AMLO: En el rumbo de la nación, pero falta

Parte 3: El lastre es la clase depredadora.

Preámbulo:

En las partes 1 y 2 de esta serie de artículos hemos visto que las dos fuerzas políticas principales de este país marchan en diferentes direcciones sobre el rumbo de la nación. El sistema tradicional de partidos va en sentido opuesto a los sentimientos de la nación, y el movimiento de AMLO en el mismo sentido que éstos. Pero también vimos que al movimiento de AMLO le falta para estar en perfecta sincronía con la nación. Está muy cerca, pero le falta. Esto, a su vez, le deja en una condición tal que no accede a un pluralismo completo, lo cual, luego,  conduce al desgaste o al desperdicio de eficacia en política.


Vimos que la plenitud de pluralidad es posible en este país. Que si ésta no se ha logrado del todo en el movimiento de AMLO es debido a una obstrucción artificial derivada de la existencia de ciertas corrientes marginales de izquierda dogmática al interior del mismo. Corrientes que no logran superar sus fetichismos ideológicos para ponerse en sintonía con aquél, y con la nación. Vimos que estos fetichismos siembran ciertos resquemores en algunos núcleos del sector empresarial, lo cual, a su vez, nos da la brecha que todavía persiste para lograr la plenitud en pluralidad.
En nombre de la eficacia, que le es tan indispensable al movimiento de AMLO dadas las características del proyecto que lleva a cuestas, se concluyó que es indispensable el exigir a estas corrientes de izquierda el realinearse en el espíritu pluralista del movimiento. Y hablamos de realineamiento, no como un término de autoridad, sino de consecuencia con la realidad. La historia los superó hace muchísimos años y deben despertar para ponerse “en onda” y ser eficaces.
Redefinir a la izquierda dogmática: ¿Progreso o atraso?
De hacerse ese realineamiento de la izquierda dogmática, y cualquiera que sea el resultado final, ésta se habrá redefinido para bien o para mal. Si se ajusta a la realidad, y de ahí al movimiento y a los sentimientos de la nación, se habrá definido como aliada, como parte de la pluralidad. Pero si se realina para reivindicar su ideología, se habrá definido como una tercera vía: la de la confrontación. Ni estará con la reacción - con el sistema tradicional de partidos -, ni estará con el movimiento de AMLO ni con la nación. Estará en una ruta ya abandonada por todos y habrá adquirido los tintes de un cuerpo de políticos en busca del poder para imponer su idea de sociedad al costo que sea.
Y en el segundo de los casos, el movimiento de AMLO tendría que ver a ese grupo de izquierda radical, no ya solamente como una tercera vía, sino como parte de la reacción, del sistema tradicional. A final de cuentas, los dos movimientos no irían superpuestos, pero sí hacia atrás en el tiempo, lo cual los articularía y los haría de la misma especie en ese apartado.
¿Qué es la pluralidad, quiénes forman parte de ella y quiénes quedan fuera?:
Habíamos dicho que es posible saltar sobre la superada idea de la lucha de clases para ir por una plenitud de pluralidad y, de ahí, hacia una eficacia completa que asegure el triunfo contundente en el 2012, no para el movimiento de AMLO, sino para la nación.
Aunque parezca descabellado, creo que es posible determinar de manera concreta a cuánto asciende la pluralidad política constructiva en este país. Pero como no es el interés particular de este escrito el entrar a ese tipo de asuntos, me limitaré a decir que lo importante es determinar la norma que puede ayudar a definir qué es la pluralidad en este país. Resuelto esto, ya podemos definir quiénes forman parte de ella y quiénes no, a cuánto asciende y quiénes son los verdaderos lastres. Y no hay que darle mucho revuelo a la mente para derivar la norma. La norma la da la misma política. Volvamos a ella.
Decíamos al principio de esta serie de artículos que la política busca la mejor organización posible de la comunidad para la mayor felicidad posible de todos sus integrantes. Puesto eso como principio, y partiendo de la premisa de que comunidad es nación, la norma para definir la totalidad de la pluralidad en este país está en la nación misma como finalidad.
Y no se trata de una suerte de ejercicio que se llene en base a discursos patrioteros y nacionalistas, y mucho menos para segregar y señalar, pues sería el peor de los errores definir esto con ideas solamente. Recuerde el lector aquella máxima del excelente críitico literatio, Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canalllas”. Se trata, pues, de un balance de quienes desean una nación y quienes no la desean en base a actitudes y hechos de vida, no de discursos y sentimentalismos baratos.
 Si pasamos por la criba de la nación como finalidad a los diferentes partidos, organizaciones, figuras públicas, y a todos aquellos agentes con personalidad política, incluidos los ciudadanos comunes, terminaremos con dos grupos de entidades, una al lado de otra: un enorme montón de trigo formado por los que quieren que la nación prosiga, y al lado de él, un montoncito de paja, insectos, batracios, basura y desperdicios de toda índole, cuya única finalidad es liquidar a la nación para su provecho propio.
De esta forma, nos queda ya definida la pluralidad total en México: el enorme montón de trigo. Ese montón tiene valor y hay que ponerlo a trabajar. En cuanto al montoncito de basura, ya no juega, no sirve, no tiene valor, no produce. Respecto a él, debemos hacer lo que hace el buen agricultor: debemos aislarlo para que no contamine a lo que tiene valor. Eso, mientras pensamos en un destino final donde ya no haga más daño y se consuma a si mismo en su habitual canibalismo.
¿Es una utopía la plenitud de pluralidad como meta política?:
Algunos dirán que es un sueño aquello de proponerse como meta política el tomar a toda la pluralidad de mexicanos, el montón de trigo, para ponernos a trabajar. Dirán: “Siendo tan diversos, es imposible que estemos de acuerdo en todo”.
Bueno, lo utópico no es eso. La vida diaria nos demuestra que es posible ir de conjunto en torno a una meta general, a pesar de que cada quien tenga metas específicas diferentes. No solamente nos demuestra eso como una posibilidad, sino como una necesidad. En nuestro caso, la nación es la meta general y ya encontramos a todos los que quieren una nación para sus fines individuales. Y aquí es donde entra el trabajo del real político.
El trabajo del real político es científico. Lo dijimos en los números anteriores. Y en la praxis, su trabajo se parece mucho a una suerte de mezcla de taxonomista y relojero. Taxonomista, porque, para facilitarse la tarea, y para encontrar puntos de acuerdo entre las partes de ese montón de trigo, debe saber clasificar a éste en diferentes especies, grupos y subgrupos, según sus diferentes formas de pensar y hasta donde le sea posible. Y hecho esto, empieza a trabajar como relojero para articular a todas esas partes del todo en sus puntos de acuerdo y de interés individual, que a la postre nos da una meta general y común: la nación y su prosperidad.
¡Por supuesto que no es tarea fácil! No es una tarea hecha para muchos de esos simios que usted ve haciendo como que hacen política y con fuero. Y precisamente ahí está el drama de nuestra nación: hemos dejado la política en manos de inexpertos, ignorantes y bandidos, acicateados nosotros por la irresponsabilidad y la televisión.
Habrá otros que, al final, seguirán protestando: “Con todo y taxonomista y relojero, seguimos casi igual que antes, porque si bien es cierto que hay puntos de acuerdo, cada grano de trigo es diferente al otro, único”. Bueno, a ese nivel, estas gentes ya piden lo imposible, lo inconseguible en cualquier nivel planetario. Esta gente estaría buscando un gobierno ideal al estilo de Platón: una monarquía que gobierna para cada caso en particular. Y el mismo Platón demostró la imposibilidad de esto. Así que debemos hacer concesiones con la realidad, como lo hizo Platón, y resignarnos a la unidad en pluralidad y a la necesidad del político científico, como taxonomista y relojero. Esa es nuestra alternativa óptima.
También es indispensable que nosotros empecemos a confrontar la realidad para entender que el Estado, por más bien gobernado que esté, no va a resolvernos todos los problemas y aspiraciones individuales. Un esquema auténtico de libertades y justicia, combinado con un sistema de educación humanista y de excelencia, son suficientes para llevarnos a la cima. Pero en el estado actual de esas cosas, nuestro destino es, simplemente, el sótano. Y al baile vamos, si no despertamos y seguimos dejando la política en manos de la clase depredadora, sus partidos y Televisa.
Así que, en este terreno, utopías son la del izquierdista dogmático o la del neoliberal depredador. El izquierdista, porque ve a ese montón de trigo como escindido en dos partes y se acabó: la parte buena y la parte mala. Vulgar simplismo. Y luego pone a las partes a luchar y a pelear y el montón se le termina desbaratando y se le esfuma en las manos. El depredador es igual de utopista que el izquierdista dogmático, porque concibe a ese montón de trigo como divorciado de su fin; es decir, para el neoliberal el montón de trigo es una cosa que no sirve para otro fin que para llenar su ya de por sí abultada panza…es un caníbal, vamos.
Al final de cuentas, no hay diferencia alguna entre izquierda dogmática y neoliberalismo. Como extremos saben cerrar un círculo perfecto donde terminan unidos para depredar sobre la nación.
¿Es tarea colosal la de dividir la cosecha en trigo y basura?:
No, no es colosal. Es más, ni siquiera tenemos que ponernos a cernir la cosecha, porque esto ya lo hizo AMLO en lo esencial. Y este hombre lo ha hecho inteligentemente, sin cernir todo y de manera por demás eficiente, como buen agricultor. Simplemente operó por la vía negativa del análisis: de entre todos los mexicanos, ¿quiénes no trabajan y se dedican a depredar en gran escala a la nación?
Y una vez que AMLO removió el follaje al filo de la selva, ¡salieron los caníbales enloquecidas por todos lados! Ahí están enfebrecidos de escándalo por el atrevimiento de AMLO. Y como dice AMLO: tienen nombre y apellidos. Véalos usted mismo…Ahí están.
Es cierto que ese mundo de caníbales es más extenso de lo que parece. Hay una jerarquía de caníbales. Los hay desde los muy grandes, que forman la cabeza de la oligarquía, hasta los enanos vasallos, que a su vez tienen vasallos, y que a su vez tienen vasallos. Es una cadena de intereses semejante al vasallato medieval. Y, en su esencia, es lo mismo: un sistema de vasallato diseñado para depredar sobre los siervos, usted, yo y los demás mexicanos que sí queremos una nación.
En la óptica de la nación, ¿qué es la clase trabajadora y quiénes la forman?:
Antes de seguir, déjeme aclarar que, si hablo de “clases” y de una “oposición” entre depredadores y nación, no es sino por dificultades del lenguaje para definir este tipo de fenómenos que se observan en el país hoy en día y que no son muy ortodoxos. En ningún momento los utilizo en la tónica en que ambos conceptos están subsumidos en la retórica del izquierdismo radical. En sentido estricto, no son clases, sino dos grupos: mexicanos trabajadores que desean preservar su nación para sí y para las futuras generaciones que les han de venir, y mexicanos depredadores y vendepatrias que ya han resuelto su vida hasta por siglos hacia adelante.
No se sobresalte el lector tampoco con eso que he dicho de “vendepatrias”. Sí existen, y a raudales; no son cosa del pasado. En eso México tiene ventaja comparativa en la producción y el comercio internacional.
No hay mayor dificultad en eso de definir al trabajador. Tan simple como decir que se trata de la persona que aplica su energía laboral y su ímpetu industrioso o artesanal para procurarse de manera legítima lo necesario para su vida y la de su familia. Natural es que, una clase trabajadora, necesita de una nación como sustrato para poder desplegar su energía y su ímpetu industrioso, y de ahí que esta clase esté plenamente identificada con la necesidad de preservar una nación.
Cuente entre la clase trabajadora a los asalariados, a los servidores públicos que no entran en el vasallato, a los campesinos. Cuente también a los deportistas, artistas e intelectuales. Cuente aquí a los miserables y a los marginados que sobreviven al día y de milagro; también a los subempleados. Pero quitemos de en medio a las utopías, y cuente aquí también a los empresarios, con independencia de escala y de si lo hacen formal o informalmente; ellos también trabajan.
¿Qué es la clase depredadora y quiénes la forman?:
Hay dificultad a la hora de hablar de esta clase depredadora. No existe en la ciencia social moderna un concepto ajustado a la realidad de esta clase. Pero tiene solución el asunto. Nosotros podemos atrapar la realidad de ésta si tenemos la misma actitud crítica de los grandes genios para no tenerle demasiado respeto a los paradigmas. Y así las cosas, vayamos al pasado remoto para entenderla.
Empecemos por quitarle la máscara de empresario a la clase depredadora. Esto, porque a todas luces no cabe en la definición de empresario. No es empresario, porque simplemente no trabaja. Y no trabaja porque no produce, no genera, no transforma creativamente, no aplica ímpetu industrioso.
Si no trabaja, sí se activa como parásito o depredador. Parásito, cuando necesita vivir encaramado al cuerpo de un trabajador absorbiendo la energía de éste. Como parásito, sólo deja a su huésped lo necesario para vivir y para él poder seguir parasitando. Depredador, cuando necesita comer todo de una sola bocanada. Esta clase de gentes es muy letárgica como parásito, pero muy vivaz, activa y letal como depredadora.
¿Estamos soñando con esa descripción? Yo digo que no. Solamente dirija su mirada hacia la realidad del país, y verá la enorme consistencia de lo que decimos. Esta clase de gentes parasita en las concesiones de servicios públicos, en las reformas laborales, en los flujos monetarios de la corrupción; y depreda en la privatización de empresas públicas y de recursos nacionales. Ahí la tenemos ya como parásito y como depredador a todo lo largo y ancho del país.
Y vista así, la actividad vital de este grupo de gentes es absolutamente la misma que la actividad del patricio romano antiguo : un esclavista. Es una clase parasitaria y depredadora, vive del trabajo y de los recursos de los demás sin que ella sea necesaria en lo absoluto en el proceso. Ella se instala en el proceso por un acto de autoridad, igual que el esclavista. Y si sus víctimas mueren o desaparecen, él muere, porque no es capaz de valerse por sí misma.
También cuente entre la clase depredadora a todo el sistema tradicional de partidos del país, incluyendo a partidos enanos y satélites y al PRD Chucho. Cuente también a los empresarios de los medios de comunicación que están al servicio de esta clase ociosa. Cuente también a la alta jerarquía eclesiástica. Cuente también a la jerarquía de los sindicatos articulados al sistema tradicional de partidos.
La lucha política real:
Al final, la lucha política actual, la real, es resultado de la escena económica nacional. La política nos queda perfectamente empatada con la economía. Por un lado, el sistema tradicional de partidos perfecta y sistemáticamente subordinado a los intereses de una clase depredadora que no tiene otro interés que liquidar a la nación y, por otro lado, un movimiento de AMLO cerca y en el mismo sentido que la clase general de todos los trabajadores de la nación. Y digo “cerca”, por la brecha que se necesita sortear y de la cual ya he hablado por extenso en este y otros apuntes.
Y tómese en cuenta que esto no es un acomodo hipotético que yo mismo me esté aventurando a establecer por gusto. No; es que así lo ve la gente común de este país y así lo establece el mismo discurso y postura de los frentes políticos.
Si usted analiza el asunto general a fondo, se dará cuenta que no es un conflicto político real. Esto no es un conflicto entre mexicanos que pugnen por diferentes nociones de organización comunitaria. No, más bien es un conflicto de fondo en lo cultural entre los mexicanos de verdad y una minoría exclusiva de ociosos depredadores que mantienen credencial de mexicanos con el único propósito de liquidar la nación hasta el último metro de terreno y hasta el último peso en valor de recursos.
Cuando estos depredadores terminen su trabajo, es decir, vender todo lo vendible y que no haya nada más que expoliar, ¿qué cree usted que van a hacer? ¿Usted cree que se van a quedar a compartir con usted y con los demás las miserias de un país devastado por ellos? Ellos, los miembros de esa clase depredadora, son como un enjambre de termitas voraces que arrasan con todo a su paso. Y cuando acaban con un algo en un lugar, se pasan al lado más próximo o vulnerable. Así son.
Estoy cierto de que si usted se pone a estructurar en un papel las fuerzas que están en pugna en este país, y que si hace esto confrontando la realidad con sentido de responsabilidad y como mexicano, llegará a un resultado semejante al mío. Estoy seguro de que, si somos realistas por principio, siempre estaremos de acuerdo en esto...o al menos muy cerca de llegar a un acuerdo.

Buen día.

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