AMLO o Enrique Peña Nieto: Big Man o Little Man.

Para efectos prácticos, las opciones del país hacia el 2012 están entre AMLO y Peña Nieto. Sus posicionamientos definen nuestra disyuntiva como nación: o bien optamos por un cambio hacia un México de bienestar para todos, o elegimos continuar en el México del derroche puesto al servicio de unos cuantos privilegiados.


La inclusión de AMLO como candidato a la presidencia de la república tiene amplias repercusiones en nuestro poder de cambiar las cosas en este país de una buena vez. AMLO vuelve a ampliarnos las opciones de elección más allá del tradicional universo de políticos mediocres al que estábamos acostumbrados, y nos pone frente a la oportunidad de elegir para dar ocasión a un liderazgo cuyo perfil podrá oscilar entre una variada gama de gradaciones entre dos extremos excluyentes: un Big Man, caso de optar por AMLO, o bien otro Little Man, caso de optar por Enrique Peña Nieto.
  
El Big Man y el Little Man:

Algunos lectores podrán recordar aquella extraordinaria película de 1970 del director Arthur Penn, y protagonizada por Dustin Hoffman: Pequeño Gran Hombre. Un niño raptado por una banda de cheyenes, de indios norteamericanos, y que luego es asimilado a la cultura de sus captores. La historia del filme da para mucho más allá de nuestro tema, y de paso me permito recomendarla ampliamente a quienes no la han visto. El caso es que este muchacho, Jack Crabb – Dustin Hoffman -, termina por asimilarse bastante bien a su nueva cultura y, al paso del tiempo, demuestra gran valentía y es bautizado con el nombre de Little Big Man – Pequeño Gran Hombre -. 
Aunque no es un asunto explícito en el filme, el nombre otorgado a Jack Crabb, Little Big Man, tiene profundas raíces en los sistemas morales de aquellas culturas amerindias del norte del continente. Se trata de un nombre que hace referencia a una de las virtudes más importantes para ellas – valentía –, y que existe en un hombre de apariencia inofensiva y débil - baja estatura y languidez -, como es el caso de Jack Crabb – Dustin Hoffman -. 
Las legendarias culturas nativas norteamericanas eran herederas de una serie de costumbres políticas muy estables y sabias que se remontan hasta la vieja cultura Clovis, y parece que más allá todavía. Esas costumbres se referían a las pautas de conducta que un hombre debía observar para hacer posibles la supervivencia, la estabilidad y el bienestar del grupo social. Y tres eran las virtudes humanas más importantes para estos efectos: sabiduría, valentía y liberalidad o generosidad. 
Tan importantes eran esas virtudes para esas culturas, que sus sistemas morales las sancionaban positivamente hasta el  grado de que el individuo que se destacara en ellas era prohijado por el liderazgo, y pasaba  a ser considerado como el Big Man, el gran hombre, el líder de la banda, el clan, la tribu o la nación. Y debe decirse que ese rol de Big Man no daba opción a gobiernos despóticos porque, además de tener un amplio fundamento moral, estaba muy regulado y atenuado por la práctica de una democracia participativa en el grupo social. 
Estas culturas llegaron a refinar su noción de liderazgo de una manera sorprendente, al grado de racionalizarla dotándola de un fundamento en su misma religión. En efecto, para ellas, las cualidades notables que hacían merecedor a un hombre del liderazgo encontraban su razón última en una relación especial de ese hombre con los espíritus; una relación en que era visto como hijo predilecto de ese mundo animista. Y en esto la norma era muy sencilla: mientras el Big Man en turno siguiese mostrando liberalidad, valentía y sabiduría en la conducción de las cosas públicas, demostraba confianza en su futuro; confianza que, a su vez, era prueba de la permanencia de su relación con los espíritus. 
Así que al Big Man en turno no le quedaba más que persistir en sus buenas virtudes. Y toda desviación hacia la descomposición moral - avaricia o cobardía – dejaba ver ante los demás la pérdida de su condición privilegiada en lo ultraterreno, llevándolo a su inmediata degradación a la categoría de hombre ordinario, o hasta al nivel de un Little Man. Y este último no era sino un hombre ordinario que venía a ocupar los últimos niveles en la escala de los hombres según virtudes. Era, digamos, un hombre cuyas virtudes solamente ajustaban para servir como paje del líder, de los guerreros, del chamán y demás roles de importancia.   

El sentido profundo de la moral en las culturas nativas norteamericanas:

Aclaremos dos cosas. Cuando hablamos de la virtud de la valentía, hablamos de esa inclinación del carácter que es capaz de llevar a un hombre a poner en riesgo su felicidad y hasta su vida en servicio del grupo social al que pertenece. No nos referimos al espurio gusto por el peligro. Se trata de esa virtud que vemos boyante en los jefes tribales norteamericanos y en la época de oro dibujada en las letras de Homero, Hesíodo y Píndaro. Asimismo, cuando hablamos de liberalidad o generosidad, nos referimos a esa conducta que inclina a la voluntad del hombre a no dejarse llevar por la avaricia y, en consecuencia, a ser compartido sistemáticamente con el producto de su trabajo individual; no nos referimos al acto inútil de expiación de culpas consistente en obsequiar limosnas y placebos a los pobres y necesitados.
Pero lo cierto es que la claridad en torno a las interrelaciones de esas tres virtudes en el hombre – sabiduría, valentía y liberalidad -, así como en torno a su relación con la capacidad política, es propia de todas las culturas antiguas de la historia, no solamente de las amerindias. Y esta claridad no es de extrañar pues se trata de una cuestión de experiencia milenaria, y que llegó incluso a ser tratada y sistematizada a profundidad por Confucio, Mencio y por los clásicos griegos. 
Está, pues, fuera de toda duda esa noción de las culturas nativas norteamericanas en torno a la relación entre sabiduría y capacidad política. Cuando vista por el lado negativo, la fórmula es inobjetable por su verdad: un hombre ignorante es incapaz de gobernarse a sí mismo y, por ende, incapaz de gobernar a los demás. Y esto es así, porque un hombre ignorante es incapaz de entender a su mundo, y menos las posibilidades legítimas que el hombre juega en él.
No alargaremos más esta parte, y diremos solamente que esas culturas tenían perfectamente bien racionalizada la relación entre sabiduría y las otras dos virtudes: valentía y liberalidad o generosidad. Y el resultado final de esto era una visión del mundo y del hombre en que la felicidad individual no era posible sin la pervivencia y felicidad del grupo social.  

El Big Man moderno:

Pese a que la cultura puede ser muy dinámica en su desarrollo, no sucede lo mismo con la conducta humana y sus motivaciones. En muchos aspectos de su conducta, el hombre moderno sigue siendo igual que los primeros pobladores del continente. Y uno de esos aspectos es el liderazgo del grupo.
Por supuesto que el hombre moderno sigue valorando al liderazgo desde la perspectiva de las tres virtudes que ya hemos repasado. Pero sucede que, por muchos factores que no abordaremos aquí, factores relacionados básicamente a la avaricia exacerbada, la noción moderna de esas tres virtudes ha entrado en un eclipse, en una era de penumbra y oscuridad en que se han invertido, de tal forma que vivimos en un mundo al revés, donde los Little Man modernos son los que asumen los liderazgos, y donde los Big Man ha ido pasando a la calidad de especie en extinción y llevados por la falsimedia  global a la esfera de lo demoníaco, la subversión y hasta de la locura. Por supuesto que sabemos que la falsimedia global trabaja en este sentido con la vista puesta en el interés de unas minorías privilegiadas que son el foco infeccioso desde el que mana esa infernal locura de la avaricia. 
Dado lo anterior, no es de extrañar que la cualidad de la valentía haya desaparecido casi por completo de la tabla de “virtudes” de los políticos modernos. Es ya un hecho que los valientes solamente vienen a la existencia en el mundo moderno como casos de excepción. Son escasos los hombres que son dueños de una excelente hoja de servicios en esta virtud: Gandhi, Fidel Castro, Mao, Nelson Mandela, Salvador Allende, Martin Luther King. Y no crea que algunos de estos hombres siempre tuvieron el brillo oficial que los rodea hoy en día. No, en su momento, cuando incomodaron a los privilegiados de su tiempo, también fueron estigmatizados por la falsimedia.  
También sabemos que es signo de “modernidad” el calificar de vil populismo o de “izquierda vieja” a todo acto de verdadera liberalidad en la política, o de renuncia a la avaricia. Y esto, con la sola concurrencia del arsenal retórico de esa demencial invención llamada neoliberalismo, y que por lo demás está desprovisto de todo fundamento teórico-práctico. 
¿Y cuál es la situación en nuestro México con los dos personajes de nuestra gran disyuntiva?

De la valentía:

A partir de Lázaro Cárdenas, no alcanzo a ver hombres con la virtud de la valentía hasta hace muy poco. No tuve el gusto de conocer a Colosio, ni de seguir de cerca sus hechos e ideas. Pero sé que hay hombres de buena fe que argumentan que este hombre también cayó abatido a causa de su osadía de buscar cambiar las cosas en su propio partido, el PRI. Si las cosas son así, tenemos, pues, ahí, en Colosio, el extraño caso de un mexicano valiente.  
Yendo hacia el presente, de Peña Nieto y demás aspirantes oficialistas no podemos decir nada a este respecto. Lo único que sabemos de ellos es que están apuntados en la lista de pasajeros de esa barca propiedad de las minorías privilegiadas, de los Robber Barons, que lo manejan todo a su antojo en este país, y donde la prosperidad individual está garantizada sin el mayor sobresalto o sacrificio una vez que se aprenden bien las reglas de los dueños de la nave.   
Y es desde esa perspectiva que entendemos el fondo de la teórica obsesión de Peña Nieto por el crecimiento económico sin pretender modificar los fundamentos deformados del sistema económico, lo cual luego quita, con todo rigor, credibilidad a su supuesta preocupación por los pobres. Y de ahí también entendemos su urgencia por subastar a PEMEX en beneficio de la gran Liga de Hermanas – las multinacionales del petróleo -, las urgencias por las reformas laborales y…Y bueno, sabemos también que, en ese subirse a la nave de los Robber Barons, está el único potencial político del PRI de Peña Nieto: la televisión y su tutoría sobre muchos mexicanos.
¿Y AMLO? Bueno, creo que AMLO ha ido evolucionando moralmente hacia ese perfil del hombre valiente. Sus diagnósticos y soluciones realistas en torno al corazón de nuestros problemas son por demás elocuentes a este respecto. Desde luego que hay que tener muchos arrestos para hablar y plantear las cosas como AMLO, al grado de convertirse en el portavoz de aquella considerable masa de mexicanos olvidada, oprimida, harta y a punto de estallar. Por supuesto que AMLO no ha terminado su proceso hacia esa condición virtuosa, claro. Y es que el acto final lo veremos cuando haya puesto en vías de hechos su proyecto una vez que se haga con el triunfo en el 2012; digo, si es que lo dejan ganar.   

De la sabiduría:

No abundaré sobre este asunto porque ya lo he tratado en varios apuntes, y creo, además, que es hecho consumado en la mente del respetable la verdad de Peña Nieto en este ámbito. Creo, además, que nadie resumió mejor este asunto que don José Emilio Pacheco cuando, pasmado por la dimensión del carácter lego de Peña Nieto en el mundo del saber, se preguntó lo siguiente en el supuesto caso de que este hombre ganara la presidencia: “¿A dónde vamos a llegar?” 
¿Qué podemos decir sobre AMLO en este caso? Lo más importante a resaltar sobre AMLO en este terreno es que ha tenido por lo menos la profundidad de reflexión y la convicción socrática para arribar a una serie de diagnósticos y soluciones realistas, consecuentes y responsables, en torno a los problemas del país. Esto es algo que ha reconocido incluso el más respetable de sus críticos: Javier Sicilia. 

De la liberalidad:

El proyecto de nación del PRI es solamente un escalón más del neoliberalismo salinista, de esa ola de expoliación de naciones embozada bajo la apariencia de un capitalismo pervertido por su fundamento de avaricia desbocada, y donde la razón y la generosidad no tienen cabida; fundamento extraño incluso a la misma ética utilitarista que subyace en la base del genuino capitalismo. Se trata de un proyecto apuntado al beneficio exclusivo de unas minorías privilegiadas y rapaces, puesto a las espaldas de una clase política oficial avasallada, y que ha prohijado a esa gran masa de miserables desposeídos de este país. 
Por obra y gracia del PRI, la liberalidad de los viejos Big Man se ha tornado en una suerte de versión monstruosa de aquella vieja y noble conducta. Y nadie como el PRI ha encarnado y encarna tan bien esta liberalidad deformada. Se trata de políticos que administran estratégicamente las necesidades de los ciudadanos y la miseria de los pobres, no para su solución, sino para su prosecución y el sostenimiento de una economía del derroche para unos cuantos privilegiados. Vemos también el exceso de esa administración inhumana de las necesidades y la miseria en tiempos electorales con la inveterada práctica priista de obsequiar despensas, cobijas, láminas y prebendas sindicales a cambio del voto. Se trata de placebos, paliativos que, de pasada, hacen indispensable al Little Man bajo la máxima del: “Mientras exista miseria, persiste el negocio de la política”. 
Quien tenga dudas a este respecto no tiene más que atenerse a la historia de ese partido y a los deplorables resultados de sus gobiernos actuales; resultados que no aguantan el más mínimo examen en términos de bienestar humano. Y bueno, por lo demás, ya sabemos que Peña Nieto es el candidato del PRI.
Por su lado, AMLO ofrece a la nación un proyecto de “República amorosa” que nada tiene de abstracto y sí un alto grado de consecuencia con la esencia de nuestros problemas. Es un proyecto que busca restituir a nuestro modelo económico a sus legítimos fundamentos morales para hacer posible un entorno de libertad económica y competencia, así como reinstalar al Estado como eje de gravedad para la restitución de los ciudadanos a una cultura de generosidad y legalidad. Y vemos que si AMLO propugna por los ideales neoclásicos de economía y política para retomar el “Tanto mercado como sea posible, y tanto Estado como sea necesario”, el PRI, el PAN y sus heraldos de los medios, lo acusan de populista e izquierdista antiguo desde la augusta nave de los Robber Barons. Es el mundo al revés del que hablamos arriba. 

Comentarios finales:

Los asuntos de nuestro tiempo – con política incluida - siguen siendo fundamentalmente los mismos que enfrentaron los hombres de aquellas culturas tribales de Norteamérica. La única diferencia que media entre ellos y nosotros está en razón de la variedad instrumental de la cultura y su dinámica. Así que no despreciemos su sabiduría. Podemos aprender mucho de ellas para juzgar bien de nuestros problemas. Y razones sobradas hay para ver las cosas así, con humildad, sobre todo cuando empezamos a compararlas con la nuestra, porque parece que salimos perdiendo en ese lance. 
Para empezar, cuando puesta nuestra cultura moderna en la escala de tiempo de esas culturas extraordinariamente longevas, estamos en pañales. Luego, sabemos que ellas pervivieron a lo largo de milenos en condiciones de estabilidad y abundancia para todos, y no periclitaron sino hasta la llegada accidental de la peste europea de la avaricia. En cambio, nuestra cultura moderna, no obstante que está en la infancia, vive en la constante incertidumbre por un sistema económico que se encuentra en permanente amenaza de colapso total a causa de su entramado subjetivo y su fundamento de avaricia.
Mucho nos puede servir, pues, tomar muy en cuenta los sistemas morales de esas culturas en torno a sus figuras del liderazgo y la felicidad individual, sobre todo en estos momentos, cuando, por el influjo perverso de la televisión, muchos mexicanos están en riesgo de volver a confundir a un Little Man con un buen líder. Confusión que ha cifrado, una y otra vez, nuestro casi eterno vivir en la tragedia nacional.    
Como sea, para los realistas y objetivos la disyuntiva hacia el 2012 ya va definiendo quién es un posible Big Man y quién un posible Little Man.

Buen día. 

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