AMLO, ese líder ético. Y Carlos Mota ¿es analista?

Hace unos días el señor Carlos Mota, del periódico Milenio, dedicó un artículo al posicionamiento de AMLO en materia de economía - “AMLO, ese capitalista puro” -. El apunte de Mota es una crítica cargada un tanto de ironía en torno a una supuesta mutación de AMLO en este tema. 
Revisemos el escrito de Mota para demostrar sus errores argumentativos y su percepción deformada o equívoca de la realidad en esta materia. 

Dice Carlos Mota: 
“¿Es Andrés Manuel un comunista, un socialista, un socialdemócrata, un liberal o un capitalista? ¿Le gusta el Estado del Bienestar? ¿Qué filosofía económica le nutre?”…“Quizá la memoria me falla, pero no recuerdo que en 2006 Andrés Manuel haya privilegiado en el discurso los principios del capitalismo; a saber: libre competencia, derecho a la propiedad privada, libre mercado, o fortalecimiento del estado de derecho y la inversión. Más bien se le recuerda por sus ácidas críticas a lo que él llamaba el modelo neoliberal”…pero “ahora que el empresario regiomontano Alfonso Romo le tendió la mano a Andrés Manuel para acercarle a la clase empresarial, el candidato parece haber mutado su filosofía económica y ahora defender los más puros principios del capitalismo”.
Comentarios a Mota:
Para que alguien pueda hablar de una mutación en determinada cosa o persona, tiene que ser capaz de identificar las diferencias de estado en un antes y un después. Pero si ese alguien no tiene clara la identificación de un cambio de estado, entre un antes y un después, no puede hablar de una mutación. 
Ahora bien, Carlos Mota se muestra incapaz de clasificar a AMLO en el contexto de los paradigmas económicos en la fase previa a eso que él llama la mutación de AMLO. De ahí que se tome el trabajo de citar una amplia gama de posibilidades “posibles” para ese efecto: comunista, socialista, socialdemócrata, liberal o capitalista. En otras palabras, en Mota hay una clara nublazón en torno a la identificación del estado de AMLO en ese “antes” del que él habla. Pero si Mota no tiene noción clara de un “antes” en AMLO en ese ámbito, ¿cómo puede hablar de una mutación?
Y con todo, quiero decirle que la mutación de AMLO sí existe; pero el problema es que solamente existe en la imaginación de Mota. Déjeme explicarle esto.
AMLO siempre ha estado de acuerdo con un modelo económico cuyo corazón está centrado en el mercado y el sistema de precios. Más adelante verá usted a qué modelo me refiero. Hoy en día vemos incluso a AMLO muy comprometido en patentizar ese acuerdo para tratar de disipar el estigma de comunista que la falsimedia pretendió colgarle durante los eventos antes y después de la elección del 2006. Pero, por otro lado, también sabemos que AMLO siempre se ha mostrado en desacuerdo con el neoliberalismo salinista-prianista. 
A primera vista, lo anterior puede dar lugar a confusiones en los legos en materia económica. De tal forma que si un lego ve a AMLO asumiendo posturas críticas respecto de ese neoliberalismo, y luego lo ve manifestando su acuerdo con el mercado, creerá que AMLO habrá mutado en sus posicionamientos o hasta que se muestra inconsecuente. Pero en el fondo de esto hay un error del lego: confundir neoliberalismo prianista con capitalismo puro. 
Extrañamente, a Mota en este caso le sucede un problema igual al del lego. Y es que Mota crea en su mente una perfecta identidad entre neoliberalismo pianista y capitalismo puro. Y ya metido en esa errónea identidad, Mota pasa a creer en la existencia de una mutación de AMLO en ese ámbito; mutación que, ya vemos, es imaginaria, no existe.
En palabras llanas, el “capitalismo puro” – en su concepción espiritual, no historicista - hace referencia a la creencia de que el mercado y su sistema de precios  son capaces y suficientes para organizar y gestionar las actividades económicas de una sociedad determinada hasta llevarla a un óptimo de eficiencia. Esta creencia económica no se interesa más allá de ese óptimo de eficiencia para la sociedad, así y ese óptimo signifique una distribución de ingresos y riqueza muy desigual. Esta creencia establece, asimismo, que el Estado se ha de limitar a establecer las leyes que regulen el libre juego de los agentes económicos en el mercado, así como a vigilar el cumplimiento de las mismas y a establecer las sanciones y castigos en caso contrario.
Por su parte, el neoliberalismo es un movimiento de una parte – no toda - de la clase del gran capital que ha renunciado al espíritu industrioso y creativo para asumirse en calidad de corsarios del capitalismo y cuyo objetivo fundamental es el de parasitar sobre las naciones a escala global a través de su principal arma: la especulación financiera. El neoliberalismo no es, pues, una corriente de pensamiento económico porque es la renuncia a toda teoría económica y la negación incluso de todo fundamento filosófico de la economía como actividad creadora. El neoliberalismo es, entonces, y en el mejor de los casos, un programa de acción muy pragmático de un movimiento de corsarios, que es antítesis del capitalismo, y cuyos orígenes están en el Consenso de Washington y en la era de los regímenes Reagan-Tatcher.      
El neoliberalismo, por su vulgar pragmatismo, es irracional para toda teoría económica, no conforma un todo coherente. Nada ahí está racionalizado. Es decir, ahí, en ese programa, todo cabe siempre y cuando dé satisfacción a la máxima fundamental del neoliberalismo: “Privatizar ganancias y socializar pérdidas”. En palabras llanas: si el capital especulativo gana, gana; pero si pierde, las pérdidas son absorbidas por el Estado huésped y transferidas a la población nativa. 
Ahora bien, a la perversión natural del neoliberalismo añada usted otra perversión adicional muy mexicana, con marca PRIAN, y que Joseph Stiglitz designó como “capitalismo de compadres”. Así, en el neoliberalismo prianista ya tiene usted a dos grandes parásitos: el neoliberalismo por sí mismo, y el capitalismo de compadres del PRIAN.
El lector con suficiente edad ya conoció en carne propia el significado de esa máxima neoliberal del “Privatizar ganancias y socializar pérdidas” desde la irrupción del PRIAN salinista en México, y cuyo pináculo se alcanzó con la socialización de pérdidas privadas multimillonarias a través del FOBAPROA. Y lo que hoy usted ve en esa “crisis” del primer mundo, no es sino la puesta en escena de lo que nosotros ya vivimos en el pasado. Hoy en día griegos, estadounidenses, españoles, irlandeses, italianos y demás, están sufriendo su FOBAPROA y el desmantelamiento de sus estados respectivos por parte del neoliberalismo. Sin embargo, la diferencia es que ellos, en muchos casos, y gracias a su cultura democrática, sí se están movilizando en las calles para rechazar eso hasta llegar al nivel de las barricadas. El pueblo islandés ya le dio una patada en el trasero al neoliberalismo con su lucha en las calles, y no aceptó la socialización de pérdidas.   
Como podrá ver el lector, el neoliberalismo, especialmente con su máxima de “Privatizar ganancias y socializar pérdidas”, entra en contradicción con el capitalismo puro. Si el capitalismo puro establece que el que pierde asume sus costos y sale del juego en aras de la eficiencia, el neoliberalismo establece que el Estado rescata al que pierde a costillas del pueblo.  
El mayor esplendor del capitalismo se dio entre los albores de la revolución de Edison y Ford y finales de los años sesenta del siglo XX. Con excepción de las fases de la Gran Depresión y de Guerra, esos fueron los tiempos de los años dorados que a la postre dieron forma al idílico sueño americano. Son los tiempos de una clase social capitalista laboriosa, creativa y progresista y del New Deal – keynesianismo -.  
El neoliberalismo no tiene nada de capitalismo; más bien, tiene muchas semejanzas con la política económica del régimen nazi de la Alemania de Hitler. En ambas casos, se trata de políticas sin modelo, completamente eclécticas y pragmáticas. Los nazis también hacían recaer las pérdidas y los costos de su sociedad y de su esfuerzo de guerra sobre las minorías étnicas de su país y, sobre todo, sobre la economía de los territorios ocupados. Se trataba, en suma, de un totalitarismo a cargo de una banda de camaradas nazis ociosos y parasitarios.   
Creo que con esto queda absolutamente demostrada la diferencia entre capitalismo puro y neoliberalismo prianista y, sobre todo, queda demostrada la confusión de Mota en lo que toca a su imaginaria “mutación” de AMLO en lo referente a los posicionamientos de éste en materia de economía. 
Dice Carlos Mota: 
“Si AMLO está verdaderamente comprometido a que haya más competencia en el país, es un capitalista puro. Lo querrían hasta de Lord Mayor en Londres”. 
Comentarios a Mota: 
No, no, no. Otra vez Mota se nos confunde y hace inferencias fuera de contexto. Aclaremos que abogar por la competencia, como hace AMLO, no equivale a abogar por la instauración del modelo de capitalismo puro sin restricción alguna, como infiere erróneamente Mota. 
La ciencia económica, desde su fundación, ha sufrido cambios sustanciales por insuficiencias teóricas. El modelo de libre mercado de Smith ha sufrido así grandes adiciones y modificaciones. Una de las corrientes más fructíferas en este sentido fue aquella que empezó con David Ricardo y que culminó con J. M. Keynes, y que trataba de salvar las contradicciones evidentes del modelo del capitalismo puro consistentes en la insuficiencia de la demanda, el estancamiento y los ciclos de crisis. Y más allá de esos grandes pensadores han habido muchas más adiciones y modificaciones teóricas orientadas a solventar las deficiencias del modelo original en lo que toca a las imperfecciones del mercado. De ahí, por ejemplo, las teorías de los mercados imperfectos, del Second Best y demás cosas por el estilo.
Al final, el modelo de capitalismo puro demostró que era incapaz por sí mismo de organizar y gestionar las actividades económicas de una sociedad, a grado tal que, abandonado a sus mismas capacidades, caía en ineficiencias y hasta en crisis completa. Y esto fue lo que hizo renacer la figura del Estado interventor y regulador con el modelo de Keynes.  
Ahora bien, sabemos que el posicionamiento de AMLO en economía va con la máxima keynesiana del “Tanto mercado como sea posible, y tanto Estado como sea necesario”. Y si esto es así, ¿de dónde saca Mota que AMLO, al pronunciarse por la competencia, se pronuncia por el capitalismo puro? 
Dice Carlos Mota:
“Eso significaría que AMLO abriría más los mercados a la competencia, para que siempre gane el mejor…”
Comentarios a Mota:
¡Claro que sí, don Carlos Mota!...¡Qué bueno que lo ve claro usted!...¡Eso es lo que queremos todos en Morena!: que ya no opere en México el neoliberalismo prianista que privatiza ganancias de los compadres y que socializa pérdidas de los compadres a costillas del pueblo. Lo que queremos es economía de mercado, sistema de precios, privilegiar a los empresarios industriosos y eficientes, y Estado regulador. Es muy simple.
Dice Carlos Mota:
“Entonces podríamos empezar a pensar que AMLO, probablemente, está nutrido por Adam Smith, que en su fundamental libro sobre La riqueza de las naciones reconocía que el egoísmo, no el amor, mueve al hombre”.
Comentarios a Mota:
Mota quiere señalar aquí la existencia de una supuesta contradicción de AMLO que se localiza, según él, entre el proyecto de “República amorosa” y la mutación de AMLO hacia el capitalismo puro: si dice Smith que el egoísmo es el motor del hombre, ¿dónde queda el amor?
Ya demostramos que AMLO no se pronuncia por el capitalismo puro y que está en contra del neoliberalismo prianista.  
La confusión de Mota aquí es con respecto a los sentimientos humanos en el contexto del viejo empirismo inglés. Y creo que esto es un problema muy común a economistas modernos. Tan común que ha dado lugar en ellos a una burda concepción de su propia ciencia. Situación que luego da lugar a los abusos entre los economistas metidos a la política. Y ese problema deriva, en última instancia, de una tendencia a suplantar el concepto de felicidad como móvil de la conducta ética con un concepto vulgar de egoísmo - utilitarismo vulgar –, despojando así al utilitarismo de todo su fundamento filosófico; fundamento que alcanzó su pleamar con J. Bentham y John Stuart Mil. Y éste es un problema de vulgarización que abordó el filósofo Bergson con especial atención. No por algo dijo Bergson que se necesitarán varios siglos para volver a ver a un utilitarista tan fino como el extraordinario Stuart Mill.  
Déjeme explicarle en palabras más llanas la confusión de Mota. 
David Hume, siguiendo a otros pensadores como Lord Shaftesbury, estableció que el sentimiento de humanidad, o la inclinación humana a gozar de la felicidad del prójimo, es el móvil fundamental de la conducta humana y, por tanto, de la ética misma. Adam Smith también trabajó en el ámbito de la ética, y en esto abrevó por completo en Hume. Así que Smith retoma a éste, y decide llamar a ese “sentimiento de humanidad” como “simpatía”. Así, Smith jamás negó la existencia del amor – una expresión más del sentimiento de humanidad – ni al resto de sentimientos en el hombre. 
Ahora bien, solamente bajo riesgo de parecer lego en estas materias se puede pensar que Adam Smith haya creado una ciencia económica completamente inmoral, opuesta radicalmente a su mundo ético. Los dos mundos van en Smith en perfecta sincronía. Así que no debemos confundirnos, como hace Mota, a la hora de interpretar lo que nos dice Smith en su libro “La Riqueza de las naciones”. 
Sí, es cierto que Adam Smith establece que el egoísmo mueve al hombre. Pero Smith circunscribe esto al universo económico. Así que esto no invalida en absoluto los demás sentimientos morales en el hombre. Tomar este egoísmo de Smith al pie de la letra es pensar con un economicismo vulgar, que no era propio del mismo Smith. Tomarlo así, llevaría a cualquiera a cometer el absurdo de decir, por ejemplo, que está con su esposa por egoísmo, o porque la odia. Y todavía más, se puede decir que el egoísmo “económico” de Smith, cuando interpretado contra su mundo filosófico-moral, tiene los pies bien plantados en Hume, en lo que él mismo llama “simpatía”: “Procuro mi placer egoísta al tiempo de estar procurando el placer de los demás”. Y esto, en virtud de la simpatía, del sentimiento de humanidad.
Para entender el egoísmo de Smith y su economía, y la economía moderna, es preciso entender antes la filosofía moral del empirismo inglés. Sin eso, todo lo demás sale completamente deformado en un monstruo neoliberal prianista. 
Queda claro, pues, que no hay contradicción en AMLO por aquello de propugnar al mismo tiempo por el fortalecimiento de la competencia en la economía y por una República amorosa. Y antes bien, podría decirse que el amor a que apela AMLO en su “República amorosa” no hace sino retomar el concepto de “sentimiento de humanidad” del empirismo ingles para plasmarlo en lo que yo he solido definir para este efecto como: un amor vinculante – sentimiento de humanidad - en el ejercicio de la política y con su fin puesto en la felicidad propia procurando la felicidad de los otros.
El proyecto de AMLO es posible. La ética empirista tiene los pies sobre la tierra. Depende de nosotros. Pero esto no se puede lograr con un neoliberalismo prianista del derroche que, con su vulgar y pervertido concepto de egoísmo, arrastra tras de sí con más de 50 millones de mexicanos en la miseria y con otros millones más trabajando en condición virtual de esclavitud en los EUA. Esta monstruosidad ética no la tolerarían ni David Hume, ni Adam Smith y ni John Suart Mill.  

Buen día.

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