertir aun más la realidad y seguir generando falsas expectativas en el ciudadano. Añada a esto, luego, el anuncio temprano de Calderón sobre el triunfo de Peña Nieto basado apenas en una minucia de conteo y en base a encuestas pervertidas – ya demostrado-.
Le recomiendo al lector que lea el artículo de Héctor Palacio en este diario, donde trata este asunto de los anuncios ilegítimos y desorientadores durante la jornada electoral.


Es claro que la intención de tal tendencia hacia la desinformación sobre la nación tenía por objetivo asegurar el triunfo de Peña Nieto a costa de lo que fuera. Hasta ahora, los que armaron este plan desde arriba, los que se creen dueños de la nación, lo han logrado. Ya tienen a su nuevo gerente con un pie en Los Pinos. De ahí también que este flamante y virtual gerente del país se haya apresurado a compensar el favor anunciando las reformas, que no son sino el golpe final, la voz que anuncia la ola final de saqueo a favor de esa Oligarquía de los Treinta que lo quiere todo para sí.  
Y si el lector es perspicaz, se dará cuenta de que se trata del mismo script de la usurpación del 2006. Antes fue el PAN con la anuencia del PRI, ahora es el PRI con la anuencia del PAN. De ahí que la Chepa se haya también adelantado a solicitar la rendición de AMLO anticipadamente, y a nombre de nuestras muy prostituidas instituciones.
¿Quién le gusta en el turno de este teatro absurdo para el 2018? ¿El PAN?

Concluyendo con Ciro:

No, amigo Ciro. El odio que millones de mexicanos sienten por usted y por Carlos Marín no ha sido prefabricado por AMLO. Se trata de un odio que usted y su camarada de aventuras han construido con su extraña actitud contra AMLO, donde el “sesgo sistemático” en sus encuestas es solo un ejemplo vivo del arsenal de ese discurso irracional que lanzan contra este político, cuyo único pecado, desde la perspectiva de su tabla de valores empresariales invertida, es el pretender restablecer la justicia en esta nación. Ustedes han hecho brotar esa furia en el espíritu de esos millones de mexicanos con su actitud carente de veracidad, y sesgada hacia el PRI, a través de esas encuestas escalofriantes. Usted y su camarada, pues, son los autores directos de ese odio, ustedes lo han prohijado, y se lo han ganado a pulso. Ese odio ha sido el costo de su decisión de asumir esa falta de veracidad por los extraños motivos que hayan sido. Y le cuelgo el epígrafe de “extraños”, porque alguien que vive y trabaja para ganarse el odio de millones de compatriotas, o es un hombre que ha perdido alguna cuota de buen juicio, o es un hombre que vive y trabaja para propósitos que son contrarios a la noción de bien colectivo que impera en esos millones de compatriotas.
Tal vez millones de mexicanos sean tan ingenuos como el Orgon del Tartufo de Molière como para creerle a Ciro sus discursos falaces. A decir de él, hay millones de mexicanos que le odian. Él mismo asume esa verdad, no me consta del todo. Sin embargo, la única certeza que tengo en este asunto es sobre mí y mis percepciones. Y quiero decirle a Ciro dos cosas. Primera, que a pesar de no estar de acuerdo con él y de apoyar a AMLO, yo no lo odio. Y segunda, que no soy un ingenuo que se traga el discurso falaz de los “errores de precisión informativa” en las encuestas. Y ya he demostrado que, en esto, tengo los pies bien plantados en la tierra. No me llamo Orgon.

Buen día.

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