AMLO: En el rumbo de la nación, pero falta.

Parte 2: Revalorar la importancia de los empresarios en el proyecto de nación.

Preámbulo:

En la parte primera de este artículo hablamos de la exigencia de la eficacia en ética y política. En esa ruta, se dijo que todo esfuerzo en esos dos campos tiene sentido cuando el fin es realizable en la práctica. Todo lo demás, lo no realizable, es un contrasentido, una discusión escolástica, un pasatiempo que no tiene utilidad alguna.


Así, el político real, el de verdad, debe cumplir tres condiciones para ser eficaz: concretar en su vida a la persona moral por la que propugna (se convence con el ejemplo), voluntad pluralista, y porponerse fines posibles para el bien de la comunidad y dejar de lado lo que es inalcanzable.
Vimos que existen básicamente dos fuerzas políticas en el país: el sistema tradicional de partidos, que trabaja para el sostenimiento del actual estado de cosas; y AMLO y su movimiento, que propugna por la renovación institucional y el impulso al ímpetu productivo de la comunidad. Eso pone a las dos fuerzas en direcciones opuestas en el rumbo de la nación: el primero en contra, el segundo en el mismo sentido de los sentimientos de la nación, casi sobrepuesto a ellos.
Se dijo que el “casi sobrepuesto” se debe a que el movimiento de AMLO no ha logrado la pluralidad a plenitud. Que esta falta de plenitud dejaba eficacia sin explotar o desgastaba eficacia. Dijimos que esto no se debe a AMLO, pues este hombre es firme y consecuente en su moral, opina y actúa viendo a las gentes como personas (medio y fin) y ha sabido confrontar críticamente su visión social con los sentimientos de la nación de tal forma que, podría decirse, habla lo que la gente desearía hablar. Vimos que esa falta de plenitud se debe a la postura de algunas corrientes minoritarias en ese movimiento que son de corte de izquierda dogmática.
Vimos, por último, que la empresa que se ha propuesto el movimiento de AMLO es tan monumental y difícil (sacudir y reactivar al organismo social anulando el estado actual de cosas), que no puede permitirse el menor grado de desperdicio y desgaste de eficacia.
¿Se puede lograr la plenitud de pluralidad?:
La izquierda dogmática, y quienes se ven influidos por ellos, responderán a esto con un rotundo “No”. Para ellos no se puede lograr porque conciben a la sociedad como sumergida en una dialéctica histórica que se mueve con el motor del combate entre explotados y explotadores. Es una lucha a muerte, un todo o nada, no hay concesiones, no hay tregua, y el resultado ya está determinado a priori. Triunfan los explotados instaurando un Estado proletario como fase preparatoria al último estadio de la historia: el hombre pleno y no explotado.
Luego, la izquierda dogmática infunde la misma visión de las cosas en su actividad política-práctica y en el sindicalismo. En este terreno, su actividad es otra vez clasista y un combate cuyo único propósito es ir rescatando a trozos el valor económico que se le ha escamoteado a los explotados en la producción.
Hasta aquí, queda claro por qué, para un izquierdista dogmático, es imposible lograr la plenitud de pluralidad en la actividad política. Para ellos, y con pleno sentido para su visión de las cosas (aunque visión errada o incompleta), la plenitud de pluralidad es clasista y queda resuelta al aglutinar al proletariado en sus filas. Lo demás no existe. Y si alguien pretendiese aglutinar a explotados y explotadores en un proyecto de nación, sería hacerse tonto y volver a lo mismo que se desea superar.
Pero la historia ha terminado por mostrar que la realidad es diferente a lo que sostiene la doctrina de estos izquierdistas dogmáticos. Inconsistencia que ellos se niegan a aceptar convirtiéndose inexplicablemente de materialistas en idealistas radicales, y de donde les resulta luego la calificación de dogmáticos (nada agradable para ellos)
Como el dogmatismo de esta izquierda le impide confrontarse críticamente con la realidad que le rodea, resulta luego que, en todos sus frentes de actividad práctica, ya en la lucha revolucionaria, ya en la lucha política, ya en la lucha sindical, se convierte en algo completamente ineficaz, destructivo y hasta frustrante para sus representados. Y me salto el citarle pruebas sobre esto que digo porque usted ya las conoce. Son asuntos ya evidentes por muy sobados.
La realidad es otra. Ésta indica que la pluralidad no solamente es posible, sino que es además una meta necesaria si se desea ser eficaz en la política.
Costos y riesgos de una izquierda dogmática para el movimiento de AMLO:
Las posiciones de izquierda dogmática hacen mucho ruido, y nada bueno, en un sector fundamental de la comunidad como es el empresarial. El empresario típico es una persona de espíritu pragmático y eficaz a decir no más. Se mueve en su actividad guiado, sobre todo, por su interés. Así han sido las cosas a este respecto siempre y en todas partes, nos guste o no. Y siendo esa la naturaleza del empresario, natural es que rehuya a toda política insustancial, por divorciada con la realidad, y que no le reporta motivación alguna para su actividad, como es el izquierdismo dogmático.
Lo lamentable es que, en ocasiones, dicha repulsión empresarial por la izquierda dogmática termina luego por extenderse injustificadamente al movimiento de AMLO. Tremenda ironía, porque este movimiento es el que propugna por revivir el ímpetu productivo de la nación, incluyendo en esto a trabajadores y a empresarios.
Lo más grave es que este tipo de situaciones dan ocasión para que los medios de información, tan entregados como están al sostenimiento del estado actual de cosas, usen este tipo de elementos distorsionados para convertirlos en una verdad y magnificarla hasta las últimas consecuencias.
Y todo esto resulta por la simple actividad de corrientes marginales de izquierda dogmática en el mismo movimiento. Corrientes que ni siquiera son determinantes para la vida del mismo.
Y no se subestimen los enormes riesgos inherentes a este asunto. No es un problema de poco bulto. Fue uno de los factores determinantes en la mala experiencia del 2006. Mucho del daño ocasionado al movimiento de AMLO en ese año provino de esa campaña de terror en los medios para difundir la idea de un AMLO a manera de un extremista de izquierda que iría a terminar con las libertades. Y no faltaron quienes lo acusaron de genocida en potencia.
Se necesita ser muy ingenuo para pensar que esto no volverá a suceder en el 2012. El mismo sentido de eficacia indica la necesidad de precaverse y, por lo menos, cerrar el paso por anticipado a este tipo oportunidades en el otro frente.
La solución es simple: superar los fetichismos ideológicos y las deificaciones de los dogmáticos:
La exigencia para las corrientes de izquierda dogmática no es una cuestión de autoridad. No se trata de exclusión tampoco. Se trata de una exigencia de razón, de adecuación a la realidad para que puedan ser eficaces en su actividad y para que no obstruyan a un movimiento que camina por un rumbo muy diferente.  
El marxismo sigue tan vigente como siempre en muchos de sus apartados. Tampoco hay que satanizarlo. La visión de fondo de esta teoría es deseable en la medida en que es una visión humanista y aboga por los menos afortunados. Ha dado también grandes frutos conceptuales a diferentes áreas de la ciencia social. En fin, debemos aceptar que es una gran estructura teórica y muy digna de ser tomada en cuenta con toda seriedad. Pero nada justifica el pasar por alto la realidad para deificar a Marx y creer que su pensamiento es perfecto, completo y acabado. Eso ya no es una actitud científica; es una actitud religiosa, contraria al espíritu científico y tan autoritaria como la del Santo Oficio. Y cuando algo ya brinca al terreno religioso, desgraciadamente ya adquiere tintes de imposibilidad.
Convertir en dios a una persona o a una teoría conduce al dogma y al prejuicio científico. Algo que es ya muy similar a la misma ignorancia. Y el dogma social luego conduce al fetichismo más primitivo, con todos sus peligrosos elementos, pues se empieza a creer que en la sociedad hay clases buenas y malas, clases sociales seráficas y clases sociales satánicas. Todo eso, en suma, es ir marcha atrás en el tiempo hacia la edad de la sinrazón.
La importancia del sector empresarial:
No es éste el espacio para ir sobre los puntos específicos en que el marxismo está incompleto o errado. No es el interés de este apunte. Me limitaré a señalar solamente un punto que es vital en estos momentos. Me refiero al hecho de que el marxismo ha quedado completamente refutado en lo referente a los empresarios (capitalistas)
El marxismo subestimó demasiado las pulsiones egoístas en el hombre. Y ese problema subyace en una teoría económica que, luego, erróneamente, arroja al vacio a los capitalistas, tal como si las pulsiones egoístas debieran ser arrojadas a la nada. Y las consecuencias de este grave error lo vimos después en el completo fracaso del Estado socialista. Ni los trabajadores pudieron actuar bajo el solo impulso de las pulsiones sociales, ni los gobernantes pudieron aguantar a las tentaciones del egoísmo. Así que, lo que empezó como un proyecto loable para la emancipación de los trabajadores del mundo, terminó siendo luego una brutal tiranía nacionalista sobre los trabajadores del bloque soviético.
La historia nos deja una lección importante al respecto: toda sociedad es un organismo complejo de individuos que responden, cada uno, a pulsiones sociales y egoístas que se articulan para trabajar en conjunto. Ambas partes se complementan, no pueden vivir la una sin la otra. Si al predominio de la pulsión social debemos el fortalecimiento moral y espíritual de la comunidad, a la hegemonía de la pulsión egoísta debemos el ímpetu productivo de la sociedad, lo que nos hace posible una forma de vida material. Y no sólo vivimos de espíritu….También vivimos de pan.
La realidad obliga a valorar la mucha importancia que los empresarios tienen en el proyecto de nación. Y cuando digo esto, me refiero a los grandes empresarios como también a aquellos que emprenden la más modesta de las empresas. En esencia, sean grandes o pequeños, los empresarios comparten una misma cualidad que no es un bien abundante: se han atrevido a hacer las cosas y a asumir los riesgos. Ellos son también parte de la comunidad trabajadora y tienen un poderoso efecto multiplicador de bienestar que no tiene el trabajo común.
Sin la parte empresarial bien instalada en el proyecto de nación, no hay plenitud de pluralidad y se merma eficacia en gran cuantía. Y siendo las cosas así, es necesario entonces meter en razón a quienes satanizan infundadamente al sector empresarial desde su izquierdismo dogmático.
Es tarea del político real el confrontar su visión de sociedad con esta realidad compleja y encontrar la forma de organizar estas dos pulsiones en el hombre. Organizarlas para alentarlas, para promoverlas, para apremiarlas a dar sus mejores frutos, no para oprimirlas, escindirlas, enfrentarlas y arrojarlas al vacío.
¿Qué es difícil lograr esta plenitud de pluralidad? ¡Pero por supuesto que es difícil! No por algo el mundo griego antiguo veía a la política como un asunto divino. Hacer el mal es fácil, tarea propia de juglares bisoños. Pero si el fin es el bien de la comunidad, entonces esta cuestión no está hecho para mediocres, ni para contestatarios, ni para espíritus sin virtud. Ese es el reto.

Buen día.

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